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12.4.12

Medina: Las Raíces de Karbalá [Por la ocasión del Martirio de Su Eminencia Fátima az-Zahrá (s.a.)


Sin duda ´Ashura es una tragedia como ninguna otra tragedia. Pero la realidad de esta tragedia no se limita al año 61 de la hégira. Lo terrible que le hicieron a la Casa del Profeta (La paz sea con él y su Descendencia) no fue tan solo un acto de la dinastía Omeya. La injusticia que tuvo lugar en Karbalá, fue el árbol completamente crecido de las malas semillas plantadas hace 50 años en Medina.
Jalil Sahurie

Medina: Las Raíces de Karbalá [Por la ocasión del Martirio de Su  Eminencia Fátima az-Zahrá (s.a.)]
La sagrada sangre del Imam Hussein (P), su familia y sus compañeros (que la paz sea con todos ellos) se derramó en las planicies de Karbalá el 10 de Muharram. Sus cuerpos mutilados yacían en la arena con las cabezas ensartadas en las lanzas. Las mujeres, los niños y el gravemente enfermo Imam Sayyad (P) habían sido llevados cautivos.

Sin duda ´Ashura es una tragedia como ninguna otra tragedia. Pero la realidad de esta tragedia no se limita al año 61 de la hégira. Lo terrible que le hicieron a la Casa del Profeta (La paz sea con él y su Descendencia) no fue tan solo un acto de la dinastía Omeya. La injusticia  que tuvo lugar en Karbalá, fue el árbol completamente crecido de las malas semillas plantadas hace 50 años en Medina.
 
La tragedia de Medina 
Fue justo después de que el Profeta fuese martirizado. Mientras aún estaba sin enterrar, algunas de las personas de Medina ya se apresuraban a elegir al próximo gobernante de Saqifa. Imam Ali (P) y algunos de los compañeros cercanos del Profeta se quedaron lejos de todo eso.
Los acontecimientos que pronto se desarrollaron se convirtieron en una tragedia en sí mismos. Y esta tragedia fue el camino que allanó el camino a los enemigos de Ahlul Bait (P) para cometer esos atroces actos del 10 de Muharram. 
Las mujeres…los niños…¿Y qué?
Hemos oído decir después del martirio del Imam Hussein (P) y de sus compañeros.  Que Omar ibn Sa’ad y Shimr  golpeaban a las mujeres y niños con látigos. Luego ataron a las mujeres y niños indefensos y los llevaron a la ciudad.
 
Uno se pregunta cómo puede suceder tal injusticia. Pero, cómo nos puede sorprender cuando la hija del Profeta, poco después de la muerte de su padre, fue golpeada con látigos en sus brazos hasta quedar ennegrecidos. Sus ojos se tornaron rojos. Y los pendientes de sus orejas se rompieron producto de la fuerza con la que fue golpeada? (Bayt al-Ahzan)  
Esta era la hija del Profeta, y es así como ella fue tratada en Medina. Y sucedió justo en frente de sus hijos pequeños. Los atacantes también quemaron la puerta de la casa de la Señora Fátima, la misma puerta que el Profeta golpeaba para obtener permiso para entrar.
 
En Karbalá, no había puertas, sino tiendas de campaña. Pero al igual que en Medina,  el fuego quemó la casa de la familia de Profeta. De hecho, en Medina, nos enteramos de que la misma respuesta fue dada por el hombre cuando se le advirtió sobre la casa que estaba amenazando con quemar. “¿Y Qué?” 
 
Las flechas desgarradoras 
Los mounstros que lucharon contra el Imam Hussein en Karbalá no tuvieron piedad alguna. No respetaron ni a la familia del Profeta. Sin embargo, una cosa es hacer caso omiso a la voz de la justicia y a la voz de Dios encarnado en el Imam Hussein, pero una cosa completamente distinta es en realidad atacar de hecho y asesinarlo, mientras que decían pertenecer a la misma religión. Uno podría preguntarse: ¿qué tipo de audacia es esa?  
La respuesta se encuentra en los gritos de Fátima. No mucho tiempo después del martirio de su padre, que ella fue aplastada entre la puerta y la pared de su casa. Su vientre fue atravesado por un clavo. Una costilla rota. Sufrió un aborto involuntario. Fue golpeada, herida, lesionada, y dejada sangrando por los enemigos de Dios. 
Si la hija del Profeta, fue tratada de manera cruel por ciertos compañeros hipócritas del Profeta, no es ninguna sorpresa que aquellos llamados musulmanes en Karbalá lanzaran flechas y lanzas contra el nieto del Profeta.
 
