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25.7.12

“Reforma Espiritual en Ramadán”


Jalil Sahurie

 “Reforma Espiritual en Ramadán”  | I Parte
El desarrollo de la conciencia de Dios
Con el tiempo nos hemos convertido en más y más inmunes a la inhumanidad. Nos estamos volviendo indiferentes a la injusticia, la corrupción y al comportamiento poco fraterno. Miles de nuestros hermanos y hermanas inocentes están muriendo en distintas partes del mundo debido a la injusticia o a la opresión. La corrupción es la raíz del sufrimiento para muchas personas que nos rodean. El terrorismo está oprimiendo y sembrando el terror entre la especie humana. Estos son algunos de los peores sucesos de todo el mundo.
Pero lo que vemos en nuestras pequeñas comunidades no es mejor. Somos testigos de una conducta destructiva que está destruyendo la fraternidad.
Hermanos se encuentran murmurando acerca de otros hermanos. Las hermanas están tomando juramento de silencio frente a otras hermanas. Estamos luchando entre nosotros mismos y destruyendo nuestra unidad por razones mundanas y sin sentido. ¿Por qué? ¿Qué pasa con la humanidad?
¿Esto es porque la mente humana está perdiendo su lado espiritual? ¿Estamos perdiendo el contacto con la conexión que tenemos con el Todopoderoso?
¿Estamos con vistas a las enseñanzas de nuestro Profeta y su Inmaculada Progenie (La paz sea con todos ellos)? En tiempos donde el materialismo y la injusticia son innegables, estamos perdiendo la sabiduría de nuestra religión.
Estamos en una grave necesidad de auto-reflexión y de reforma espiritual. ¿Y cuando mejor para empezar que el mes sagrado de Ramadán?
El mes de Ramadán ofrece una gran oportunidad para que nosotros nos reformemos y perfeccionemos nuestra espiritualidad. Ramadán es el noveno mes del calendario islámico, y para millones de musulmanes, es un período sagrado dedicado al ayuno, la oración intensiva, el sacrificio, la adoración, la súplica, el arrepentimiento, la autopurificación, y los logros espirituales. Cada año, los musulmanes rediseñan su vida para centrarse en los objetivos de Ramadán: "Una completa sensibilización del cuerpo en relación a Dios y un agradecimiento humilde por las bendiciones que nos ha concedido". Donde hay conciencia de Dios, allí hay espiritualidad. Una vez que se alcanza la espiritualidad, estamos obligados a alcanzar la auto-justicia, la cual es la clave del éxito en este mundo y en el más allá.
Ahora, la pregunta es: ¿cómo podemos alcanzar la espiritualidad a través del mes de Ramadán? ¿Qué hace exactamente nos enseña Ramadán? ¿El ayuno es sólo una de esas cosas que hemos visto que nuestros ancianos hacen y lo seguimos por costumbre? ¿Es todo acerca de hacernos pasar hambre a nosotros mismos para perder un poco de peso y poder así mostrar nuestras ropas nuevas para el Eid?
El Ramadán es mucho más que no comer y beber. Si bien el ayuno nos exige a nosotros mismos abstenernos de muchas de las cosas que son permisibles para nosotros en todo momento, tales como comer y beber. Restringiendonos durante la mayor parte del día, nos enseña la disciplina y la capacidad de hacer cualquier cosa si ponemos nuestras mentes en la misma. Esto nos ayuda a luchar cuando se trata de controlar nuestros deseos y ser estrictos con nosotros mismos. Para un hombre estar en la presencia de su bella esposa, dentro de la intimidad de su hogar, y en un ambiente muy romántico, y aún así controlar su deseo permitido sólo por la obediencia de Dios hace maravillas para su auto-disciplina, auto-control, y el auto-sacrificio. Aumenta la capacidad de controlar nuestro nafs cuando sea necesario. Nos movemos un paso más cerca de ganar la conciencia de Dios.




 “Reforma Espiritual en Ramadán” | II Parte
El comienzo del éxito viene de la fe y su conclusión proviene de la conciencia de Dios. El Sagrado Corán ha animado a los creyentes para desarrollar la conciencia de Dios, ya que sin ella, la fe no tiene sentido. Dios ha dicho: "¡Oh Vosotros que creéis! Se os ha ordenado que ayunéis, de la misma manera que fue ordenado  a quienes os precedieron. Quizás así seáis temerosos de Dios. [Corán; 2:183]".
El ayuno nos hace consciente de Dios, y al limitar la libertad a nosotros mismos, mientras que en el estado de ayuno por placer de Dios, sentimos el deseo de obedecer Allah intensamente y acercarnos hacia su amor.
El Profeta Muhammad (Bpd) ha dicho: "El mes sagrado ha venido a ti. Dios ha abierto las puertas del paraíso y cerró las puertas del fuego del infierno y los demonios han sido encadenados. Hay una noche [durante este mes], que es mejor que mil meses. Quien estuviera privada de su bien estará muy privado [de algo grande]".
Nuestras almas se van a través de un viaje espiritual a través de los 30 días de Ramadán. Como seres humanos, es fácil para nosotros caer en hábitos. Ramadán nos lleva hacia los hábitos que pueden ser comprendidos. Nos enseña la disciplina en materia de hábitos de alimentación, manejo de tiempo, las relaciones con familiares y amigos, y a abstenernos de malas acciones.
Por estos días, la mayoría de nosotros nos encontramos comiendo en exceso sólo por comer. Restringiendonos de alimentos, con tiempos estrictos para consumirlos, y las consecuencias de comer mientras en el estado de ayuno demuestra la importancia de comer bien. Poniendonos a nosotros mismos en estos hábitos alimenticios a menudo nos deja pensando dos veces antes de comer en el Eid, solo por el temor de romper accidentalmente nuestros ayunos. Esta es la preocupación y conciencia que se recomienda en el Islam, aún cuando se consumen los alimentos.
La gestión del tiempo también es otra de esas cosas con la que muchos de nosotros luchamos. La oración ha establecido los tiempos en que necesitan ser ofrecidas. Sin embargo, el ofrecimiento de la oración es flexible, ya que hay un lapso de muchas horas en las que se pueden ofrecer, mientras que, por ejemplo, el comienzo de un ayuno no puede ser movido hacia adelante. Si uno está haciendo algo que está prohibido un segundo después del inicio de un ayuno, el ayuno queda invalidado al instante. Esto nos enseña la importancia del tiempo y de la gestión del tiempo. Adicionalmente, nosotros oscilamos las oraciones congregacionales hasta una vez al año, si nos vemos obligados por nuestros padres, y nosotros nos reunimos de vez en cuando en la boda de alguna persona al azar. Sin embargo, los actos especiales de Ramadán y el concepto del Iftar le brinda a la comunidad unidad y hermandad que son unos de los valores humanos superiores y a la vez fotalece las relaciones entre sus miembros. Esta es la forma en la que tenemos que regular nuestras almas paras sobrevivir espiritualmente en este mundo.
Este mes sagrado está dedicado a la purificación del cuerpo y mente. Hay muchos otros beneficios del ayuno, así, en este mundo y en el más allá. El placer de Dios es, obviamente, el más grande. El perdón de los pecados es también otro de los beneficios que obtenemos del ayuno. El Profeta (Bpd) ha dicho: "Quien ayuna el mes de Ramadán, obedeciendo todas sus limitaciones y cuidandose así mismo en contra de lo que está prohibido, ha hecho expiación por los pecados cometidos antes de él".
También hay muchos beneficios de salud producto del ayuno. Mientras ayunamos, nuestro sistema digestivo está en reposo y le da tiempo para reparar órganos y rejuvenecerse antes de que nos bombardeen con un montón de comida para digerir sin tiempo suficiente para conseguir su trabajo hecho. Esto permite un mejor funcionamiento de los sistemas y evita muchas enfermedades. Esto permite un mejor funcionamiento de los sistemas y evita muchas enfermedades. Del mismo modo, nosotros ingerimos algunos subproductos tóxicos cuando consumimos nuestros alimentos, que suelen ser atendidos por el hígado en el proceso de desintoxicación. En Ramadán, el hígado tiene un tiempo adecuado para llevar a cabo el proceso de desintoxicación sin tener que lanzarle más y más comida contra él continuamente. Aparte de esto, el ayuno también mejora la agudeza mental y la resistencia física y mental, ya que el cuerpo se capacita para sobrevivir sin la gratificación instantánea y continua proporcionada por los alimentos y bebidas.
El Ramadán es una oportunidad para que abandonemos nuestros hábitos normales y tratar de llegar a un mayor grado de moderación y de espiritualidad con el fin de acercarnos más a Dios y alejarnos de la negatividad del mundo. Debemos reflexionar y contemplar nuestras vidas con el fin de ver este mundo y el propósito de nuestra existencia con una visión de penetración más clara. Hay que recordar que para mantener lo que hemos luchado para alcanzar durante el mes sagrado de Ramadán, que es la capacidad de moderar, la disciplina, y la práctica del auto-control. Hábitos como la Oración de la Noche, la recitación del Sagrado Corán, el arrepentimiento, la súplica, y reunirse con otros para las comidas deben mantenerse incluso después de Ramadán. Si somos capaces de lograr esto, entonces realmente nos hemos beneficiado del Mes Sagrado y son unos cuantos pasos más para ganar la conciencia de Dios.

fuente:abna.ir

16.5.12

“El Esplendor Silente del Sheij Bahyat ”


LIMA, Perú. (ABNA) — La partida del último wali, considerado el signo de la verdad y pilar del gnosticismo imamí.
Yibril ibn Mekkah

“El Esplendor Silente del Sheij Bahyat ”
         El gran signo de Al-lâh, Hajj Sheij Muhammad Taqi al-Bahyat Fumani, nació en 1915 en Fuman al norte de Irán y falleció en el 2009 en la ciudad de Qom. Su tumba yace en el interior del Santuario de Fatimah Masumeh (as). Siendo su partida el cierre último de la cadena gnóstica y tradicional del Shiísmo  duodecimano.

       Desde muy joven se empeña en estudiar religión y realiza sus estudios introductorios al árabe, lengua litúrgica por excelencia del Islam. Viaja a Iraq a la edad de 14 años y visita por primera vez la tierra mártir y sagrada de Karbala, a los 18 años de su edad se traslada a la famosa madrasah de Nayaf en donde tuvo la oportunidad de estudiar con los mejores profesores y sabios del mundo shiíta. Estudió usul al-din (principios de la religión) con los sabios religiosos Sheij Abul Hasan Isfahani, Sheij Mirza Na’ini y el Sheij Muhammad Hasan Gharawi Kumpani.

