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17.5.12

Aniversario del fallecimiento del Gran Ayatollah Bahyad



El Líder Supremo de la Revolución Islámica Ayatolá Seyyed Ali Jamenei, envió un mensaje de condolencias en ocasión del sentido fallecimiento del Gran Ayatolá Bahyat.

En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

A Dios pertenecemos y a Él seremos retornados.

Hemos recibido con mucha tristeza y pesar la noticia de que ha partido de este efímero mundo uniéndose a la misericordia divina el devoto sabio, el sublime jurisconsulto e iluminado místico, su eminencia el Ayatolá Hayy Sheij Muhammad Taqui Bahyat (que Dios santifique su alma inmaculada).

Tanto para mi persona como para todos los apasionados por aquel gran hombre, esto es una gran desgracia y una pérdida irreparable.

“Zaluma fil islam zulmatan la iasudduha shaiun” Cuando parte un sabio se produce en el Islam una brecha tal que nada puede cerrarla.

Esta eminencia era considerada uno de los más destacados sabios jurisconsultos de la actualidad, el gran maestro de ética y mística, así como fuente infinita de dones espirituales. El puro y brillante corazón de aquel devoto y piadoso era el lúcido espejo de las inspiraciones divinas y su perfumada palabra era la guía del intelecto y la práctica de los buscadores y los viajeros en el camino de la espiritualidad.

Doy mis más íntimos pésames a su eminencia el Imam Al-Mahdi, Remanente de Dios en la Tierra (que nuestras almas se sacrifiquen por él) y expreso mis condolencias a los destacados sabios, los majestuosos Maryas (sabios, fuentes de emulación), a sus alumnos, a sus apasionados y a los beneficiados con su cálida alma y en especial a su estimada familia y a sus valiosos hijos. Asimismo ruego a Dios altísimo consuelo para mí y para otros dolientes y ruego misericordia y perdón para el inmaculado espíritu de aquella eminencia, .

Uassalamu alaihi ua rahmatullah (la paz sea con él y la misericordia divina)


Seyyed Ali Jamenei

17 de mayo de 2009 /27 de Ordibehesht de 1388/23 de Yamadi ul ula de 1430

Página de Ayatollah Bahyat www.mtb.ir/fa/

16.5.12

“Una Descripción del Saber y Conducta del Imam Jomeini”


QOM, Irán. (ABNA) — Algo que ha de separarse de otras cuestiones a considerar, es la proximidad y el conocimiento que hemos de tener del guía de la revolución islámica Hadrat Imam Jomeini.
Aiatul•lâh Yavadí Amolí

“Una Descripción del Saber y Conducta del Imam Jomeini”
Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) — En la época que desde la hauzah de Teherán me trasladé a la de Qom, sus clases de Principios de Jurisprudencia (usûl al-fiqh) daban lugar a una aglomeración de eruditos. Desde aquel entonces, ya era un hombre de sólida formación en leyes y un espiritualista profundo. Supo combinar las cuestiones en torno a los principios de jurisprudencia, que son parte de las ciencias auxiliares en las ciencias religiosas, con principios intelectuales y con el criterio común de las personas; en un acerado análisis en el que sólo dejaba lugar a lo que no bajaba del límite de lo concluyente, que es lo que influye en las ciencias inductivas.

Era un hombre con un fino temperamento y una persona completa que perseveraba manteniendo sus esfuerzos. Sus exposiciones en las clases eran sólidas, tanto como sus comentarios marginales, es así que, sobre las materias del derecho, tuvo una opinión siempre clara y firme no dejando lugar nunca a ambigüedades o vacíos. El discurso de cada persona es un intérprete de su intelecto; la suficiencia del suyo evidenciaba su equilibrio y firmeza.

El comportamiento de Hadrat Imam Jomeini como profesor fue tal que el alumno tenía libertad e independencia, puesto que así -independiente y libre- era su propio temperamento. Censuraba con firmeza el comportamiento de algunas personas que consideraban una forma de talento el relacionarse con personas comunes y lograr beneficios mundanales por el intermedio de éstas. Reprochaba este proceder tanto en el transcurso ordinario de la clase, como en las charlas que daba tras las lecciones.