Ningún niño perdonado 
Uno de los momentos más desgarradores en Karbalá fue el martirio de Ali al-Asgar , de tan sólo seis meses de edad. Él era un bebé, cuyo único “delito” fue ser el hijo del Imam Hussein. Sin embargo, el ejército de Yazid no lo perdonò e incluso lo sacrificó. 
Uno se encuentra en estado de shock ante esta inquietante imagen. Hoy en día, las organizaciones de derechos humanos destacan la defensa de todas las personas, especialmente de niños y bebés. Incluso si el bebé está todavía en el vientre de su madre, que su derecho a la vida sea respetado.  
Pero Medina es un recuerdo de sí mismo. El ataque a Fatima az-Zahra no solamente dañó su cuerpo, sino que la llevó a un aborto involuntario. 
Esto por sí sólo muestra la crueldad de los atacantes. No sólo no tuvieron en cuenta el hecho de que ella era la hija del Profeta y una mujer, sino que además pasaron por alto el hecho de que ella estaba embarazada. A pesar de eso se le atacó igual. 
Atacar a una madre y a un bebé por nacer fue sólo el comienzo, y los Omeyas siguieron con este terrible legado de matar niños pequeños de la casa del Profeta. 
Tal vez la madre de Ali al-Asgar encontró consuelo en Muhsin (la paz sea con él), que fue martirizado, incluso antes de venir a este mundo. Sí, el feroz acto de masacrar niños inocentes no comenzó en Karbalá. Ya lo vimos hace 50 años antes en Medina. 
 Las Raíces del hecho… 
La Gente de la Casa del Profeta (Ahlul Bait -P-) sufrió una tragedia tras otra, y sus seguidores siguen siendo oprimidos hasta el día de hoy. Sin embargo, el Imam Hassan (P) resumió el punto esencial de los hechos cuando dijo: “Ningún día es como tu día, ¡Oh Aba ´Abdillah!” 
Pero a medida que se conmemora la tragedia de Karbalá, recordemos que la tragedia de Su Eminencia Fatima Az-Zahra, sentó las bases para la masacre de los Omeyas en Karbalá. Fue también el argumento de los opresores que han seguido matando y torturando a Ahlul Bait (P) y a sus seguidores hasta nuestros días.

12.1.12

Arba’in: 40 Días del Martirio del Imam Husein (p) en Karbala


Por UMMA (Unión de Mujeres Musulmanas Argentinas)
Fuente : islamicoccasions.com- Traducido por: LAILA HAKIM

El Arba’in marca un importante punto de inflexión en el movimiento de Karbala. Este día, que no es menos importante que el día de Ashura, es significativo por muchas razones - la principal es que la Sagrada Ahlul Bayt volvió a la tierra de Karbala en este día y realizó la visita a Sayyid Shuhada al-Husain (La Paz sea con él) y a la familia leal y los amigos que dieron su vida por la causa del Islam.


Arba’in significa “cuarenta” en Árabe, es una observancia religiosa shiíta que ocurre 40 días después del día de Ashura, la conmemoración del martirio por decapitación del Imam Hussein Ibn Ali (La Paz sea con él), nieto del Profeta Muhammad (La Paz sea con él y su familia purificada) que cae en el vigésimo día del segundo mes del Calendario Lunar islámico conocido como Safar. El Imam Hussein Ibn Ali (La paz sea con él) y 72 seguidores murieron en la batalla de Karbala en el año 61 DH (680 DC). Cuarenta días es la duración habitual de la época de luto en muchas culturas islámicas.



El número cuarenta es místico en la teosofía. De acuerdo a la cultura islámica si alguien practica una buena obra constantemente durante cuarenta días, sería su atributo inseparable y conducirá hacia las bendiciones que descenderán de Allah. En algunas religiones rezar por cuarenta días y cuarenta noches tiene una posición especial.



Cuando el profeta Moisés (La Paz sea con él) oró cuarenta noches; encontró la posibilidad de escuchar las palabras de Allah (SWT): “Y cuando nos dimos cita con

Moisés durante cuarenta días. Luego, cuando se fue, cogisteis el ternero, obrando impíamente". (Glorioso Corán 2:51)



Dijo el Profeta Muhammad (La Paz sea con él y su familia purificada), “Quien se dedica a Allah (SWT) durante cuarenta días, encontrará manantiales de sabiduría que brotarán de su corazón y fluirán de su lengua”.



Conmemorar los cuarenta días en obras por su familia y dando limosna es una de las tradiciones entre algunos de los Musulmanes.