 También dedicó estudios en fiqh (legislación y derecho islámico) con el sabio jurisprudente Sheij Mirza Muhammad Taqi Shirazi. Y asimiló la filosofía aviceniana conjuntamente con la tesís filosófica de Molla Sadra con el Seyyed Hasan Badkubeyi.

       Al mismo tiempo que asistía a los niveles intermedios y superiores de los estudios religiosos fue muy indagador en su  busqueda de instrucción espiritual y encontró en los maestros al Sheij Muhammad Hasan Isfahani y al Seyyed Abdul Ghaffari la senda del conocimiento gnóstico. Sin embargo, es en esta ciudad iraqi de Nayaf en donde encontrará al gran maestro espiritual de todos los tiempos el Seyyed Mirza Ali Qadi, considerado como el Ghawth y afamado como uno de los polos temporales de la gran cadena gnóstica del Shiísmo imamí, con quien permanecerá ligado por muchos años aprendiendo y recibiendo las instrucciones especificas de los secretos mistéricos de la senda gnóstica. A sus 30 años de su edad, el Sheij Bahyat vuelve a Irán y se establece definitivamente en la ciudad de Qom, continuando sus estudios  como alumno especial del Sheij Buruyerdi. El rango espiritual del Sheij Bahyat fue muy elevado en este camino, en donde atravesó muchas de las estaciones místicas logrando la proximidad con el Amado Eterno.

       Desde su juventud el Sheij Bahyat se ocupó constantemente de la purificación interior de su alma y de su autoconocimiento que en sus instrucciones éticas insistía siempre a sus alumnos que uno debe esforzarse al máximo en este camino y renunciar al mundo y a sus apetencias abandonando sus banalidades a fin de progresar en la lucha contra las demandas interminables de nuestro ego. Como un gran combatiente, el Sheij Bahyat demostró casi siempre que este esfuerzo continuo desarrolla la fortaleza moral interna del hombre que puede lograr la victoria sobre la inmoralidad en una guerra santa suprema contra los propios deseos e inclinaciones mundanas de lo éguico. Por ello dicen los awliya (amigos y amados de Al-lâh) “A quienes tienen apego a este mundo les está vedado el otro mundo; a los del otro mundo les está vedado éste. Al wali, ambos mundos le están vedados”.

       El Sheij Bahyat pasaba las noches en Nayaf en completa soledad como un perfecto asceta, profundamente dedicado al desvelamiento y a la contemplación divina. Nunca desperdició ni un minuto de su tiempo, nunca participó de reuniones frívolas y vanas y nunca interfirió en las actividades de los demás. Fue muy reservado y no le gustó revelar nada de sí mismo del carisma y la bendición de Al-lâh que le había concedido en esas noches de Nayaf. Sin ninguna duda, los amigos y amados de Al-lâh siempre contemplarán la realidad de aquel mundo, obteniendo la fuerza espiritual necesaria que el resto de la gente no puede ver por estar sometidos y absorbidos por la materialidad y la concupiscencia de este mundo oscuro.

       Los awliya dicen que el hombre debe alcanzar la perfección, para poder contemplar a la perfección absoluta en su totalidad, a traves de su visión interior, capaz de percibir lo universal. Por ello estos walis transitarán a menudo las cimas lumínicas en la cercanía de lo Providencial.

       El Seyyed Allameh Muhammad Hussein Tehrani en su libro Anwar al-Malakut (el óceano de los ángeles) escribe una anécdota al respecto: El Sheij Abbas Quchani, sucesor espiritual del gran maestro místico Seyyed Mirza Ali Qadi (Que Al-lâh todopoderoso este complacido con ellos) dijo que mientras estaba en Nayaf veía como el Sheij Bahyat iba a menudo a la mezquita Sahlah y pasaba las noches dedicado al dikhr (mención de Al-lâh) como atracción y contemplación a lo divino. Una de esas noches, las luces de la mezquita no se activaron por motivos ajenos, el Sheij Bahyat necesitaba salir para renovar sus abluciones, salió y se dirigió hacia el lugar del cuarto de la ablución al este de la mezquita. De pronto en medio de la oscuridad mientras caminaba aparece de la nada una luz sobre él, iluminándole claramente el camino. Después de sus abluciones el Sheij Bahyat se dirigió nuevamente a la mezquita y esta centella lumínica que le acompañaba en el camino, se fue difuminando poco a poco.

       El Sheij Bahyat fue un wali de nuestro tiempo, fue un amante de la verdad última del hombre, fue un nato seguidor y cultivador de la esencia pura de la gnosis. Vivió una vida simple y sencilla, sometido a la carestía de lo mundano, comprendiendo que la verdad de su existencia es la pobreza espiritual.

Parafraseando un dicho del Profeta Muhammad (saws) que dijo: “La pobreza es mi honor, he sido honrado sobre los demás profetas con pobreza espiritual”.
       Su casa fue antigua y austera que estaba cerca a la mezquita Fatimiyyah al final del bazar iraqi de Guzar Jan en Qom, en donde los últimos años de su vida dirigió allí las plegarias del mediodía, y en donde muchos maestros y discípulos venían a rezar detrás de él, describiendo esta experiencia religiosa como única y edificante. Cuando el Sheij Bahyat iniciaba la oración del mediodía, las lágrimas brotaban y recorrían sus mejillas que con frecuencia hacia pausas para controlar su llanto porque su voz se situaba entre la emoción y el temor en presencia del Altísimo Amado. La devoción atraía su corazón hacia el Amado Eterno y la realidad de su devoción era la constancia en mantener su atención fija en el Señor de los mundos.

       Una de sus máximas era que si los gobernantes y reyes de este mundo supieran del disfrute espiritual que se experimenta en la oración, jamás irían tras el mundo y sus deleites. Un aforismo místico nos dice: “Si el Altísimo nos ha dado la vida y la existencia mediante su Ser, tambien yo le doy la vida conociéndole en mi corazón”. Esta idea se fundamenta y se impone casi siempre en el místico como un servicio divino que consiste en alimentar su propio ser con toda la creación a su Señor de amor. La oración es la forma más elevada del acto culminante de toda teofanía. Así, la función de la oración es compartida entre Al-lâh y el hombre, por cuanto la creación como teofanía es compartida por aquel que se muestra y aquel a quien se muestra de este modo, la oración es un momento, una recurrencia por excelencia de la creación.

       El Sheij Bahyat decía que nuestras vidas constantemente llegan a su final con la muerte y aún así no hemos llegado a experimentar la dación de la dulzura de nuestros actos de adoración, especialmente la oración que nuestros Imames infalibles (as) nos han descrito. Ahora, el acto de adoración tiene dos requisitos previos a decir del Sheij Bahyat, uno exterior a la oración, en donde el creyente tiene que abstenerse totalmente del pecado y no ensuciar su corazón con la desobediencia, porque el pecado roba la luz del corazón. Y el segundo requisito que pertenece propiamente a la oración en donde el creyente debe rezar creando una barrera imaginal alrededor suyo, para que no puedan entrar los pensamientos oscuros que lo distancien de su diálogo con el Altísimo. No debe permitirse que los pensamientos se alejen incluso un instante de lo Eterno. Para lograr un control absoluto de los pensamientos durante la oración adquiriendo la presencia del corazón en ello, uno debe controlar los cinco sentidos durante el día y tener mucho cuidado con lo que se permite ver, escuchar, oler, comer y hacer, y de esa manera se logrará lo que buscamos durante la oración que permitirá alcanzar la presencia siempre despierta de la mente y el corazón. El Sheij Bahyat decía a menudo: “De la cantidad de oraciones que están bajo nuestras manos, deberíamos poner atención a las oraciones que está bajo la mirada de Al-lâh”.

       El Sheij Bahyat también nos comenta que la oración simboliza la Ka’aba (lugar sagrado de peregrinación islámica), es decir el lugar de concentración entre el fiel y su Señor, el Takbirt ul-Ihram (declaración inicial de la oración) es el pronunciamiento supremo a lo divino, sinónimo de dejar de lado todo lo que no sea su Señor y entrar en su santuario, el Qiyam (estado de permanecer erguido durante la oración) representa una conversación entre el fiel y su Señor, el Ruku (inclinación del cuerpo durante la oración) simboliza la inclinación de respeto del fiel frente a su Señor y el Suyyud (postración con la frente durante la oración) es la manifestación definitiva de humildad y de carencia de poder del fiel ante el Señor de los mundos y cuando el fiel regresa de una oración así, el saludo de paz final le remite nuevamente al recuerdo de su Señor de amor.

       Esta es la idea que nos remite al pathos de lo divino como una pasión transitiva entre la relación del fiel amante y su Señor Amado. Este simpatetismo humano-divino hace solidarios en su Ser mismo la conversión del Señor divino volviéndose hacia su fiel de amor en constante reciprocidad de unión mística. Por eso los awliya han bebido del manantial de la realidad de acuerdo con sus propias capacidades y aptitudes innatas. El conocimiento y la distinción del estado interior de un wali, solo al Altísimo Señor le es posible ya que nadie salvo El les conoce. En una tradición profética Al-lâh nos dice: “Mis walis (amigos, amados) están bajo mi manto y salvo Yo, nadie les conoce”.

       El Seyyed Allameh Muhammad Hussein Tehrani nos describe su experiencia personal con el Sheij Bahyat: Un día tuve la visita del Sheij Bahyat en la santa ciudad de Mashhad y señaló en su conversación algo que no se puede interpretar, salvo la amistad propia de los secretos con los asuntos ocultos. Días después tuve un ataque al corazón en el mes de shawwal de 1413 de la hégira, dormí cuatro noches en la unidad de cuidados intensivos y nueve noches en la unidad de enfermedades generales del hospital Qaim de la santa ciudad de Mashhad. Al poco tiempo recobré mi salud y el hospital me dió de alta por mi mejoría, volví a casa y comencé mis estudios e investigaciones académicas. Me visitó nuevamente el Sheij Bahyat con uno de sus estudiantes y no había nadie en nuestra casa, excepto yo y mi hijo mayor. Sabía que el Altísimo Al-lâh me había permitido realizar el Tahajjud (oración de la noche) y el Qiyam de la noche antes de ser afectado por esta dolencia al corazón, así que dejé de hacerlo durante mi enfermedad. Después de regreso a casa deje de realizar este acto debido a la pereza, a la indiferencia y a la falta de determinación, a pesar de que se usa para mantenerse despierto durante largas horas de la noche. Cuando el Sheij Bahyat vino a visitarme me dijo sin ningún tipo de introducción “El Qiyam durante la noche es el transporte de la noche”. Luego permaneció en silencio y no dijo nada. La charla trató de otros asuntos, pero el Sheij Bahyat volvió a la conversación anterior y dijo: “Yo vi en el Bihar al-Anwar esta tradición, el Altísimo Señor ha escrito esto en su libro perfecto”.