Un aspecto importante de la piedad de Hadrat Imam era su temperamento libre intelectualmente hablando. Nunca se complacía o lamentaba ante la prosperidad o la adversidad. Era un talabeh entusiasmado en el devenir de las ciencias con un espíritu elevado y superior.

Anualmente, y de forma especial al final del año académico, en los días benditos del mes de Ramadán y de Muharram, o en las vacaciones estivales, aconsejaba a los estudiantes. Sus consejos eran por sí mismos una clase que contemplábamos con el mismo criterio con que lo hacíamos con el programa oficial, que él ampliaba, tanto en los contenidos como en el espíritu de estudio.

Sus palabras eran las de un sabio prudente y espiritual, que hablaba tras entender y asumir interiormente un concepto, razón por la que su discurso llegaba a las profundidades de las personas.

No se dejaba engañar por ningún simulador o adulador. Para sus propios hijos no consideraba más atención que la necesaria, incluso para Aiatul•lah Mustafa Jomeini, siendo éste ya un hombre maduro y formado. No permitía que nadie interviniera en sus asuntos personales.

Su comportamiento sereno y gallardía causaban la atracción de los estudiantes.
El fallecimiento del Aiatul•lah Buruyerdi (que Dios santifique su morada), así como produjo un vacío también fue causa de una controversia, pero este gran hombre trató de mantenerse alejado de la escena. De esa forma, él llenó ese vacío mediante la moral divina. El Imam no invocó ningún liderazgo, pero al llegar los actos de la revolución, fue el mismo liderazgo el que fue en su búsqueda.

Encontrándose en Nayaf le pidieron permiso a Imam Jomeini para traducir al urdu su risâlah y enviarla a Pakistán. Él preguntó: “¿Acaso no disponen allí de otras risâlah?”. Le dijeron: “Por supuesto. Tenemos las de varios Marya’.” Hadrat Imam dijo: “Entonces esas son suficientes”.

En aquel largo período tanto los amigos como los enemigos se convencieron que él actuaba sólo para Dios, Glorificado Sea, Quien, sin duda alguna, protegió a esta persona (lo que por otra parte es más que evidente frente al mundo).

Luego del fallecimiento de Aiatul•lah Hadrat Buruyerdi, las autoridades religiosas de aquel período se hicieron responsables de los asuntos económicos de los talabeh, pero este gran faqîh se hubo de ocupar sólo de impartir enseñanza y educación. Eso fue así hasta que llegó un período electoral para las municipalidades y provincias, en las que hubo un nuevo proyecto del imperialismo que se planteaba en nombre de la libertad de la mujer, y que en realidad es la causa de la esclavitud femenina. Tras esto, poco a poco, hubo de surgir la vanguardia del levantamiento. Hubo una reunión en la que asistieron bastantes ‘alama’ y se estableció un criterio común, pero él, en sus propios comunicados y posturas, manifestaba directamente que atacaba a la raíz de la corrupción.

Recuerdo que algunas de las autoridades de Qom telegrafiaron al Sha para pedirle que obligue al Estado a dejar de lado ese tipo de desvíos religiosos. El Sha, como respuesta a aquel telegrama escribió: “Yo os deseo éxitos en vuestra tarea de guiar a las gentes en su religión”. Entonces, aquel profesor excepcional que fue Imam Jomeini cogió la pluma y en torno a ese comunicado escribió: “Te comunico a ti y a tu gobierno que eres pueblo y por tanto susceptible de ser guiado y orientado”.
Este tipo de sutilezas y ataques precisos era algo que los demás no se sentían capaces de realizar, puesto que el sólo hecho de leer esos comunicados causaba temor. De esta forma, poco a poco se dio inicio al período revolucionario. Corría el año 1342 H. S. Entre comunicados, telegramas, idas y venidas, mensajes telefónicos, disculpas, órdenes e indicaciones, llegó el día 25 de Shawual de 1372 de la Hégira lunar, correspondiente con el 2 de Farvardin de 1342 (22 de marzo de 1963), día del aniversario del martirio de Imam As-Sadiq (P). En la Escuela Feizîiah se inició la inolvidable tragedia perpetrada a manos de los esbirros del régimen corrupto de los pahlevi, al cometer la matanza de los estudiantes de la misma, así como de estudiantes de la Hauzah que estaban presentes en los actos. En aquel momento, los demás, viendo aquella brutalidad, temerosos, callaron, pero Hadrat Imam tomó la pluma y condenando al gobierno dijo: “Habéis dejado poca cosa a Gengis Khan”. Este comunicado aportó ánimo renovado a la Hauzah y a todo Irán.