El Arba’in marca un importante punto de inflexión en el movimiento de Karbala. Este día, que no es menos importante que el día de Ashura, es significativo por muchas razones - la principal es que la Sagrada Ahlul Bayt volvió a la tierra de Karbala en este día y realizó la visita a Sayyid Shuhada al-Husain (La Paz sea con él) y a la familia leal y los amigos que dieron su vida por la causa del Islam.



Aunque los historiadores difieren en cuando sucedió este evento; algunos dicen que fue en el mismo año de la matanza de Karbala, en el año 61 DH, mientras que otros dicen que fue en el año siguiente, 62 DH. Cualquiera que sea el caso, las atrocidades y las dificultades a las que la familia del Profeta Muhammad (La Paz sea con él y su familia purificada) fue puesta a través de la Corte de Yazid y la larga marcha hacia Karbala culminaron el 20 de Safar en las planicies vacías de Karbala.



De acuerdo con las tradiciones más ampliamente aceptadas, la familia del Profeta Muhammad (La Paz sea con él y su familia purificada) permaneció en cautiverio por cerca de un año en Damasco por Yazid, el califa Omeya. Después de un año cuando el gobernante de Shaam (Siria) se vio obligado a liberarlos, Bibi Zainab (La Paz sea con ella) le dijo al Imam Ali ibn al-Husain as-Sajjad (La Paz sea con él) que quería volver a Karbala para llorar la muerte de su hermano y de todos los mártires de Karbala. Lo mismo fue el deseo de las otras mujeres de esta caravana y el Imam Ali ibn al-Husain as-Sajjad (La Paz sea con él) se dirigió hacia Karbala.



La tumba del Imam Husayn Ibn Ali (La Paz sea con él) no estaba desolada como algunos podían esperar. Por el contrario, cuando los miembros de Ahlul Bayt se aproximaban a Karbala, algunas personas ya se encontraban en la tumba, marcando su martirio con lágrimas. Una persona, quien había sido un compañero del Profeta Muhammad (La Paz sea con él y su familia purificada) - Jabir ibne Abdullah al-Ansari (quien en ese momento estaba ciego) - junto con su ayudante (Atiyya bin Saad), hizo el viaje de Madina al lugar del martirio de su Imam y maestro, el Imam Husayn Ibn Ali (La Paz sea con él). Jabir ibne Abdullah al-Ansari (ra) llamó a su Imam, "testifico que tú eres el hijo del Sello de los Profetas, el hijo del Maestro de los Creyentes, el hijo del aliado inseparable de la piedad, el descendiente de la guía. Su sirviente”. Atiyya bin Saad le señaló que podía ver una caravana de personas en la distancia que se iba acercando a este lugar sagrado. A medida que se aproximaba, se dieron cuenta de que esta no era otra que la caravana del presente Imam, Ali ibn al-Husain as-Sajjad (La Paz sea con él) junto con los otros miembros de la familia y sus ayudantes!



Los historiadores tienen en cuenta este punto, en que Jabir ibne Abdullah al-Ansari (ra) y su ayudante, Atiyya bin Saad, se corren del camino para que las mujeres de Ahlul Bayt y los demás puedan mostrar su dolor en la tumba sagrada con privacidad y de acuerdo a los reportes, los jefes de los mártires fueron enterrados también en este momento - ya que antes de salir de Shaam (Siria), se les devolvió las cabezas sagradas de los mártires.



Según un dicho famoso de Imam Hasan al Askari (La Paz sea con él) - hay cinco características de un Mu'min (fiel):



Realiza cincuenta y un (51) Rakaat de oración (Salat) durante el día y la noche en 24 horas:

Fajr - 2 Wajib y 2 Nafl,

Dhuhr - 4 Wajib y 8 Nafl,

Asr - 4 Wajib y 8 Nafl,

Magrib - 3 Wajib y 4 Nafl,

Ishaa - 4 Wajib y 1 Nafl (2 Rakaat en posición de sentado se cuenta como 1 Rakaat),

Namaz-e-Shab o Tahajjud - 11 Rakaat Sunnat

Realiza el Ziarat-del-Imam Husayn (La Paz sea con él) en el día 40 de su martirio (20 de Safar) conocido como Ziyarat-Arba’in;

Usa anillo de Aqiq en la mano derecha;

Pone la frente en la tierra (preferiblemente en la tierra de Karbala, Khak-E-Shifa) en prosternación (Sajda);

y

Pronuncia "Bismillahir Rahmanir Rahim" en voz alta y clara mientras se realiza el Salat.