       A diferencia de la mayoría de los hombres que no poseen ninguna idea de la existencia de los acontecimientos del mundo interior por estar encadenados a sus apetencias pasionales y aferrados a una moral desequilibrada; sus pensamientos y sus percepciones tienen como consecuencia  la de ser imperfectos distándose de ser verdaderos. El Sheij Bahyat había alcanzado un grado espiritual que por la gracia Divina le permitía con frecuencia ser testigo de acontecimientos pertenecientes al mundo oculto de los sentidos. Una de sus prácticas continuas era uno de los dikhr de los 99 nombres divinos de Al-lâh denominado Sattar al-uyub (El que oculta los defectos) que constantemente lo repetía cuando caminaba por las calles o cuando permanecía sentado. Este es el punto de vista en donde se considera que en cada Profeta, en cada Imam y en cada Wali predomina un atributo divino y en donde cada uno de ellos es la epifanía y el símbolo de un atributo divino en particular.

       Un día uno de sus estudiantes del Sheij Bahyat había cometido una falta consigo mismo que recitaba continuamente este dikhr, lo cual lo había guardado en secreto por un tiempo. Cuando estuvo frente a la mirada del Sheij Bahyat, el Sheij le dijo sin ningún miramiento: “Sattar al-uyub”. El estudiante se sonrojó y quedo totalmente desconcertado ante las palabras de su maestro que descubrió su estado interior. Al respecto el filósofo Mesbah Yazdi nos comenta que el Sheij Bahyat a menudo entraba en el plano donde es testigo de muchas cosas ocultas a los sentidos corporales y siempre veía la naturaleza real del alma de quienes se sentaban a su alrededor y por esa razón él invocaba al Altísimo este dikhr, para que los secretos de las personas no le sean revelados. Esto suele suceder siempre a los siervos cercanos de Al-lâh, quienes perciben directamente los misterios de la verdad absoluta, y como dice el Sagrado Corán: “Solo los puros pueden percibir la verdad” (Sura 56, aleya 79).

       La humildad absoluta de los walis es tal que no quisieran ver nada ni hacer nada que pueda llevarles a sentir un mínimo de su ego. A cambio de esta humildad, el Todopoderoso les concede el mayor conocimiento y el alcance de los grados extáticos. Sin duda alguna, para el creyente que se esfuerza sinceramente en lograr la proximidad a lo divino, el Altísimo mismo se convierte en su guía, y así lo vemos mencionado en el Sagrado Corán: “Y a quienes se esfuerzan por nosotros, ciertamente les guiaremos a nuestros caminos. En verdad, Al-lâh está con quienes hacen el bien” (Sura 29, aleya 69).

       Por otro lado, el Sheij Bahyat nos aconsejó que cuando uno llega a conocer completamente la Shari’at (ley literal) le permitirá conocer los resultados finales en el camino de la gnosis, como el abandono de los pecados, la observación de lo que es obligatorio, la práctica de lo que es recomendable, así como también, la recitación coránica en la soledad, el ayuno permanente y la asidua praxis de la adoración. A este respecto, el Profeta Muhammad (saws) dijo: “La ley literal son mis palabras, la senda son mis actos y la realidad es mi estado interior”.

       Así el creyente que busca el camino debe salvaguardar las manifestaciones de la ley sagrada exterior conjuntamente con las condiciones espirituales adquiridas y no debe manifestar estas cosas a excepción de aquellos que son dignos de ello. Por eso, en el Shiísmo se conserva este precepto: “No golpear en el rostro”, es decir, conservar el rostro exterior de la ley literal, no solamente por ser el soporte irremisible de los símbolos, sino porque es también la salvaguarda contra el libertinaje y la tiranía de los ignorantes.

       El Sheij Bahyat también fue un gran muytahid (sabio que posee la capacidad de discernir sus obligaciones legales con argumentos jurisprudenciales) de nuestro tiempo, pues vivió en la sociedad a la que sirvió y dirigió y fue el vehículo por el cual los discípulos y creyentes recibieron la guía correcta necesaria para sus vidas. De ahí, uno de los conocidos aforismos de los walis nos dice que: “Una de las primeras cualidades del hombre perfecto, debe ser la armonía y la paz con todo lo que le rodea”.

       La mejor Risala (tesís de leyes prácticas) de nuestro tiempo, sin ninguna duda fue la del Sheij Bahyat en donde nos dice: “La religión islámica ha sido construida sobre principios correctos y auténticos y contiene un código de comportamiento, así como normas para los más variados aspectos vitales. En las convicciones teológicas la imitación del muytahid no está permitida; no es necesaria para los actos y normas que no conciernen al ámbito de la convicción; no obstante, fuera de estas necesidades inapelables, si alguien es un muytahid deberá actuar sobre la base de sus criterios dogmáticos; pero quien no esté en ese caso habrá de actuar de acuerdo con la imitación de un muytahid, u observar una extrema precaución".

 En la referida definición del Sheij Bahyat se delimita dos espacios perfectamente comprensibles por separado: el de la convicción y el de los deberes para con ella, de forma que es éste segundo ámbito el susceptible de matización, y en el que hemos de ser cautelosos para recurrir a una opinión docta, si es que ésta está en condiciones de responder adecuadamente, ya que habrá de ser una temeridad comprometer a un sabio en un asunto que no puede dominar por su distancia con el lugar de implementación.

Si hacen falta opiniones sobre un contexto nuevo, en términos ideales, habrán de ser los naturalistas quienes las elaboren, y si no están cualificados, deberán educarse, para atender a lo que es una necesidad primaria, y mientras tanto, como indica la definición del Sheij Bahyat, actuar con precaución, lo cual no implica ni inmovilismo, ni remitir sistemáticamente el problema a otros, ni una sobrecarga de deber de comportamiento religioso, sino que la actuación, y su previa y consecuente reflexión sea sincera y que tenga por objetivo auténtico buscar la complacencia Divina, que en definitiva es el único sentido de nuestro discurrir terrenal.

Finalmente podríamos decir que el Sheij Bahyat nunca nació, ni nunca murió, ni nunca perteneció a ninguna cofradía, tan solo transitó este mundo como un fiel amante y devoto servidor hacia la realidad de lo Divino, en un silencio permanente y lumínico que lo caracterizó como el último místico y wali de Al-lâh de la cadena gnóstica del Shiísmo imamí.

7.9.11

LAS PROVISIONES DEL VIAJERO ESPIRITUAL

Por el gran sabio y místico:

Faid Al-Kashânî

(Quddisa sirruh)

Traducido del persa por: Sumeia Younes


En el Nombre de Dios,
el Compasivo, el Misericordioso.
Alabado sea Al·lâh y que la paz sea con Sus siervos elegidos.[1]
Éste es un Tratado titulado “Las Provisiones del Viajero Espiritual”, escrito en respuesta a una pregunta de un hermano religioso que había consultado respecto a la manera de atravesar el sendero de la verdad.
Sabe, “aîiadaka al·lâhu birûhen minhu” -que Al·lâh te afiance con un espíritu de Su parte-, que así como el viaje aparente posee un punto de partida, un final, una distancia y un camino (que recorrer), provisiones, montura, compañeros de viaje y un guía, asimismo el viaje espiritual, que es el viaje del espíritu hacia Dios Glorificado y Altísimo, posee todo ello.