El Imam aportó vitalidad a los espíritus y les dio fulgor. Revivificó las ciencias religiosas, y Dios, Glorificado Sea, por su parte, le concedió ayudas ocultas y excepcionales. El temor a la muerte desapareció con él; se disipó el temor a la cárcel, a ser desposeído, al exilio; el temor a la intimidación no encontró espacio en la Hauzah con él; ese miedo fue desechado por el mejor de los argumentos: « ¿Acaso no es cierto que los amigos de Dios no sienten temor ni se atribulan?» Iunus: 10: 63)

Esto lo suscribió con su comportamiento espiritual e intelectual; no temió ni atemorizó, fluyó e influyó. Hubo individuos que temieron y que atemorizaron, los hubo que se mantuvieron apartados o que condicionaron a los demás, pero el Imam vino a escena e instó a las gentes a ese mismo espacio. No temía ni atemorizaba, y aconsejó a los demás no temer. Decía: “La persona está viva para encontrarse con la faz de Dios. ¿Hay algo mejor que esto, que encontrar la faz de la verdad mediante el martirio?”. Él inspiró esta vitalidad a la Hauzah ‘Ilmîiah, devolvió notoriedad al Qom anquilosado, desempolvó el Corán para devolverlo a la sociedad, realzó la tradición profética acallada e hizo de la religión obsoleta una religión vigente y actual; de las normas divinas extrajo una ley capaz y comprensible y la aplicó en el ámbito de la sociedad. Tomó en una mano las joyas (de la religión) y en otra la espada, con esas joyas iluminó las hauzas y a las gentes de Irán, así como a los demás musulmanes del mundo, y con la espada -su pluma- dio un mensaje de revitalización de aquellas joyas; dio nueva vida a los anhelos de ser martirizado. Hizo evidente para todos que el alma es aquello que sirve para darlo por la redención, y que la religión vale lo suficiente como para llegar a dar por ella la vida.

De forma que contraer dificultades, esperar sacrificios, ser exiliado, prever la cárcel, la deportación, o la exclusión por causa de un principio religioso, fue asumida por maestros y dirigentes, así como por los estudiantes de ciencias islámicas.

El Imam en su manifiesto a la Hauzah ‘Ilmîiah en el bendito mes de Ramadán indicó que la difusión de las leyes divinas era el camino para preservar del peligro a los necesitados de protección.

De igual forma, en sus alocuciones y escritos, previno sobre los peligros del Sionismo diciendo: “Mientras este peligro esté ahí, el Islam seguirá muerto. El Islam volverá a vivir cuando este veneno mortífero quede fuera de la tierra islámica de Irán”. Puso énfasis en que el régimen pahlevi estaba conectado con América y el Sionismo y que mientras continuase en el poder, las gentes no tendrían bienestar ni éxito, no se liberarían de los peligros de la corrupción, ni obtendrían beneficiosos espirituales.

En base a estas estructuras espirituales, Hadrat Imam progresivamente introdujo el pensamiento, en todos los ámbitos, de que el Islam debía ser revitalizado como el agua que refuerza la rama marchita y hace posible que prospere. Por supuesto, que el agua llega a la planta y ayuda a que ésta florezca y verdee; luego la propia planta progresa y ofrece su sombra, la cual se proyecta cada vez más. El agua que penetra en la rama la arraiga. De esta forma, la sangre penetra en las bases de la religión y la hace crecer: «Y no penséis que los que han caído por Allah hayan muerto. Por el contrario, viven y están siendo agraciados junto a su Señor» (Aal Imran: 3 : 169)

Vuestra sangre no desaparecerá, sino que será resucitada cuando se produzca la compensación de las cosas, donde vuestro resarcimiento será el encuentro con la Faz de Dios. De esa forma, la religión es resucitada y su bendición permanece.