La ocasión del Arba’in recuerda a los fieles el núcleo del mensaje detrás del martirio de Imam Husain: establecer la justicia y luchar contra la injusticia, no importa cual sea su encarnación - un mensaje que influyó en posteriores levantamientos shiítas contra la tiranía de los gobernantes Omeyas y Abbasidas.

Estos cuarenta días son una oportunidad idónea para desarrollar el amor al Imam Husain (La Paz sea con él) y el odio a sus asesinos, en sus corazones. Cuarenta días consecutivos, de Ashura hasta Arba’in, también es una ceremonia de anuncio de aversión hacia los opresores de la historia.



Oh Husayn, la conmemoración de tu revolución desde Ashura hasta Arba’in hace que el mundo preste atención al mensaje de la resurrección. Ashura es día del martirio de los creadores de la historia y Arba’in es día de peregrinación de los hacedores de Ashura.



La filosofía del Arba’in se manifiesta, y podemos dar lecciones de martirio y prepararnos para ayudar a nuestro maestro el Imam Mahdi (La Paz sea con él) que Allah acelere su reaparición.



Como un signo de fidelidad hacia los mártires, nos han ordenado recitar el Ziyarat Arba’in en ese día.



¿Por qué se da tanta importancia a la realización de Ziyarat Arba’in y la observancia del Arba’in (40 días de luto)?



La Ziyarat, como todos sabemos es una visitación, que en esencia, es el acto de hablar con y visitar a nuestros modelos de rol. Por supuesto la manifestación física de la Ziyarat está realmente presente en Karbala para realizar la Ziyarat Arba’in, pero, en realidad, no es posible para todos los creyentes. Por lo tanto, ¿hacer Ziyarat mientras no estamos en Karbala nos brinda los mismos beneficios? Los hadices nos dicen que realizar la Ziyarat del Imam Husain (La Paz sea con él) lejos de Karbala tendría el mismo significado que estar en la tierra de Karbala, ya que la persona que realiza la Ziyarat ha comprendido verdaderamente el estado del Imam Husayn (La Paz sea con él) y busca emularle.



El Imam Muhammad al-Baqir (La Paz sea con él) cita que los cielos lloraron sobre el Imam Husayn (La Paz sea con él) por cuarenta mañanas, con amaneceres rojos y atardeceres rojos. Al completar 40 días de conmemoración de nuestro Imam, reafirmamos nuestro compromiso de obediencia y lealtad hacia él:



“Yo atestiguo que tú eres el Imam (que es) el honrado, el Piadoso, el complacido (con Allah), el puro, la guía y la razón guiada. Yo atestiguo que cumpliste la promesa de Allah y luchaste en su camino. Yo soy amigo de quien hace amistad con el...”



Al realizar la Ziyarat Arba’in, prometemos que continuaremos seguir el camino de la justicia y la rectitud y rechazaremos la injusticia y hablaremos contra los opresores de la época; Soy un enemigo de quien es su enemigo...



En esencia, hacemos la promesa de continuar moldeando nuestras vidas de acuerdo a las enseñanzas del Imam Husain (La Paz sea con él). Pero ¿por qué llorar y recordar al Imam Husain (La Paz sea con él) por un período de cuarenta días y proseguir?



Nuestro profeta Muhammad (La Paz sea con él y su familia purificada) ha dicho, la tierra llora la muerte de un creyente durante cuarenta mañanas. Por lo tanto, parece que el difunto debe ser recordado y lamentado durante un período de cuarenta días. Realizar un acto por un período continuo de cuarenta días también se conoce como ayudar a formar no sólo un hábito, sino también a llevarlo a la práctica para el resto de su vida.



Si nos fijamos en los estudios que se ocupan de traer un cambio de estilo de vida, notamos que el período de tiempo que hace hincapié en lograr un cambio suele ser 6 semanas que es aproximadamente el mismo período de tiempo como 40 días (para ser exactos es 42 días).



En el libro 40 días para la Revolución Personal: Un Programa de Avance Radical para Cambiar tu Cuerpo y Despertar lo Sagrado dentro de tu Alma, el autor Baron Baptiste explica el significado de los cuarenta días:



¿Por qué cuarenta días? Porque el número 40 tiene un enorme significado espiritual en el ámbito de la transformación. Jesús vagó en el desierto durante cuarenta días para experimentar la purificación y llegar a un mayor conocimiento de sí mismo y su misión. Moisés y su pueblo viajaron por el desierto durante cuarenta años antes de llegar a su casa en Tierra Santa. Noe conserva el carácter sagrado de la vida navegando en su arca durante cuarenta días y cuarenta noches. De acuerdo con la Cábala, el antiguo texto místico judío, tarda cuarenta días en imbricar cualquier nueva forma de ser en nuestro sistema...