Su “punto de partida” es la igno­rancia y la imperfección natural que trajo consigo desde el vientre de su madre:
﴿ وَاللَّهُ أَخْرَجَكُم مِّن بُطُونِ اُمَّهَاتِكُمْ لاَ تَعْلَمُونَ شَيْئاً ﴾
Wal·lâhu ajraÿakum min butûni ummahâtikum la ta‘lamûna shai‘an - («Dios os extrajo de las entrañas de vuestras madres desprovistos de conocimiento»).[2]
Su “final” es la perfección real, que es alcanzar a Al·lâh, Glorificado sea:
﴿ وَأَنَّ إِلَى رَبِّكَ الْمُنتَهَى ﴾
“Ua anna ilâ rabbika al-muntahâ” - («Y que el final será hacia tu Señor»).[3]
﴿ يَآ أَيُّهَا الإِنسَانُ إِنَّكَ كَادِحٌ إِلَى رَبِّكَ كَدْحاً فَمُلاَقِيهِ ﴾
“Iâ aiiuhâ-l insân-u innaka kâdihun ilâ rabbika kadhan famulâqîh” - («¡Oh humano!, por cierto que te esfuerzas afanosamente por tu Señor. ¡Ya le encontrarás!»).[4]
La “distancia del camino” en este viaje, son los niveles de perfección en el conocimiento y la práctica que el espíritu atraviesa -“shai’an fa shai’an” (“poco a poco”)- cada vez que da pasos sobre el sendero recto de la legislación religiosa que atravesaron los Auliâ’ (devotos y santos) y Asfiâ’ (puros e íntegros):
﴿ وَأَنَّ هَذَا صِرَاطِي مُسْتَقِيماً فَاتَّبِعُوهُ وَلاتَتَّبِعُوا السُّبُلَ فَتَفَرَّقَ بِكُمْ عَن سَبِيلِهِ ﴾
“Ua anna hâdhâ sirâtî mustaqîman fattabi‘ûhu ua lâ tattabi‘û-s subula fatafarraqa bikum ‘an sabîlih” - («Y que ésta es Mi recta senda. ¡Seguidla y no sigáis las demás sendas para que éstas no os desvíen de la Suya!»).[5]
Y estas perfecciones se suceden unas a otras; hasta que no se atraviese la perfección anterior, no podrá trasladarse a la ulterior, tal como sucede en el viaje aparente, hasta que no recorra un tramo de la distancia inicial, no podrá atravesar la posterior.
Y las “estaciones” de este viaje son las exaltadas cualidades y la moral encomiable que son los estados y posiciones del espíritu. Se traslada gradualmente desde cada uno hacia aquel que se encuentra por encima:
La primera estación es la “vigilia”, que es el estado de alerta, y la última estación es el Tawhîd (la Unicidad Divina), que constituye el propósito último de este viaje. Se mencionaron en forma explayada estas estaciones y niveles en el libro “Manâzil as-Sâ’îrîn.”[6]
El “camino” de este viaje es poner completa dedicación y gran voluntad, mostrar motiva­ción por esforzarse al atravesar estas estaciones y auto-discipli­narse para soportar las dificulta­des de los deberes de la religión de entre las obligaciones, tradi­ciones (sunan), proceder ético (adâb), autocontrol y cómputo (de las acciones) del alma: “ânân fa ânân ua lahdzatan falahdzatan” - (“Momento a momento e ins­tante a instante”) y concentrar todas las preocupaciones en una sola a la cual dirigir nuestra aten­ción y aniquilarse en Al·lâh, Glo­rificado y Altísimo:
﴿ وَتَبَتَّلْ إِلَيْهِ تَبْتِيلاً ﴾
“Ua tabattal ilaihi tabtîlan” - («Y conságrate íntegramente a Él»).[7]
﴿ وَالَّذِينَ جَاهَدُوا فِينَا لَنَهْدِيَنَّهُمْ سُبُلَنَا ﴾
“Ual ladhîna ÿâhadû fînâ lanahdiîannahum subulanâ” - («A quienes se esfuerzan por Nuestra causa les encaminaremos por Nuestras sendas»).[8]
Y la “provisión” de este viaje es la piedad (taqwâ):
﴿ وَتَزَوَّدُوا فَإِنَّ خَيْرَ الزَّادِ التَّقْوَى ﴾
“Ua tazawuadû fa’inna jaira az-zâdi at-taqwâ” - («Y aprovisionaos, mas (sabed que) la mejor provisión es la piedad»).[9]
Y la taqwâ significa llevar a cabo aquello que el Legislador ordenó y abstenerse de aquello que prohibió, con discernimiento, a fin de que el corazón, a través de la luz de la Sharî‘ah (legislación religiosa) y el bruñido producido por actuar en base a los preceptos de ésta, sea sus­ceptible a la efusión de sapiencia por parte del Creador, Glorificado sea:
﴿ وَاتَّقُواْ اللّهَ وَيُعَلِّمُكُمْ اللّهُ ﴾
Uattaqûl·lâha ua iu‘al·limu-kumul·lâh” - («¡Temed a Dios, y Él os instruirá!»).[10]
Y así como, hasta que el viajero aparente no obtenga de las provisiones el sustento para su cuerpo no podrá recorrer el camino, de la misma manera, el viajero espiritual, hasta que no se constituya con la “taqwâ” y la purificación religiosa, tanto en su aspecto exterior como interior, y fortalezca su espíritu con ello, no proliferarán alrededor de su camino las ciencias y conocimientos y la moral encomiable que resultan de la “taqwâ”; y el ejemplo de esto, es el ejemplo de alguien que lleva consigo una lámpara en la noche oscura, y por medio de su luz ve el camino y anda, y al dar cada paso, se ilumina un tramo de dicho camino y avanza sobre él, y asimismo, hasta que no dé un paso y no avance (ese tramo) no se iluminará, y hasta que no se ilumine no podrá andar. Ese “ver” representa el “saber” y ese “andar” representa el “actuar y tener piedad.” (Se transmitió del Imam As-Sâdiq –la paz sea con él- que:)
« مَنْ عَمِلَ بِما عَلِمَ أوْرَثَهُ اللهُ عِلْمَ ما لَمْ يَعْلَمْ ، الْعِلْمُ يُهْتَفُ بِالْعَمَلِ فَإنْ أَجابَهُ وَإلاّ ارْتَحَلَ لا يُقْبَلُ عَمَلاً إلاّ بِمَعْرِفَةٍ وَلا مَعْرِفَةَ إلاّ بِعَمَلٍ فَمَنْ عَرَفَ دَلَّتْهُ الْمَعْرِفَةُ عَلى الْعَمَلِ وَمَنْ لَمْ يَعْمَلْ فَلا مَعْرِفَةَ لَهُ إلاّ أنَّ الإيمانَ بَعْضُهُ مِنْ بَعْضٍ »
“Quien actúe de acuerdo a lo que sabe, Dios le proporcionará el cono­cimiento de lo que no sabe. El cono­cimiento es estimulado mediante su puesta en práctica. Si es que lo acata (permanece) y si no, se marcha. No es aceptada ninguna acción sino en base a un conocimiento, ni ningún cono­cimiento sino en base a su puesta en práctica. El conocimiento de aquel que sabe, lo guía hacia la acción, y aquel que no actúa no tiene un cono­cimiento; solo que la fe está dividida en grados.”[11]
Así como en el viaje aparente aquel que no tiene camino no llega a destino, de la misma manera, en el viaje espiritual, aquel que no posee conciencia de su accionar no llega a destino:
« الْعَامِلُ عَلَى غَيْرِ بَصِيرَةٍ كَالسَّائِرِ عَلَى غَيْرِ الطَّرِيقِ لا يَزِيدُهُ سُرْعَةُ السَّيْرِ إِلاّ بُعْداً »
“Quien actúa sin discernimiento es como el caminante sin rumbo, a quien el mucho andar sólo le aleja más.”[12]
Y la “montura” de este viaje es según su proporción y capacidades; entonces, así como en el viaje aparente, si es que la montura es débil y lisiada no podrá recorrer el camino, asimismo en este viaje, hasta que no haya salud del cuerpo y un fuerte sustento, no se podrá hacer nada. Entonces, obtener el sustento, desde este aspecto, es imperioso, y aquello que es para algo imperioso debe obtenérselo en la medida necesaria.
Así, requerir lo innecesario en el sustento conforma un impedimento para el viaje espiritual, y la vida mundanal censurada respecto a la cual se advirtió, consiste en ese mismo exceso que conforma un daño para el que la posee, pero que requerida en la medida necesaria entra en los asuntos del Más Allá, y el obtenerla es adoración.
Asimismo, si es que alguien, durante el viaje aparente suelta su cabalgadura en medio del camino, en tanto la misma se encuentre pastando no recorrerá su camino. De la misma manera, en este viaje espiritual, si es que deja al cuerpo y a las fuerzas corporales hacer su parecer, y no se atiene a las costumbres y tradiciones de la religión ni sostiene sus riendas en las manos, no recorrerá el camino de la verdad.
Y los “compañeros” de este viaje son los sabios, virtuosos y adoradores, viajeros espirituales que se auxilian y ayudan entre sí, puesto que la persona no se percata rápido de sus defectos, pero se percata rápidamente de los defectos ajenos. Entonces, si es que varias personas se auto-edifican juntas y se informan unas a otras de los defectos y flagelos, recorrerán rápido el camino y se verán protegidos de los salteadores de camino y los bandidos, que ciertamente que:
« الشَّيْطانُ إلى الْمُنْفَرِدِ أقْرَب مِنْهُ إلى الْجَماعَةِ وَيَدُ اللهِ مَعَ الْجَماعَةِ »
“Shaitán está más cerca de la persona solitaria que del grupo, y la mano de Dios está con el grupo.”[13]
Si es que uno se sale del camino, el otro se lo hará notar, pero si es que está solo, le tomará mucho tiempo percatarse de ello.
Y el “guía” en este camino es el Profeta –que la paz y las bendiciones de Al·lâh sean con él y su Familia- y el resto de los Imames Inmaculados -que la paz sea con ellos-, quienes mostraron el camino, establecieron las tradiciones y costumbres, informaron de los beneficios y perjuicios del camino y ellos mismos lo han transitado, y han ordenado a la Ummah imitarles y seguirles:
﴿ لَقَدْ كَانَ لَكُمْ فِي رَسُولِ اللَّهِ اُسْوَةٌ حَسَنَةٌ ﴾
“Laqad kâna lakum fi rasûli·lâhi usuaton hasanah” - («Realmente tenéis en el Enviado de Dios un excelente ejemplo»);[14]
﴿ قُلْ إِن كُنْتُمْ تُحِبُّونَ اللَّهَ فَاتَّبِعُونِي يُحْبِبْكُمُ اللّهُ ﴾
“Qul in kuntum tuhibbûnal·lâha fattabi‘ûnî iuhbibkumul·lâh” - («Di: “Si verdaderamente amáis a Dios, seguidme, que Él os amará”.»).[15]
En conclusión, lo que ellos hacían y aquello hacia lo cual ordenaban, tal como se desprende de las tradiciones fiables de Ahl-ul Bait –la paz sea con ellos- conforma parte de las cuestiones que indefectiblemente el viajero espiritual ha de observar, y no está permitido, de ninguna manera, desacatarlas después de haber obtenido las verdaderas creencias. Y éstas son veinticinco cosas…

Primero: Observar las cinco oraciones diarias.

Me refiero a llevarlas a cabo al comienzo de su tiempo, en ÿamâ’ah (en congregación) y observando en ellas las tradiciones (sunan) y proceder apropiado (âdâb). Entonces, si es que sin razón ni impedimento alguno las retrasara respecto del comienzo de su tiempo, o no se presentara a realizarlas en congregación, u omitiera algunas de las tradiciones o algunos de sus procederes (âdâb), aunque sea un poco, se habrá salido del camino del peregrinaje espiritual, y será igual que el común de la gente que pace errante en la decadencia de la ignorancia y el desvío y que está desinformada del camino y del objetivo, y no progresará jamás.

Segundo: Observar la Oración del Viernes (Salât al-Ÿum‘ah), la de las dos Festividades (‘Îd al-Fitr e ‘Îd al-Adhâ) y la de los Signos (al-Aiât).