Él revivió este pensamiento en la Hauzah ‘Ilmîiah. El rumbo de la Hauzah se convirtió en aquel de los talabeh mártires, y su lucha en lo que luego llegó a ser la Revolución Islámica. A causa de esto, se incrementó considerablemente el número de detenciones y encarcelamientos durante los días correspondientes a los meses de Ramadán y Muharram, y correlativamente, en estos dos meses los delitos de orden social fueron estadísticamente menores; en cambio las transgresiones de carácter político, las condenas y las detenciones, así como las deportaciones, se incrementaron en estos períodos. De igual forma, en los meses de Ramadán y Muharram se prohibió a los ‘ulama’ escribir y hablar en público. Este país mantuvo el Libro y la Tradición. El bendito mes de Ramadán, en el transcurso del cual fue revelado el Corán, protegió al país, al igual que lo hicieron los meses de Muharram y Safar en los cuales se derramó la sangre del Imam Husain (P) para revivir la religión. Ello fue una protección para nuestra nación. En realidad lo fueron el Corán y la Pura Descendencia, que juntos constituyen dos bases esenciales establecidas por el distinguido Profeta (BP) cuando dijo: “Dejo entre vosotros las dos tesoros: el Libro de Dios y mi Descendencia”.

Estos dos elementos básicos fueron los que preservaron, si bien necesitaban un vocero. Ese vocero no fue otro que el gran líder de la Revolución Islámica Hadrat Imam Jomeini (que Dios santifique su morada), quien sacó al Corán y a la Sunnah y Descendencia del Profeta de su condición de extraños y apartados en que se encontraban, ubicándolos en el ámbito de la práctica. De esta forma, trajo este discurso desde la nostalgia y desde la distancia histórica, y nos dejó en este camino de obediencia a los dictados divinos y de entrega de la sangre, hasta recuperar el Islam de la simple evocación, y vuelva a su propia tierra, pues la tierra del Islam son las entrañas de los musulmanes. Los desterrados hicieron que el Islam se afianzara. Vivir furtivos hizo que el Islam se manifestara. Sufrir penalidades hizo que el Islam se acercara a los corazones. Estas bondades fueron producto del liderazgo de ese gran maestro, a quien deseamos que sea resucitado junto a las almas de los profetas y de los próximos de Dios.

Por supuesto, los otros guías religiosos -profesores y ‘ulama’- también emitieron y firmaron comunicados, y cada uno en su turno sufrió penalidades. Ellos también fueron objeto de insultos, daños y humillación, y desarrollaron actividades que evidenciaban que estos líderes religiosos no dejaron sólo al artífice de la revolución; es por eso que el día 25 de Jordad de 1343 cuando el Imam fue liberado y se trasladó a Qom, desde el mimbar de la mezquita A’dzam dijo: “Beso las manos de los marya’-ut taqlid”, puesto que vio en ellos condescendencia, compañerismo y aprobación en el discurrir. Aunque entre todos ellos el Imam Jomeini tuvo un lugar especial y un grado elevado, por lo que ha de ser estimado separadamente de las demás personalidades de su tiempo.