Es muy recomendable recitar Duas particulares durante un período de 40 días en nuestras prácticas. La unidad de 40 (cuarenta) se dice que es muy eficaz. Si un Dua en particular se recita 40 veces, 40 personas se reúnen para recitarlo o se recita durante 40 días incrementa altamente su eficacia.



Se ha reportado del Imam Jaffar Sadiq (La Paz sea con él) que quien recita Dua-E-Ahad durante cuarenta días, después de las oraciones de la mañana estará entre los ayudantes del 12° Imam Mahdi (La Paz sea con él). Visitar el Santuario del Imam Husain (La Paz sea con él) así como el Masjid-E-Sahla por 40 jueves consecutivos es también muy recomendado y es uno de los actos que promete una visita del 12° Imam Mahdi (La Paz sea con él).



Por lo tanto, mientras realizamos el Ziyarat Arba’in y conmemoramos el Arba’in, los 40 días de luto del Imam Husain (La Paz sea con él), esperamos y oramos que estos cuarenta días de recuerdo del Imam Husayn (La Paz sea con él), traiga consigo una transformación en nosotros por la que podamos seguir el camino del Imam Husain (La Paz sea con él) y llevar su mensaje de defensa de la justicia con verdadera fe y un fuerte sentido de sacrificio!

4.12.11

La Tragedia de Karbalâ' - Día 9



Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.


Día 9: La Tragedia de Abûl Fadl Al-‘Abbâs,

el Abrevador de los labios sedientos




abûl Fadl al-‘Abbâs, era un joven apuesto y de estatura alta y elegante, por cuya gran belleza era llamado Qamar Banî Hâshim (“Luna de los hashemíes”). Era tan alto que al montar a caballo sus pies rozaban el suelo. A causa de la valentía y gallardía sin igual que poseía, era el portaestandarte del Imam Al-Husain (a.s.). Cuando el Imam (a.s.) preparaba para la guerra a sus escasas fuerzas, le confió el estandarte. La raíz de la valentía y bravura de Al-‘Abbâs, con él sea la paz, estaba en sus padres y abuelos; su padre fue el héroe excepcional del Islam “el León triunfante de Dios”, ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.), y por parte de madre se vinculaba a los Banî Kilâb, quienes eran los más valientes de los árabes.

Las fuentes históricas acreditadas mencionan que poco antes de alcanzar el martirio, Fâtima az-Zahrâ’ (a.s.) le había encomendado a Amîr al-Mu’minîn (a.s.) que se casara nuevamente después de que ella falleciera.
Luego de que Hadrat Fâtimah (a.s.) alcanzara el martirio y ‘Alî atravesara por los amargos sucesos que tras ello tuvieron lugar, le pidió a su hermano ‘Aquîl, quien conocía las genealogías y las características de los clanes de la Península Árabe, y asimismo conocía muy bien las noticias e historia de los árabes, que eligiera para él una mujer nacida en el seno de una gran y valiente familia, de manera que pudiera darle un hijo bravo y guerrero.
‘Aquîl eligió para él a Fâtima bint Hizâm ibn Jâlid del clan de los Banî Kilâb, y le dijo: “Entre los árabes no existe nadie más valiente y combativo que sus padres”. Amîr al-Mu’minîn pidió a su padre la mano de su hija y se casó con ella. Fâtimah le dio cuatro bravos hijos llamados: Al-‘Abbâs, ‘Abdul·lâh, Ÿa‘far y ‘Uzmân. Es por ello que ella pasó a ser conocida como “Umm Al-Banîn” (“La madre de los hijos”).
Tal vez en ese tiempo nadie sabía el porqué de esa decisión, pero cuando en Karbalâ’, Al-Husain (a.s.) se quedó sin auxiliar ni compañero, y esos valientes hermanos -especialmente el portaestandarte de Karbalâ’, Abûl Fadl Al-‘Abbâs, con él sea la paz- uno por uno sacrificaron con denuedo sus vidas, quedó de manifiesto la prodigiosa previsión de ‘Alî (a.s.).
El día noveno de Muharram, Shimr ibn Dhîl Ÿaushan fue comisionado por ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd para que, en caso de que los comandantes del ejército desobedecieran las órdenes de atacar las tiendas de Al-Husain (a.s.), él mismo asumiera la comandancia y atacara al Imam (a.s.). Éste era del mismo clan que Umm Al-Banîn y lo vinculaba un lejano parentesco a Al-‘Abbâs y sus hermanos, por lo que tomó de ‘Ubaidul·lâh una carta de salvoconducto para, según conjeturaba, poder separarlos de Al-Husain (a.s.) y, en tanto debilitaba su posición, ¡salvar a sus parientes!
En las últimas horas del día noveno de Muharram, Shimr llegó a las cercanías de las tiendas del Imam (a.s.) y gritó: “¿A dónde están mis sobrinos?”. Al-‘Abbâs, ‘Abdul·lâh, Ÿa‘far y ‘Uzmân salieron y le dijeron: “¿Qué es lo que buscas?”. Shimr les dijo: “¡Os he traído un salvoconducto! ¡Estáis a salvo!”. Los cuatro jóvenes le respondieron: “¡La maldición sea sobre ti y sobre tu salvoconducto! ¿Acaso nosotros estaremos a salvo sin que lo esté el hijo del Mensajero de Dios?”. Y Al-‘Abbâs le gritó: “¡Que tu mano sea cortada! ¡Qué pésimo salvoconducto has traído! ¡Oh enemigo de Dios! ¿Acaso pretendes que abandonemos a nuestro hermano y señor, Al-Husain, el hijo de Fátima, y nos pongamos a las órdenes de los malditos e hijos de los malditos?”. Shimr se encolerizó y volvió al ejército de los enemigos.