(Se deberá llevarlas a cabo) en tanto se reúnan las condiciones, il·la ma‘al ‘udhr-il musqit (a menos que tenga un impedimento que le dispense de dirigirse a realizar la oración), puesto que, “si es que tres viernes seguidos abandona la oración sin razón alguna, su corazón se enmohecerá de manera tal que no podrá ser subsanado.”[16]

Tercero: Observar las oraciones meritorias diarias.[17]

Incluso se llegó a considerar pecado abandonarlas, excepto cuatro rak‘ah o ciclos de la nâfilah (u oración supererogatoria) de la tarde (‘asr), dos rak‘ah de la nâfilah que sigue a la oración del ocaso (magrib), y el witr (que es la oración supererogatoria de la noche), que es permitido no llevarlos a cabo aún no existiendo impedimento alguno.

Cuarto: Observar el Ayuno (as-Sawm) del Mes de Ramadán y perfeccionarlo.

De manera que controle la lengua respecto de las palabras vanas, de la maledicencia, de la mentira, de maldecir e insultar, y acciones semejantes, y al resto de los miembros del cuerpo respecto de la opresión y la traición, y de alimentarse (esto es, desayunar) con lo ilícito o dudoso, aún más de lo que los controla el resto de los días.

Quinto: Observar el ayuno preferible.

Que son tres días específicos[18] de cada mes, lo cual equivale a un estado continuo de ayuno (sawm ad-dahr). Si es que no tiene impedimento alguno, que no lo abandone, y si lo abandona, que lo recupere, o en su defecto que dé como limosna una ración (mudd) de comida.

Sexto: Observar el Zakât (o gravamen religioso).

De manera que retrasarlo o actuar con languidez a su respecto no está permitido, a menos que tenga un impedimento, como no encontrar a quien sea acreedor al mismo (esto es, que no haya necesitados), o por esperar para dárselo a quien sea más virtuoso de entre los que son acreedores a ello, etc.

Séptimo: Observar el pago de “un derecho consabido de los bienes” como limosna.

Me refiero a que determine que cada día, o cada semana, o cada mes, dará algo de sus bienes a un mendigo o indigente, de una manera acorde a su riqueza, y que no lo suspenda. Y es mejor si no se informa nadie de ello:
﴿ وَالَّذِينَ فِي أَمْوَالِهِمْ حَقٌّ مَعْلُومٌ * لِلسَّآئِلِ وَالْمَحْرُومِ ﴾
«Wual·ladhîna fî amuâlihim haqqun ma‘lûm li-s sâ’ili ual mahrûm» - («Aquellos en cuyos bienes hay un derecho consabido para el mendigo y el indigente»).[19]
“Fa fil hadîz “annahu gairu-z zakât” – En el hadîz (se transmitió) que (el derecho consabido) no incluye al zakât (sino que es otro tipo de caridad).[20]

Octavo: Observar la Peregrinación obligatoria (Haÿÿat-ul Islâm).

De manera que debe llevarse a cabo en el año que se torna obligatoria (por haberse vuelto pudiente, etc.), y no es permitido retrazarla si no tiene impedimento alguno.

Noveno: Visitar los sepulcros sagrados del Profeta –las bendiciones y la paz de Al·lâh sean con él y su purificada Familia- y los Inmaculados Imames -la paz sea con ellos-.

Especialmente el del Imam Husein –la paz sea con él- desde que encontramos en el hadîz que: “Visitar al Imam Husein es obligatorio para cada creyente, y todo el que deje de lado este acto, habrá dejado de la lado un derecho de Dios y del Mensajero.”[21]
En otro hadîz se transmitió que: “Todo Imam tiene un pacto que rige sobre sus awliâ’ y shi‘as, y entre las cosas mediante las cuales se observa completamente ese pacto, se encuentra la visita a su sepulcro.”[22]

Décimo: Observar los derechos de los hermanos.

Y satisfacer sus necesidades, puesto que, ¡qué énfasis elocuente se hizo al respecto!, es más, consideraron que ello tiene prerrogativa por sobre la mayoría de los deberes religiosos.

Décimo primero: Compensar los recuerdos a Dios (Dhikr) que no se hayan realizado en su momento.

Cuando se dé cuenta: “Mahmâ amkana” – [Cuando y como sea posible].

Décimo segundo: Eliminar de sí mismo las conductas censurables como la vanidad, la mezquindad, la envidia y sus semejantes.

Imponerse prácticas de ascetismo, cualidades opuestas (a las mencionadas) y atributos morales encomiables, como el buen carácter, la munificencia, la paciencia y sus semejantes, hasta que se vuelvan una conducta arraigada.

Décimo tercero: Dejar totalmente de lado los actos prohibidos.

Y si ocasionalmente aconteciera un acto de desobediencia, que rápidamente pida perdón, se arrepienta y vuelva (a Dios) a fin de que sea amado por Dios:
﴿ إِنَّ اللّهَ يُحِبُّ التَّوَّابِينَ ﴾
“Innal·lâha iuhibb-ut tawwâbîna”(«Ciertamente que Al·lâh ama a los arrepentidos»).[23]

Décimo cuarto: Dejar de lado las cosas dudosas y ambiguas.

Lo cual conlleva a caer en las prohibiciones, y dijeron: “Todo aquel que deje de lado un adab (o proceder pertinente determinado), se verá privado de una sunnah (tradición religiosa), y todo aquel que deje de lado una sunnah, se verá privado de realizar un precepto obligatorio.”

Décimo quinto: No inmiscuirse en “mâ lâ ia‘nî” (lo que no incumbe).[24]

Puesto que ocasiona la dureza de corazón y la ruina, y en el hadîz:
« من طلب ما لا يعنيه فاته ما يعنيه »
“Quien procure aquello que no le incumbe ni posee valor para sí, perderá aquello que sí es de valor para sí.”
Y si se produjera por negligencia, tras percatarse deberá compensar ello mediante el pedido de perdón y la contrición:
﴿ إِنَّ الَّذِينَ اتَّقَوْا إِذَا مَسَّهُمْ طَآئِفٌ مِنَ الشَّيْطَانِ تَذَكَّرُوا فإِذَا هُم مُبْصِرُونَ * وإِخْوَانُهُمْ يَمُدُّونَهُمْ فِي الْغَيِّ ثُمَّ لايُقْصِرُونَ ﴾
“Innal·ladhînat-taqaû idhâ massahum tâ’ifun min-ash shaitân tadhakkarû fa’idhâ hum mubsirûna ua ijuânuhum iamuddûnahum fî-l gaîi zumma lâ iuqsirûna” – («Por cierto que los timoratos, cuando les alcanza alguna tentación de Satanás, recapacitan, y heles aquí iluminados. En cuanto a los compañeros de los demonios, éstos les sumen en el error, luego no se detienen»).[25]
Y hasta que no abandone la compañía de los battâlîn (quienes pasan su tiempo indolentemente), los mugtâbîn (quienes hacen maledicencia) y aquellos que hablan palabras dispersas y así pasan los días, no se librarán del “mâ lâ ia‘nî” (lo que no incumbe), puesto que no hay nada como esto que ocasione insensibilidad, negligencia y pérdida de tiempo.

Décimo sexto: Comer poco, dormir poco y hablar poco.

Convertir ello en su propio lema, ya que influye plenamente en la iluminación del corazón.

Décimo séptimo: Recitar un poco del Corán cada día.

Y lo mínimo son cincuenta aleyas[26], con cavilación, reflexión y sumisión, y es mejor si algo de ello acaece en medio del salât.

Décimo octavo: Disponer como acto devocional habitual (wird) algunos recuerdos a Dios (dhikr) y súplicas (du‘â’) en momentos específicos.

Especialmente después de las oraciones obligatorias, y si puede ocupar su lengua la mayoría de su tiempo en recordar a Al·lâh, aunque (el resto de) los miembros (de su cuerpo) estén siendo utilizados en otros trabajos, ¡qué bienaventuranza!
Se transmitió que el Imam Muhammad Al-Bâqir -la paz sea con él- la mayoría del tiempo tenía su bendita lengua humedecida con la pura frase “lâ ilâha il·lal·lâh” – [No hay divinidad sino Dios] cuando comía algo, cuando hablaba, cuando caminaba, etc.[27]. Ello conforma un fuerte medio y ayuda para el peregrino espiritual, y si vincula el “recuerdo del corazón” con el “recuerdo de la lengua”, en poco tiempo le sobrevendrán muchos logros espirituales. Mientras pueda que se esfuerce incesantemente por recordar a Al·lâh, a fin de que no sea negligente, puesto que ningún asunto aventaja a éste en el peregrinaje espiritual, y constituye una fuerte ayuda para renunciar al hecho de contrariar a Al·lâh, Glorificado y Altísimo sea, mediante los actos de desobediencia.

Décimo noveno: Procurar la compañía del sabio y hacerle preguntas.

Y beneficiarse de las ciencias religiosas en la medida que se encuentre avenido a ello. Que se esfuerce todo lo que pueda en incrementar un conocimiento al que ya posee:
« أكيَسُ الناسِ مَن جَمَعَ عِلمَ الناسِ إلى عِلمِهِ »
“El más sagaz de entre la gente es aquel que incorpora el conocimiento de la gente al suyo propio.”[28]
Hacerse de la compañía de quien es más sabio que uno se considera una gran victoria, y si encuentra un sabio que actúe según su conocimiento se considera imperioso imitarlo, y no deberá salirse de ese juicio. El “viejo” a quien se refieren los sufis es éste mismo, y el propósito del “conocimiento”, es el conocimiento de la otra vida, no el conocimiento de lo mundano. Y si no encuentra a alguien así, ni tampoco encuentra a alguien más sabio que él mismo, que procure la compañía del libro y la buena gente, de manera que obtenga de ellos la moral encomiable, y que no pierda la oportunidad de ninguna compañía que le permita pasar un buen rato, recordando a Al·lâh y la otra vida.

Vigésimo: Tratar a la gente con buenas maneras y sencillez.

A fin de que no se conduzca de una manera insoportable para nadie y su accionar sea objeto de un buen pensamiento; y a su vez no debe pensar mal de nadie.

Vigésimo primero: Hacer, de la sinceridad en las palabras y en el accionar, un lema para sí.

Vigésimo segundo: Encomendarse a Al·lâh Ta‘âla en todos los asuntos.

Y no tener la vista puesta en las causas materiales, y ser desa­pegado (en lo relacionado a) ob­tener el sustento, sin dedicarse a ello con extrema seriedad, ni te­ner esperanzas excesivas en ello, y en la medida que pueda con­formarse con poco y abandonar lo excedente.

Vigésimo tercero: Ser paciente ante el trato desagradable de familiares y parientes.