El régimen opresor del Sha, para debilitar las hauzas, desarrolló muchos esfuerzos para atraer a sus eruditos. En aquel momento, la intención del régimen de los tiranos pahlevi fue “debilitar a los teólogos”, para que, al mismo tiempo que las hauzas se debilitaran, se relacionaran a los grandes ‘ulama’ con el régimen. Se aproximaron a algunas de las personas más relevantes de entre estos, como el difunto Farzaneh, quien se contaba entre las personas más salientes en filosofía y ciencias inductivas en Isfahán, a quien invitaron a enseñar. Él se desmarcó de tal oferta diciendo: “En la actualidad me encuentro débil y sin fuerzas para la enseñanza, pues ya estoy viejo e incapaz para la asistencia regular a las clases”. Cuando se desalentaron de seguir insistiéndole, se dirigieron al difunto Aiatul•lah Muhammad Taqî Amolí -que fue comentador del Misbah Al-Huda y anotador del comentario del Mandzûmah- a fin de que enseñase en la universidad las ciencias argumentales y transmitidas. El difunto Aiatul•lah Amolí manifestó: “Ellos no quieren enseñanza, pretenden desprestigiarnos. Yo les di mis excusas explicándoles que mi estado no permitía aceptar tal proposición. Dijeron entonces: Si usted no viene a la universidad, cada semana un día, traeremos a los universitarios a su casa para que les imparta clases -en aquella época no era imaginable que esto llegase a ser así-”. Él contó: “Al ver que no tenía escape, rogué la intercesión de los catorce Inmaculados (P), de forma que prometí catorce salawât (bendiciones al Profeta y su familia) para que esa gente dejara de molestarme, puesto que de otra forma yo debería partir de allí. Por gracia divina esos salawât surtieron efecto y en virtud de ellos no volvieron a molestarme”.

Después de esto se dirigieron al difunto ‘Al•lâmah Rafi’î, quien, como era entrado en años, tenía una gran reputación y muchas personas notables tomaban clases con él. Les dijo claramente en un verso categóricamente, que no colaboraría.

En estas referencias hasta ahora expuestas puede comprenderse a lo que hubo de enfrentarse el Imam Jomeini. En aquellos días la asfixia a la que se sometió a las personalidades más importantes de las ciencias islámicas no dejaba otro camino que el de la intercesión y la súplica. El difunto Aiatul•lah Muhammad Taqî Amolí, desde su infancia había conocido las penalidades a causa del exilio del que fue objeto su padre. Antes de Reza Jan se pretendió ejecutar a Mol•la Amolí, como ya lo habían hecho con Aiatul•lah Fadlul•lâh Nûrî, pero como la sangre de éste afectó fuertemente a la sociedad, no se atrevieron a asesinarlo, sino que lo exiliaron por largo tiempo.

Ante estas dificultades y presiones, Imam Jomeini se levantó y transformó todo el sistema; es por eso que si alguien siguió el camino del Imam su acción fue muy loable, pero es el Imam el que realizó la tarea más importante. Él fue el primero que, en la época contemporánea, pudo levantarse contra el régimen tiránico y, con la ayuda divina, sepultarlo en el olvido.


Traducción: H A F G

Sheij Issa Qassem: «La Destrucción de Mezquitas es una Guerra Declarada Contra la Religión»


MANAMA, Bahréin. (ABNA) - Durante la reapertura de la mezquita Salman Al Farsi, el líder de los shiítas bahreiníes ha declarado que la destrucción de mezquitas por los Ale Jalifa, como una guerra declarada contra la religión.

Sheij Issa Qassem: «La Destrucción de Mezquitas es una Guerra Declarada Contra la Religión»
Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) —  De acuerdo al sitio informativo Al Alam, durante las ceremonias realizadas en el distrito Al Navidrat en Bahréin, el ayatolá Sheij Issa Qassem, líder de los shiítas bahreiníes señaló: «Todos los musulmanes respetan las mezquitas ya que se encuentran entre los simbolos evidentes del Islam, símbolos que gozan de una posición privilegiada.»
El ayatolá Sheij Issa Qassem, agregó: «La destrucción de mezquitas está prohibido y es una guerra declarada contra la religión. De igual forma impedirle a los creyentes realizar sus actos religiosos en las mezquitas.»
El alto líder de los shiítas bahreiníes, precisó: «Apropiarse de las mezquitas de 100 años de antigüedad es ilógico y estas pretensiones abren la vía a la destrucción de otras mezquitas.»
«La reconstrucción de las mezquitas demolidas es un deber del gobierno y de la nación y en el caso de abstención del gobierno, el pueblo no debe rechazar esta responsabilidad», precisó él.
Hay que recordar que las fuerzas del régimen de Ale Jalifa respaldadas por Arabia Saudí habían destruido la mezquita Salman Al Farsi en Al Navidrat junto con otras mezquitas locales y husseiniyas.