La tarde de ‘Ashûrâ’…

Todos los compañeros y familia del Imam (a.s.) ya habían sido martirizados y solo quedaban Al-Husain y Al-‘Abbâs -con ambos sea la paz-. Al ver la soledad de su hermano, Al-‘Abbâs se le acercó y le dijo: “¡Hermano! ¿Acaso me das permiso para dirigirme al ÿihâd?”. El Imam lloró fuertemente y dijo: “¡Hermano! Tú eres mi portaestandarte, y si tú ya no estás la caravana se disgregará”. Al-‘Abbâs le respondió: “Siento una presión en mi pecho y ya no me importa la vida. ¡Quiero tomar venganza de estos hipócritas!”. El Imam (a.s.) le dijo: “Entonces ve a traer un poco de agua para los niños”. Al-‘Abbâs fue hacia el ejército enemigo y les aconsejó y advirtió de sus acciones, pero ello no causó efecto en sus corazones de piedra, por lo que regresó a las tiendas y le informó de lo sucedido a su hermano. En ese mismo momento, escuchó el llanto desgarrador de los niños que por la sed gritaban: “Al-‘atash, al-‘atash” (“¡(Tenemos) sed! ¡(Tenemos) sed!”). Al observar tal situación montó su caballo, cogió una lanza y un odre y se dirigió hacia el Éufrates mientras recitaba los siguientes versos:
No temo a la muerte cuando ésta clama
Hasta verme sumido bajo el embate de los audaces.
¡Sacrifico mi alma en salvaguarda
de la pura alma del Profeta elegido!
Por cierto que soy Al-‘Abbâs y me dispongo a abrevar
Y no temo al mal del día del enfrentamiento.



Cuatro mil hombres le rodearon y le lanzaron flechas para impedirle llegar hasta el agua, pero el bravo de los hashemíes logró llegar hasta el río. Después de varias horas de estar sediento y soportar el combate, la sed se había apoderado de todo su ser. El agua corría bajo las patas del caballo invitando a Al-‘Abbâs a beber. Llenó las palmas de sus manos con agua y las acercó a su boca para beber, pero recordó la sed de Al-Husain (a.s.) y de su familia, por lo que vertió el agua de sus manos y llenó el odre; se lo colocó en su hombro derecho y fustigó su cabalgadura en dirección a las tiendas.
Para que ni siquiera esos cuantos sorbos de agua llegaran al paladar de los niños del Mensajero de Dios (s.a.w.), el ejército enemigo le cerró el camino atacándole desde todas direcciones. Al-‘Abbâs les combatió hasta que uno de los soldados le cortó la mano derecha con la espada.
Al-‘Abbâs resistió y colgó el odre en su hombro izquierdo y a su vez tomó la espada con la mano izquierda y siguió su camino en medio del enemigo, hasta que de repente, un filo golpeó su mano izquierda y también la cortó.

Al-‘Abbâs no se desesperanzó y tomó el odre con sus dientes para hacerlo llegar a las tiendas, pero otra flecha rajó el odre y el agua se derramó en la ardiente tierra de Karbalâ’. Aquí fue cuando Al-‘Abbâs perdió toda esperanza.