Y no perder rápido el temperamento y no desear el mal, que cuanto más sea objeto de desdeño y más las aflicciones con las que se topa, llegará más rápido a lo procurado.

Vigésimo cuarto: Encomendar el bien y prohibir el mal (al-amr bil ma‘rûf ua-n nahî ‘anil munkar).

En la medida que uno pueda, y hacer partícipes a los demás en el bienestar y la congoja, y asimismo en el peregrinaje espiritual, si es que existiese la capacidad inte­rior; de lo contrario, abstenerse de acompañarlos con precaución y reticencia a fin de no oca­sionar repulsión.

Vigésimo quinto: Organizar los momentos de uno.

Y en cada momento del día disponer un acto devocional habitual (wird) en el que ocuparse para que su tiempo no se desperdicie, “puesto que el valor de cada tiempo depende de aquello en que se lo transcurre”, y esto es primordial en el peregrinaje espiritual…

Esto es lo que nos ha llegado de los Imames Infalibles –que la paz sea con ellos- y lo que ellos practicaban y decían a los demás, pero asuntos como observar un acto devocional por un período de cuarenta días, no comer (carne de) animales y realizar el recuerdo consistente en cuatro golpeteos[29], y otras cosas que se transmitieron de los sufis, no se narró de ellos (a.s.), y aparentemente, algunos de los mashâiej veían adecuado algunos de éstos debido a que, para las almas de ciertas personas resultaba en la facilidad del peregrinaje espiritual, y por ello ordenaban realizar ello. El origen del período de cuarenta días tal vez sea el Hadîz:
« من أخلص لله أربعين صباحا ظهرت ينابيع الحكمة من قلبه على لسانه »
“Quien actúe sinceramente y con exclusividad para Dios durante cuarenta días se manifestarán en su lengua fuentes de sabiduría provenientes de su corazón.”[30]
Y el origen de dejar (de comer la carne de) los animales:
« لا تجعلوا بطونكم مقابر الحيوانات »
“No hagáis de vuestros estómagos cementerios de animales”, y otros semejantes.
Y no cabe duda de que comer poca carne, en momentos retraerse y ocuparse en los recuerdos (a Dios) con la mente despreocupada y con completa atención, influye en la iluminación del corazón, pero con la condición de que no constituya un impedimento para (participar en) la Oración del Viernes y la Oración en Congregación.
Entre los asuntos que son trascendentales en el viaje espiritual, está la libertad, quiero decir, libe­rarse de las vi­lezas de la natu­raleza humana y de la seducción de los hábitos y de las pautas del común de la gente, desde que no existe obstáculo mayor que estos tres asuntos para el via­jero espiritual, y algu­nos sa­bios llamaron a éstos “las ca­bezas de los demonios”, y todo acto execrable que al­guien co­mete, cuando lo ana­lizas con atención, vuelve a uno de estos tres asuntos:
En cuanto a “las vilezas de la naturaleza (humana)”, como la concupis­cencia, la ira y lo que de éstas deriva, como el amor por la ri­queza, posición y sus semejantes, (debes saber que):
﴿ تِلْكَ الدَّارُ الاَخِرَةُ نَجْعَلُهَا لِلَّذِينَ لاَ يُرِيدُونَ عُلُوّاً فِي الاَرْضِ وَلاَ فَسَاداً ﴾
“Tilka-d dâr-ul ajirah naÿ‘aluhâ lil·ladhîna lâ iurîdûna ‘ulûwan fî-l ard-i ua lâ fasâdâ”(«Asignamos esa Morada Postrera a quienes no quieren conducirse con altivez en la Tierra ni corromper»).[31]
En cuanto a “la seducción de los hábitos”, como los engaños del alma incitadora al mal (an-nafs al-ammârah) y sus ornamen­tos, y/o los actos inmorales causados por las fantasías corruptas, las ilusiones mentirosas, y lo que conllevan de entre las morales viles y los hábitos despreciables:
﴿ قُلْ هَلْ نُنَبِّئُكُم بِالاَخْسَرِينَ أَعْمَالاً * الَّذِينَ ضَلَّ سَعْيُهُمْ فِي الْحَيَاةِ الدُّنْيَا وَهُمْ يَحْسَبُونَ أَنَّهُمْ يُحْسِنُونَ صُنْعاً ﴾
“Qul hal nunabbi’ukum bil ajsarîna a‘mâlan al·ladhîna dal·la sa‘iuhum fî-l haiât-id duniâ ua hum iahsabûna annahum iuhsinûna sun‘an”(«Di: “¿Os daré a cono­cer quiénes son los que más pier­den por sus obras? Son aquéllos cuyo esfuerzo se pierde en la vida de acá mientras creen obrar bien”.»).[32]
En cuanto a “las pautas del común de la gente”, como: seguir a personajes de gran porte e imitar a los ignorantes que apa­rentan ser sabios, responder a las tentaciones e incitaciones de los demonios de entre los genios y hombres, y ser engañado por sus artimañas y tergiversaciones:
﴿ رَبَّنَآ أَرِنَا الَّذَيْنِ أَضَلاَّنَا مِنَ الْجِنِّ وَالإِنسِ نَجْعَلْهُمَا تَحْتَ أَقْدَامِنَا لِيَكُونَا مِنَ الأَسْفَلِينَ﴾
“Rabbanâ arinâ-l·ladhîna adal·lânâ min-al ÿinn-i ual ins-i naÿ‘alhumâ tahta aqdâminâ li iakûnâ min-al asfalîn”(«¡Señor nuestro! ¡Muéstranos a los que nos han extraviado de entre los ge­nios y los humanos; los pondre­mos bajo nuestros pies para que estén en lo más pro­fundo!»).[33]
Respecto a algunas costum­bres y situaciones como la vesti­menta y las relaciones con la gente, que se hayan establecido en el uso consuetudinario de la época, en lo manifiesto se debe imitar a la gente en general, de manera que ésta no interfiera en los asuntos de esta persona, puesto que poseer un estado peculiar provoca (en los demás) la apren­sión y la maledicencia, a menos que imitarlos en ello implique contra­riar un asunto importante de la religión, cuyo abandono pueda traer aparejado un perjuicio al viaje espiritual, en cuyo caso, no es necesario imitarlos, a menos que sea por taqîiah,[34] y este tipo de asuntos depende del juicio de los dotados de visión de la época.
Y todo el que torne para sí imperiosas esas veinticinco co­sas y las procure con sinceridad, “a‘nî ibtigâ’an li waÿhil·lâh lâ liga­radin duniawîin ‘âÿil” [quiero de­cir, para procurar la Faz (esto es, la satisfacción) de Al·lâh y no por un motivo mundanal efímero], día a día su estado progresará, se incrementarán sus obras buenas, sus malas acciones serán perdo­nadas y sus niveles elevados. Entonces, si es que es de entre la gente del conocimiento, quiero decir, si las cuestiones del cono­cimiento divino de entre las des­cripciones del Origen y el Re­torno y el conocimiento del alma y temas semejantes llegaron a sus oídos, y considera como el propósito último conocerlos tal como son (kamâ hua) dando completa importancia al hecho de conocerlos, y es de entre aquellos que entienden, entonces día a día su sabiduría se incre­mentará, y por inspiración di­vina obtendrá capacidades en la medida que logre realizar la ado­ración y asistir ante los sabios y (prestar atención a) sus palabras; ya que debes saber que la lozanía interior y la súplica respondida y cosas como éstas, dependen del propio esfuerzo y atención, y en cualquier caso logrará que ello le acerque al Creador, Glorifi­cado Sea, y le proporcionará un amor y una luz; que ciertamente que el amor completo y la luz profusa son fruto del conoci­miento, el cual a veces llega a tal punto que se puede observar la mayoría de los asuntos del Más Allá en esta vida, tal como se transmitió de Hârizah ibn Nu‘mân y cuyo hadîz se encuen­tra citado en Al-Kâfî[35]. Cada vez que el amor se intensifica y llega al grado de la pasión (‘eshq) y se entrega (esto es, es fascinado y seducido) en el recuerdo del Creador, ello es denominado encuentro (liqâ’), arribo (wusûl), aniquilación (fanâ’) en Dios, permanencia (baqâ’) por Dios, y expresiones semejantes.
Y ésta es la meta y propósito de la Creación, así como se ha indicado en el Hadîz Qudsî sobre que:
«كُنْتُ كَنْزاً مَخْفِيّاً فَأَحْبَبْتُ أَنْ أُعْرَفَ فَخَلَقْتُ الْخَلْقَ لِكَيْ أُعْرَفَ‏ »
“Kuntu kanzan majfîian fa ahbabtu an u‘rafa fajalaqtu-l jalqa likai u‘rafa” - [Yo era un tesoro oculto; quise ser conocido; así, originé la Creación para ser conocido][36], y en la Revelación coránica:
﴿ وَمَا خَلَقْتُ الْجِنَّ وَالإِنسَ إِلاَّ لِيَعْبُدُونِ ﴾
“Wa mâ jalaqtu-l ÿinn-i wal ins-a il·la li ia‘budûni” («No he creado a los genios y a los hombres sino para que Me adorasen»).[37] “Qîla, aîi “li ia´rifûna”, wa innamâ ‘abbara ‘an-il ma‘rifah bil ‘ibâdat-i li’annahâ lâ tanfakk-u ‘anhâ wa innama ‘ab­bara ‘an-il·zim-i bil malzûm li’al·lâ iatawahhamu anna-l maqsûda aîiata ma‘rifatin kânat, bal al-ma‘rifat-ul jâssat-il·latî lâ tahsilu il·la min ÿihat-il ‘ibâdah” [Se dijo (que Al·lâh dijo): O sea, “para que (Me) conociesen”[38]; y se refi­rió al “conocimiento” a través de la “adoración” puesto que el conocimiento no se separa de la adoración. Se refirió al “propó­sito” (el conocimiento) a través de una de sus implicancias (la adoración) para que no se su­ponga que el propósito de Dios es cualquier conocimiento, sino que es un conocimiento especial que solo se produce a través de la adoración.]
Porque el conocimiento es de diversas clases y posee muchos caminos y no cualquier conoci­miento suscita el acercamiento (qurb) y el arribo (wusûl), puesto que para la mayoría de la gente también se produce un conoci­miento a través de la imitación, y los teólogos (mutakal·limîn) tam­bién se han hecho de un conoci­miento a través de las pruebas dialécticas cuyas preliminares están compuestas por los cono­cimientos categóricos (mu­sal·lamât), los conceptos razona­blemente aceptados (maqbulât) y las suposiciones (madznunât); asimismo, los filósofos han obte­nido un conocimiento a través de los argumentos racionales (ba­rahîn ‘aqlîiah) cuyas preliminares están compuestas por las certe­zas (iaqinîiât), y ninguno de ellos provoca el arribo (wusûl) y el amor. Entonces, todo aquel para quien se haya suscitado el cono­cimiento a través de adorarle a Él, es el fruto del árbol de la Creación y el propósito de la creación del mundo, y los demás, todos fueron traídos a la existen­cia como anexo al mismo y para servirle:
Son anexos a la existencia del amor,
tanto los hombres como los genios.
Muestra una inclinación
para que alcances la felicidad.
Y por ello, en un Hadîz Qudsî leemos que Al·lâh, dirigiéndose a Su Profeta –que las bendiciones de Al·lâh sean con él y su puri­ficada Familia-, dijo:
« لَوْلاكَ لما خَلَقْتُ الأَفْلاك »
“Law lâka lamâ jalaqtu-l aflâk”[Si no fuera por ti, Yo no habría creado las constelaciones].[39]
Entonces, todo el que tenga una elevada motivación y en­cuentre la gema dentro de sí, debe esforzarse para, a través de la obediencia (‘ubû­dîiah), la ado­ración (‘ibâdah), la piedad (taqwâ) y la purificación (tahârah), acer­carse a este nivel (y se refiere a acercarse a este nivel lo que el Noble Profeta –que las bendicio­nes de Al·lâh sean con él y su purificada Familia- dijo respecto a Salmân:
« سَلْمانُ مِنّا أَهْلُ الْبَيْتِ »
“Salmán es de nosotros Ahl-ul Bait.[40]
Ya que no te otorgan la unión a Él sino con esfuerzo,
Entonces, ¡oh corazón! Esfuér­zate en la medida que puedas.
Si es que llegaste a la meta, ¡bravo por la felicidad!, y si en este camino moriste, ¡bravo por el martirio!
Si mueres en Su camino, eres un mártir,
Y si vences en la carrera, eres el ornamento de los siervos.
﴿ وَمَن يَخْرُجْ مِن بَيْتِهِ مُهَاجِراً إِلَى اللَّهِ وَرَسُولِهِ ثُمَّ يُدْرِكْهُ الْمَوْتُ فَقَدْ وَقَعَ أَجْرُهُ عَلَى اللَّهِ ﴾
“Wa man iajruÿu min beitihi muhâÿiran ilâl·lâhi ua rasûlihi zumma iudrikh-ul mauta faqad uaqa‘a aÿruhu ‘alâl·lâh”(«… La recompensa de aquél a quien sorprenda la muerte, después de dejar su casa para emigrar a Al·lâh y a su Mensajero, in­cumbe a Al·lâh…»).[41]
Si ofrezco mi vida por alcanzar este deseo,
Debo desatar mi corazón de la casa y de la tienda.
Y el éxito proviene de Al·lâh, el Po­deroso, el Sabio, y la Alabanza sea para Al·lâh, Señor del Uni­verso, y los Saludos sean sobre Muhammad y su Familia purifi­cada.