“El Esplendor Silente del Sheij Bahyat ”


LIMA, Perú. (ABNA) — La partida del último wali, considerado el signo de la verdad y pilar del gnosticismo imamí.
Yibril ibn Mekkah

“El Esplendor Silente del Sheij Bahyat ”
         El gran signo de Al-lâh, Hajj Sheij Muhammad Taqi al-Bahyat Fumani, nació en 1915 en Fuman al norte de Irán y falleció en el 2009 en la ciudad de Qom. Su tumba yace en el interior del Santuario de Fatimah Masumeh (as). Siendo su partida el cierre último de la cadena gnóstica y tradicional del Shiísmo  duodecimano.

       Desde muy joven se empeña en estudiar religión y realiza sus estudios introductorios al árabe, lengua litúrgica por excelencia del Islam. Viaja a Iraq a la edad de 14 años y visita por primera vez la tierra mártir y sagrada de Karbala, a los 18 años de su edad se traslada a la famosa madrasah de Nayaf en donde tuvo la oportunidad de estudiar con los mejores profesores y sabios del mundo shiíta. Estudió usul al-din (principios de la religión) con los sabios religiosos Sheij Abul Hasan Isfahani, Sheij Mirza Na’ini y el Sheij Muhammad Hasan Gharawi Kumpani.

 También dedicó estudios en fiqh (legislación y derecho islámico) con el sabio jurisprudente Sheij Mirza Muhammad Taqi Shirazi. Y asimiló la filosofía aviceniana conjuntamente con la tesís filosófica de Molla Sadra con el Seyyed Hasan Badkubeyi.

       Al mismo tiempo que asistía a los niveles intermedios y superiores de los estudios religiosos fue muy indagador en su  busqueda de instrucción espiritual y encontró en los maestros al Sheij Muhammad Hasan Isfahani y al Seyyed Abdul Ghaffari la senda del conocimiento gnóstico. Sin embargo, es en esta ciudad iraqi de Nayaf en donde encontrará al gran maestro espiritual de todos los tiempos el Seyyed Mirza Ali Qadi, considerado como el Ghawth y afamado como uno de los polos temporales de la gran cadena gnóstica del Shiísmo imamí, con quien permanecerá ligado por muchos años aprendiendo y recibiendo las instrucciones especificas de los secretos mistéricos de la senda gnóstica. A sus 30 años de su edad, el Sheij Bahyat vuelve a Irán y se establece definitivamente en la ciudad de Qom, continuando sus estudios  como alumno especial del Sheij Buruyerdi. El rango espiritual del Sheij Bahyat fue muy elevado en este camino, en donde atravesó muchas de las estaciones místicas logrando la proximidad con el Amado Eterno.

       Desde su juventud el Sheij Bahyat se ocupó constantemente de la purificación interior de su alma y de su autoconocimiento que en sus instrucciones éticas insistía siempre a sus alumnos que uno debe esforzarse al máximo en este camino y renunciar al mundo y a sus apetencias abandonando sus banalidades a fin de progresar en la lucha contra las demandas interminables de nuestro ego. Como un gran combatiente, el Sheij Bahyat demostró casi siempre que este esfuerzo continuo desarrolla la fortaleza moral interna del hombre que puede lograr la victoria sobre la inmoralidad en una guerra santa suprema contra los propios deseos e inclinaciones mundanas de lo éguico. Por ello dicen los awliya (amigos y amados de Al-lâh) “A quienes tienen apego a este mundo les está vedado el otro mundo; a los del otro mundo les está vedado éste. Al wali, ambos mundos le están vedados”.

       El Sheij Bahyat pasaba las noches en Nayaf en completa soledad como un perfecto asceta, profundamente dedicado al desvelamiento y a la contemplación divina. Nunca desperdició ni un minuto de su tiempo, nunca participó de reuniones frívolas y vanas y nunca interfirió en las actividades de los demás. Fue muy reservado y no le gustó revelar nada de sí mismo del carisma y la bendición de Al-lâh que le había concedido en esas noches de Nayaf. Sin ninguna duda, los amigos y amados de Al-lâh siempre contemplarán la realidad de aquel mundo, obteniendo la fuerza espiritual necesaria que el resto de la gente no puede ver por estar sometidos y absorbidos por la materialidad y la concupiscencia de este mundo oscuro.