Inmediatamente, una flecha le penetró el pecho y le arrojó del caballo, terminando la tarea y dejando a Al-Husain (a.s.) sin su portaestandarte.
Finalmente, uno de los soldados del ejército enemigo atacó el cuerpo malherido de Al-‘Abbâs con una barra de hierro, partiéndole el cráneo. La cabeza de Al-‘Abbâs –así como sucedió con la de su padre ‘Alî, con él sea la paz- se partió. Al-‘Abbâs cayó al suelo mientras clamaba: “¡Oh Abâ ‘Abdil·lâh (Al-Husain)! ¡Oh hermano! ¡Que la paz sea contigo!”.
El Imam (a.s.) llegó hasta donde se encontraba el cuerpo sin manos de su hermano, y al verle martirizado exclamó: “¡Ahora se ha quebrado mi espalda y se me han terminado los recursos!”…
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?»…
«Y pronto sabrán aquéllos que tiranizaron a qué destino se dirigen».

26.11.11

Día 1: La Tragedia de Muslim ibn ‘Aquîl

Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.

Día 1: La Tragedia de Muslim ibn ‘Aquîl

Muslim, el hijo de ‘Aquîl ibn Abî Tâlib, fue una de las grandes personalidades de los hashemíes y primo de Abâ ‘Abdil·lâh Al-Husain. El Imam Al-Husain -con él sea la paz- había salido de la ciudad de Medina y se encontraba en La Meca cuando recibió una gran cantidad de cartas e invitaciones que le enviaba la gente de Kufa.
Cuando llegaron las últimas cartas, que en total sumaban miles, el Imam se encontraba entre el Pilar de la Ka‘bah -o ángulo en que se encuentra la Piedra Negra- y el Sitial de Abraham. Al-Husain (a.s.) rezó dos ciclos de oración y rogó a Dios por que aconteciera lo bueno. Luego requirió la presencia de Muslim y escribió una respuesta a esas cartas, en la que expresaba:
Vosotros decís: “No tenemos Imam. ¡Ven a nosotros, de manera que Dios, por tu intermedio, nos guíe y una!”. Envío a vosotros a Muslim ibn ‘Aquîl, mi hermano y primo, quien es de mi entera confianza. Así pues, si es que él me escribe que la opinión de los lúcidos y la gente de la virtud y la consulta de entre vosotros es esa misma que he leído en vuestras cartas, entonces me dirigiré hacia vosotros.
Muslim partió de La Meca a mediados del mes de Ramadán y llegó a Medina, donde rezó en la Mezquita del Profeta (s.a.w.) y se despidió de su familia. Tras ello se dirigió a Kufa junto a unos cuantos guías y acompañantes. Las condiciones del viaje eran muy duras, al punto que Muslim y sus acompañantes perdieron el rumbo y dos de los guías perecieron por la sed. Finalmente Muslim llegó a Kufa el día 5 de Shauwâl.
Las gentes de Kufa se congregaron en grupos a su alrededor y lloraron cuando les leyó la carta del Imam. A continuación, dieciocho mil personas de Kufa dieron la bai‘ah o juramento de fidelidad a Muslim. En consecuencia, él escribió una misiva al Imam (a.s.) donde le informaba de la bai‘ah de esa cantidad de personas y le incentivaba a movilizarse en dirección a Kufa.
Cuando la noticia de este juramento llegó a oídos de Iazîd ibn Mu‘âwîiah, éste comisionó a ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd, el gobernador de Basora, para que asumiera también la gobernación de Kufa. ‘Ubaidul·lâh ingresó a Kufa con una treta y asumió el gobierno, amedrentando a la gente. Luego procedió a torturar y encarcelar a Hâni ibn ‘Urwah, quien se contaba entre las grandes personalidades de Kufa y había dado cobijo a Muslim ibn ‘Aquîl en su casa.
Cuando Muslim escuchó la noticia de que Hânî había sido torturado requirió a la gente que le auxiliaran. La gente se unió a él, y la mezquita, el mercado y los alrededores del palacio de la gobernación se llenó de gente, en tanto que los compañeros de ‘Ubaidul·lâh no eran más de cincuenta personas.
‘Ubaidul·lâh envió a unas cuantas personas a los diferentes clanes de Kufa para amenazarles y sobornarles, y ordenó a algunos ilustres que se encontraban en su palacio, que amedrentaran y disuadieran desde los tejados de la gobernación a la gente que sitiaba el palacio.
Cuando la gente de Kufa escuchó las palabras de sus caudillos y personas ilustres se desanimaron y poco a poco los susurros seductores se incrementaron de manera que cada uno decía a otro: “¡Volvamos! Están los demás y son suficientes”.
Paulatinamente, la multitud a favor de Muslim se dispersó y tan solo unas treinta personas permanecieron en la mezquita para asistirle.
Cuando Muslim se enfrentó a esta deslealtad, se dirigió con esas treinta personas a la zona de Abuâb Kandah. Cuando llegó allí tan solo quedaban con él diez personas, ¡y al atravesar ese lugar ya no quedaba nadie con él!
Muslim observaba solitario a uno y otro lado pero no había nadie que le guiara o que siquiera le ocultara en su casa. El enviado de Al-Husain (a.s.) caminaba desorientado por los callejones oscuros de Kufa sin saber adonde ir, hasta que llegó a una casa en la que una anciana se encontraba parada en la puerta. El nombre de esta mujer era Tau‘ah y estaba esperando a su hijo que había salido de su casa para ir con la gente. Muslim saludó a la mujer y le pidió agua.