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Fin del Tratado titulado
Zâd-e Sâlek”
(Las Provisiones del
Viajero Espiritual)

[1] Tomado de la aleya 59 de la Sûra an-Naml (nº 27). La aleya completa es de la siguiente manera:
﴿ قُلِ الْحَمْدُ لِلَّهِ وَسَلاَمٌ عَلَى عِبَادِهِ الَّذِينَ اصْطَفَى ءَآللَّهُ خَيْرٌ أَمَّا يُشْرِكُونَ
“Qul al-hamdulil·lâh wa salâmun ‘alâ ‘ibâdihil ladhîna-stafâ ’a-al·lâh-u jairun ammâ iushrikûn” - «Di: “¡Alabado sea Dios, y que la paz sea con Sus siervos elegidos! ¿Quién es preferible, Dios o los que idolatran?”.»
[2] Sûra an-Nahl; 16: 78.
[3] Sûra an-Naÿm; 53: 42.
[4] Sûra al-Inshiqâq; 84: 6.
[5] Sûra al-An‘âm; 6: 153.
[6] Manâzil as-Sâ’îrîn, de Joÿeh ‘Abdul·lah Ansârî.
[7] Sûra al-Muzzammil; 73: 8.
[8] Sûra al- ‘Ankabût; 29: 69.
[9] Sûra al-Baqarah; 2: 197.
[10] Sûra al-Baqarah; 2: 282.
[11] Esta narración no fue citada en ninguna parte en forma completa, pero se mencionaron partes de la misma en varios lugares, entre ellos, referirse a: Usûl al-Kâfî, t. 1, p. 44, capítulo: “Quien actúe sin conocimiento”; Muniat al-Murîd, del Shahîd Az-Zânî, corregido por Rezâ Mujtârî, p. 181; Bihâr al-Anwâr, t. 1, p. 206, capítulo: “La acción sin conocimiento”.
[12] Usûl al-Kâfî, t. 1, p. 43, capítulo: “Quien actúa sin conocimiento.” Primer Hadîz, y allí, en vez de “mucho andar” dice “mucha rapidez.”
[13] Esto fue tomado de las palabras de Amîr Al-Mu’minîn, Jutbah (Discurso) nº 127, donde ‘Alî –la paz sea con él- dijo:
« الْزَمُوا السَّوَادَ الأَعْظَمَ فَإِنَّ يَدَ اللَّهِ مَعَ الْجَمَاعَةِ وَ إِيَّاكُمْ وَ الْفُرْقَةَ فَإِنَّ الشَّاذَّ مِنَ النَّاسِ لِلشَّيْطَانِ »
“Aferraos a una concentración numerosa, puesto que la mano de Dios está con el grupo; y alejaos de la desunión puesto que quien se aparta de la gente es de Satanás.” (Nahÿ al-Balâgah).
[14] Sûra al-Ahzâb; 33:21.
[15] Sûra Âli ‘Imrân; 3: 31.
[16] Dijo el Imam As-Sâdiq -la paz sea con él-:
« مَنْ تَرَكَ الْجُمُعَةَ ثَلَاثاً مِنْ غَيْرِ عِلَّةٍ طَبَعَ اللَّهُ عَلَى قَلْبِهِ »
“Quien abandone el Salât al-Ÿum‘ah (la Oración del Viernes) tres veces (seguidas) sin motivo alguno, Dios sellará su corazón.” Referirse a: Wasâ’il ash-Shî‘ah, Hurr Al-‘Âmilî, t. 5, capítulo primero de los capítulos del Salât al-Ÿum‘ah, p. 6, hadîz nº 20, y también hadîz nº 15, Ediciones Islâmîiah.
[17] Los rezos meritorios diarios son: dos ciclos de oración antes del rezo de la mañana (faÿr), ocho ciclos de oración antes del rezo del mediodía (dzuhr), ocho ciclos de oración antes del rezo de la tarde (‘asr), cuatro ciclos de oración después del rezo del ocaso (magrib), la oración de witr que consiste en dos ciclos de oración de sentado (que equivalen a un solo ciclo de pie) después del rezo de la noche (‘ishâ’), y los once ciclos de la oración que se realizan en medio de la noche (salât al-lail) [N. del T.].
[18] Los mejores días para realizar estos ayunos preferibles son el primer jueves del mes, el último jueves del mes y el miércoles de la segunda decena [N. del T.].
[19] Sûra a-Ma‘âriÿ; 70: 24 y 25.
[20] Al-Burhân, t. 4, pp. 384-385.
[21] Dijo el Imam As-Sâdiq -la paz sea con él-:
« لَوْ أَنَّ أَحَدَكُمْ حَجَّ دَهْرَهُ ثُمَّ لَمْ يَزُرِ الْحُسَيْنَ بْنَ عَلِيٍّ (ع) لَكَانَ تَارِكاً حَقّاً مِنْ حُقُوقِ رَسُولِ اللَّهِ (ص) لِأَنَّ حَقَّ الْحُسَيْنِ (ع) فَرِيضَةٌ مِنَ اللَّهِ تَعَالَى وَاجِبَةٌ عَلَى كُلِّ مُسْلِمٍ »
“Si alguno de vosotros realiza la Peregrinación durante toda la vida pero luego no visita a Husein ibn ‘Alî -con ambos sea la paz- será alguien que habrá abandonado un derecho de entre los derechos del Mensajero de Dios -que las bendiciones y paz sean con él y su familia- puesto que el derecho de Husein –la paz sea con él- es un precepto de Dios, obligatorio para todo musulmán.” Tahdhîb al-Ahkâm, Sheij At-Tûsî, t. 6, p. 42, Ediciones Islâmîiah, capítulo 16 del libro Al-Mazâr (“Los lugares de visita”), hadîz nº 87; Kâmil az-Ziârât, Ibn Qûlûaîh, capítulo 43, p. 131, hadîz nº 4, Ediciones Sadûq, Teherán.
[22] Dijo el Imam Ar-Ridâ (a.s.):
« إِنَّ لِكُلِّ إِمَامٍ عَهْداً فِي عُنُقِ أَوْلِيَائِهِ وَ شِيعَتِهِ وَ إِنَّ مِنْ تَمَامِ الْوَفَاءِ بِالْعَهْدِ وَ حُسْنِ الْأَدَاءِ زِيَارَةَ قُبُورِهِمْ فَمَنْ زَارَهُمْ رَغْبَةً فِي زِيَارَتِهِمْ وَ تَصْدِيقاً بِمَا رَغِبُوا فِيهِ كَانَ أَئِمَّتُهُمْ شُفَعَاءَهُمْ يَوْمَ الْقِيَامَةِ »
“Ciertamente que cada Imam tiene un pacto que rige sobre sus awliâ’ y sus shi‘as, y ciertamente que entre las maneras de observar completamente ese pacto y su correcto cumplimiento, está la visita a sus tumbas; así pues, quienes les visiten ansiándolo y verificando tal anhelo, tendrán a sus Imames como intercesores en el Día del Juicio Final.” ‘Ilal ash-Sharâ’i‘, Sheij As-Sadûq, p. 459, ediciones Dâûrî, Qom, capítulo 221 – “La razón por la cual es obligatorio visitar al Profeta –las bendiciones y la paz de Al·lâh sean con él y su purificada familia- y a los Imanes -la paz sea con ellos- tras el Haÿÿ”, hadîz nº 3.
[23] Sûra al-Baqarah; 2: 222.
[24] No ocupar el tiempo en cosas vanas y carentes de valor.
[25] Sûra al-A‘râf; 7: 201 y 202.
[26] Estas palabras están basadas en un hadîz que se encuentra en Usûl al-Kâfî, Kitâb Al-Qur’ân, capítulo: “La lectura del Corán”, t. 2, p. 609, impresiones Ajûndî, con comentarios del fallecido Faid, ‘Al·lâmah Tabâtaba’î y otros: Dijo el Imam As-Sâdiq –la paz sea con él-:
« الْقُرْآنُ عَهْدُ اللَّهِ إِلَى خَلْقِهِ فَقَدْ يَنْبَغِي لِلْمَرْءِ الْمُسْلِمِ أَنْ يَنْظُرَ فِي عَهْدِهِ وَ أَنْ يَقْرَأَ مِنْهُ فِي كُلِّ يَوْمٍ خَمْسِينَ آيَةً »
“El Corán es un pacto de Al·lâh con Su creación, entonces, es adecuado que la persona musulmana observe su pacto con Al·lâh y lea de él cada día cincuenta aleyas.”