       Los awliya dicen que el hombre debe alcanzar la perfección, para poder contemplar a la perfección absoluta en su totalidad, a traves de su visión interior, capaz de percibir lo universal. Por ello estos walis transitarán a menudo las cimas lumínicas en la cercanía de lo Providencial.

       El Seyyed Allameh Muhammad Hussein Tehrani en su libro Anwar al-Malakut (el óceano de los ángeles) escribe una anécdota al respecto: El Sheij Abbas Quchani, sucesor espiritual del gran maestro místico Seyyed Mirza Ali Qadi (Que Al-lâh todopoderoso este complacido con ellos) dijo que mientras estaba en Nayaf veía como el Sheij Bahyat iba a menudo a la mezquita Sahlah y pasaba las noches dedicado al dikhr (mención de Al-lâh) como atracción y contemplación a lo divino. Una de esas noches, las luces de la mezquita no se activaron por motivos ajenos, el Sheij Bahyat necesitaba salir para renovar sus abluciones, salió y se dirigió hacia el lugar del cuarto de la ablución al este de la mezquita. De pronto en medio de la oscuridad mientras caminaba aparece de la nada una luz sobre él, iluminándole claramente el camino. Después de sus abluciones el Sheij Bahyat se dirigió nuevamente a la mezquita y esta centella lumínica que le acompañaba en el camino, se fue difuminando poco a poco.

       El Sheij Bahyat fue un wali de nuestro tiempo, fue un amante de la verdad última del hombre, fue un nato seguidor y cultivador de la esencia pura de la gnosis. Vivió una vida simple y sencilla, sometido a la carestía de lo mundano, comprendiendo que la verdad de su existencia es la pobreza espiritual.

Parafraseando un dicho del Profeta Muhammad (saws) que dijo: “La pobreza es mi honor, he sido honrado sobre los demás profetas con pobreza espiritual”.
       Su casa fue antigua y austera que estaba cerca a la mezquita Fatimiyyah al final del bazar iraqi de Guzar Jan en Qom, en donde los últimos años de su vida dirigió allí las plegarias del mediodía, y en donde muchos maestros y discípulos venían a rezar detrás de él, describiendo esta experiencia religiosa como única y edificante. Cuando el Sheij Bahyat iniciaba la oración del mediodía, las lágrimas brotaban y recorrían sus mejillas que con frecuencia hacia pausas para controlar su llanto porque su voz se situaba entre la emoción y el temor en presencia del Altísimo Amado. La devoción atraía su corazón hacia el Amado Eterno y la realidad de su devoción era la constancia en mantener su atención fija en el Señor de los mundos.

       Una de sus máximas era que si los gobernantes y reyes de este mundo supieran del disfrute espiritual que se experimenta en la oración, jamás irían tras el mundo y sus deleites. Un aforismo místico nos dice: “Si el Altísimo nos ha dado la vida y la existencia mediante su Ser, tambien yo le doy la vida conociéndole en mi corazón”. Esta idea se fundamenta y se impone casi siempre en el místico como un servicio divino que consiste en alimentar su propio ser con toda la creación a su Señor de amor. La oración es la forma más elevada del acto culminante de toda teofanía. Así, la función de la oración es compartida entre Al-lâh y el hombre, por cuanto la creación como teofanía es compartida por aquel que se muestra y aquel a quien se muestra de este modo, la oración es un momento, una recurrencia por excelencia de la creación.