Tau‘ah le dio agua y entró a su casa. Al volver a salir vio que Muslim seguía sentado frente a la puerta de su casa y le dijo: “¡Oh siervo de Dios! Si ya tomaste agua vuelve a tu casa”. Muslim permaneció en silencio y la mujer repitió eso dos o tres veces. Muslim se puso de pié y le dijo: “No tengo casa ni familia en esta ciudad. Soy Muslim ibn ‘Aquîl. Esta gente me mintió, me engañó y me retiró el amparo”.
La mujer hizo ingresar a Muslim a su casa, extendió una alfombra y dispuso comida para él, pero Muslim no cenó y se durmió. En sueños vio a su tío Amîr al-Mu’minîn ‘Alî (a.s.) que le decía: “¡Apresúrate, que mañana estarás con nosotros!”.
Por otra parte, cuando ‘Ubaidul·lâh vio que la gente se dispersaba, se envalentonó y salió del palacio. Fue a la mezquita y dispuso una recompensa de mil dinares para quien encontrase a Muslim.
Cuando el hijo de Tau‘ah volvió a su casa se enteró de la presencia de Muslim, y al salir el sol informó de ello a los enemigos. ‘Ubaidul·lâh envió a un grupo compuesto por decenas de soldados para apresarle.
Muslim se encontraba ocupado en la adoración cuando los soldados llegaron a la casa de Tau‘ah. Cuando escuchó el relincho de los caballos finalizó rápidamente su súplica, vistió su armadura y agradeció a Tau‘ah, y se dirigió a enfrentar a los soldados por temor a que el enemigo destruyera o quemara la casa de la anciana.
Muslim, que era un guerrero, mató a más de cuarenta de los traicioneros de Kufa, pero luego éstos le atacaron en grupo a la vez que le arrojaban rocas desde los tejados. Finalmente, a causa de la severidad de las heridas, la sed y por una lanza que le atravesó por la espalda, cayó y fue hecho prisionero.
(Algunas fuentes agregan que cuando vieron que no podían apresarlo, le engañaron prometiéndole salvoconducto y fue así que consiguieron llevarlo a la gobernación).
Cuando Muslim ibn ‘Aquîl fue capturado, dijo: “Por cierto que somos de Dios y a Él retornaremos”, y comenzó a llorar. Uno de los soldados se sorprendió por el hecho de que llorara siendo él tan valiente, y le preguntó por qué lo hacía. Muslim dijo: “¡Juro por Dios que no tengo miedo de morir y que no lloro por mí! sino que lloro por la familia del Profeta que se dirige hacia aquí y por Al-Husain y su familia”.
Por orden de ‘Ubaidul·lâh llevaron a Muslim al tejado del palacio de la gobernación en tanto que él glorificaba a Dios y requería Su perdón. Entonces lo decapitaron y luego arrojaron desde el tejado primero su cabeza y después su cuerpo, para que todos lo vieran. Finalmente colgaron su bendito cuerpo para dejarle expuesto a las miradas de aquéllos que quebrantaron su pacto.
También llevaron al mercado de Kufa a Hânî, que era un anciano de 89 años, y le mataron de una manera lamentable, colgándolo, mientras éste llamaba a sus compañeros, pero nadie hizo nada por auxiliarle.
Posteriormente, Ibn Ziâd envió las cabezas de Hânî y de Muslim a Siria ante Iazîd. El cuerpo de Muslim ibn ‘Aquîl fue el primer cuerpo de entre los hashemíes que fue colgado, y su cabeza la primera que fue enviada a Damasco.
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?».
«Y pronto sabrán aquellos que tiranizaron a qué destino se dirigen».

fuente:ICCI AL GADIR