[27] Se transmitió del Imam As-Sâdiq -la paz sea con él- que dijo:
« كَانَ أَبِي (ع) كَثِيرَ الذِّكْرِ لَقَدْ كُنْتُ أَمْشِي مَعَهُ وَ إِنَّهُ لَيَذْكُرُ اللَّهَ وَ آكُلُ مَعَهُ الطَّعَامَ وَ إِنَّهُ لَيَذْكُرُ اللَّهَ وَ لَقَدْ كَانَ يُحَدِّثُ الْقَوْمَ وَ مَا يَشْغَلُهُ ذَلِكَ عَنْ ذِكْرِ اللَّهِ وَ كُنْتُ أَرَى لِسَانَهُ لَازِقاً بِحَنَكِهِ يَقُولُ لا إِلَهَ إِلاّ اللَّهُ »
“Mi padre abundaba en el recuerdo (a Dios). Yo solía caminar con él y él recordaba (a Dios), yo comía con él y él recordaba a Dios, él hablaba a la gente, y ello no le ocupaba respecto del recuerdo a Dios, y yo veía su lengua adherida a su paladar mientras decía: “lâ ilâha il·lal·lâh” – [No hay divinidad sino Dios]. Al-Kâfî, T. 2, p. 499, capítulo: “Recuerda mucho a Dios, Majestuoso e Imponente”, Ediciones Âjundî. Al-Mahaÿÿat al-Baidâ’, t. 2, p. 248, libro: “Los Recuerdos y Súplicas”, primer capítulo, Ediciones Ÿâmi‘ah al-Mudarrisîn, corregido por ‘Alî Akbar Gaffârî.
[28] Amâlî As-Sadûq, reunión 6, hadîz nº 4, Ediciones A‘lamî, Beirut. Y en él encontramos:
« أَكْيَسُ النَّاسِ مَنْ كَانَ أَشَدَّ ذِكْراً لِلْمَوْتِ … وَ أَعْلَمُ النَّاسِ مَنْ جَمَعَ عِلْمَ النَّاسِ إِلَى عِلْمِهِ »
“El más sagaz de entre la gente es aquel que recuerda a la muerte con más intensidad… y el más sabio entre la gente es aquel que incorpora el conocimiento de la gente al suyo propio.”
[29] En algunos textos, en vez de la expresión: “Y realizar el recuerdo consistente en cuatro golpeteos”, está: “Y realizar el recuerdo a Dios en forma manifiesta y oculta”. El fallecido Armûî consideró más correcta la segunda expresión. Referirse a: Zâd-e Sâlek, corregido e investigado por Muhaddiz Ârmûî, pp. 67-88, impreso en 1331, Teherán.
[30] Esta tradición, con algunas diferencias, ha sido transmitida en los compendios de tradiciones shias y sunnis. Bihâr al-Anwâr, t. 70, impreso en Irán, capítulo: “La Sinceridad”, p. 242, hadîz nº 10, de ‘Uiûn Ajbâr Ar-Ridâ; también en Bihâr al-Anwâr, t. 70, p. 249, hadîz nº 25.
[31] Sûra al-Qasas; 28: 83
[32] Sûra al-Kahf; 18: 103-104.
[33] Sûra Fussilat; 41: 29.
[34] Taqîiah: ocultar la verdadera creencia por temor, al estar en peligro la vida, bienes u honor propio o de sus próximos [N. del T.].
[35] Al-Kâfî, t. 2, p. 53, Kitâb al-Imân wal Kufr (Libro de la Fe y la Incredulidad), capítulo Haqîqah al- Imân wa al-Iaqîn (La Realidad de la Fe y la Certeza), hadîz nº 2:
« إِنَّ رَسُولَ اللَّهِ (ص) صَلَّى بِالنَّاسِ الصُّبْحَ فَنَظَرَ إِلَى شَابٍّ فِي الْمَسْجِدِ... فَقَالَ لَهُ رَسُولُ اللَّهِ (ص): كَيْفَ أَصْبَحْتَ يَا فُلانُ قَالَ أَصْبَحْتُ يَا رَسُولَ اللَّهِ مُوقِناً فَعَجِبَ رَسُولُ اللَّهِ ص مِنْ قَوْلِهِ وَ قَالَ إِنَّ لِكُلِّ يَقِينٍ حَقِيقَةً فَمَا حَقِيقَةُ يَقِينِكَ فَقَالَ إِنَّ يَقِينِي يَا رَسُولَ اللَّهِ هُوَ الَّذِي أَحْزَنَنِي وَ أَسْهَرَ لَيْلِي وَ أَظْمَأَ هَوَاجِرِي فَعَزَفَتْ نَفْسِي عَنِ الدُّنْيَا وَ مَا فِيهَا حَتَّى كَأَنِّي أَنْظُرُ إِلَى عَرْشِ رَبِّي وَ قَدْ نُصِبَ لِلْحِسَابِ وَ حُشِرَ الْخَلَائِقُ لِذَلِكَ وَ أَنَا فِيهِمْ وَ كَأَنِّي أَنْظُرُ إِلَى أَهْلِ الْجَنَّةِ يَتَنَعَّمُونَ فِي الْجَنَّةِ وَ يَتَعَارَفُونَ وَ عَلَى الْأَرَائِكِ مُتَّكِئُونَ وَ كَأَنِّي أَنْظُرُ إِلَى أَهْلِ النَّارِ وَ هُمْ فِيهَا مُعَذَّبُونَ مُصْطَرِخُونَ وَ كَأَنِّي الْآنَ أَسْمَعُ زَفِيرَ النَّارِ يَدُورُ فِي مَسَامِعِي فَقَالَ رَسُولُ اللَّهِ (ص) لِأَصْحَابِهِ هَذَا عَبْدٌ نَوَّرَ اللَّهُ قَلْبَهُ بِالإِيمَانِ ثُمَّ قَالَ لَهُ الْزَمْ مَا أَنْتَ عَلَيْهِ ».
Por cierto que el Mensajero de Dios –las bendiciones y la paz de Al·lâh sean con él y su purificada familia- rezó con la gente la oración de la mañana y observó a un joven en la mezquita… El Mensajero de Dios (s.a.w.) le dijo: “¿Cómo amaneciste ¡oh fulano!”. Dijo: “Amanecí ¡oh Mensajero de Dios! siendo poseedor de certeza.” El Mensajero de Dios (s.a.w.) se sorprendió por sus palabras y le dijo: “Ciertamente que para cada certeza hay una realidad. ¿Cuál es la realidad de tu certeza?”. Dijo: “Mi certeza, ¡oh Mensajero de Dios!, es aquello que me atribuló, me hizo permanecer la noche en vela, e hizo languidecer mis miembros, de manera que mi alma se hastió del mundo y lo que contiene, al punto que es como si observara el Trono de mi Señor, que se ha constituido el Cómputo y las criaturas se han congregado para ello, estando yo entre ellos. Y es como si viera a la gente del Paraíso gozando en él Paraíso, reconociéndose y recostados sobre divanes. Es como si estuviera viendo a la gente del Fuego siendo castigados y gritando; es como si ahora mismo estuviera escuchando la espiración de Fuego que circunda mis oídos.” Entonces dijo el Mensajero de Dios (s.a.w.) a sus Compañeros: “Éste es un siervo cuyo corazón Dios ha iluminado mediante la fe.” Luego le dijo a él: “¡Mantén el estado que posees!” [N. del T.].
[36] Ver: Ihqâq al-Haqq, t. 1, p. 43, impreso junto a Asrâr al-Hukm de Hâÿÿ Mul·lâ Hâdî Sabzawârî, con explicaciones de ‘Al·lâmah Sha‘rânî, p. 20, impresiones Islâmîiah.
[37] Sûra adh-Dhârîât; 51: 56.
[38] Del Imam Al-Husein –que la paz sea con él-:
« أَيُّها النّاسُ إِنَّ الله جَلَّ ذِكْرُهُ ما خَلَقَ الْعِبادَ إِلاّ لِيَعْرِفُوهُ فَإِذا عَرَفُوهُ عَبَدُوهُ‏ »
“¡Oh gente! Ciertamente que Al·lâh -en-grande­cida sea Su mención- no creó a los sier­vos sino para que Le conozcan; así, cuando Lo conocen, Le adoran.” Tafsîr as-Sâfî, Faid Al-Kâshânî, t. 5, p. 75, en la explicación de la aleya 56 de la Sûra adh-Dhârîât. Impresiones de la Biblio­teca Sadr.
[39] Bihâr al-Anwâr, t. 15, p. 27. Historia del Noble Profeta (s.a.w.), cap. primero, hadîz nº 48, p. 28.
[40] Safînah al-Bihâr, nueva impresión de Astân-e Quds, t. 2, p. 704. Ver también: Nafs ar-Rahmân fî Fadâ’il-i Salmân, del gran narrador de hadices Mirzâ Husein Nûrî.
[41] Sûra an-Nisâ’; 4: 100.