       El Sheij Bahyat decía que nuestras vidas constantemente llegan a su final con la muerte y aún así no hemos llegado a experimentar la dación de la dulzura de nuestros actos de adoración, especialmente la oración que nuestros Imames infalibles (as) nos han descrito. Ahora, el acto de adoración tiene dos requisitos previos a decir del Sheij Bahyat, uno exterior a la oración, en donde el creyente tiene que abstenerse totalmente del pecado y no ensuciar su corazón con la desobediencia, porque el pecado roba la luz del corazón. Y el segundo requisito que pertenece propiamente a la oración en donde el creyente debe rezar creando una barrera imaginal alrededor suyo, para que no puedan entrar los pensamientos oscuros que lo distancien de su diálogo con el Altísimo. No debe permitirse que los pensamientos se alejen incluso un instante de lo Eterno. Para lograr un control absoluto de los pensamientos durante la oración adquiriendo la presencia del corazón en ello, uno debe controlar los cinco sentidos durante el día y tener mucho cuidado con lo que se permite ver, escuchar, oler, comer y hacer, y de esa manera se logrará lo que buscamos durante la oración que permitirá alcanzar la presencia siempre despierta de la mente y el corazón. El Sheij Bahyat decía a menudo: “De la cantidad de oraciones que están bajo nuestras manos, deberíamos poner atención a las oraciones que está bajo la mirada de Al-lâh”.

       El Sheij Bahyat también nos comenta que la oración simboliza la Ka’aba (lugar sagrado de peregrinación islámica), es decir el lugar de concentración entre el fiel y su Señor, el Takbirt ul-Ihram (declaración inicial de la oración) es el pronunciamiento supremo a lo divino, sinónimo de dejar de lado todo lo que no sea su Señor y entrar en su santuario, el Qiyam (estado de permanecer erguido durante la oración) representa una conversación entre el fiel y su Señor, el Ruku (inclinación del cuerpo durante la oración) simboliza la inclinación de respeto del fiel frente a su Señor y el Suyyud (postración con la frente durante la oración) es la manifestación definitiva de humildad y de carencia de poder del fiel ante el Señor de los mundos y cuando el fiel regresa de una oración así, el saludo de paz final le remite nuevamente al recuerdo de su Señor de amor.

       Esta es la idea que nos remite al pathos de lo divino como una pasión transitiva entre la relación del fiel amante y su Señor Amado. Este simpatetismo humano-divino hace solidarios en su Ser mismo la conversión del Señor divino volviéndose hacia su fiel de amor en constante reciprocidad de unión mística. Por eso los awliya han bebido del manantial de la realidad de acuerdo con sus propias capacidades y aptitudes innatas. El conocimiento y la distinción del estado interior de un wali, solo al Altísimo Señor le es posible ya que nadie salvo El les conoce. En una tradición profética Al-lâh nos dice: “Mis walis (amigos, amados) están bajo mi manto y salvo Yo, nadie les conoce”.

       El Seyyed Allameh Muhammad Hussein Tehrani nos describe su experiencia personal con el Sheij Bahyat: Un día tuve la visita del Sheij Bahyat en la santa ciudad de Mashhad y señaló en su conversación algo que no se puede interpretar, salvo la amistad propia de los secretos con los asuntos ocultos. Días después tuve un ataque al corazón en el mes de shawwal de 1413 de la hégira, dormí cuatro noches en la unidad de cuidados intensivos y nueve noches en la unidad de enfermedades generales del hospital Qaim de la santa ciudad de Mashhad. Al poco tiempo recobré mi salud y el hospital me dió de alta por mi mejoría, volví a casa y comencé mis estudios e investigaciones académicas. Me visitó nuevamente el Sheij Bahyat con uno de sus estudiantes y no había nadie en nuestra casa, excepto yo y mi hijo mayor. Sabía que el Altísimo Al-lâh me había permitido realizar el Tahajjud (oración de la noche) y el Qiyam de la noche antes de ser afectado por esta dolencia al corazón, así que dejé de hacerlo durante mi enfermedad. Después de regreso a casa deje de realizar este acto debido a la pereza, a la indiferencia y a la falta de determinación, a pesar de que se usa para mantenerse despierto durante largas horas de la noche. Cuando el Sheij Bahyat vino a visitarme me dijo sin ningún tipo de introducción “El Qiyam durante la noche es el transporte de la noche”. Luego permaneció en silencio y no dijo nada. La charla trató de otros asuntos, pero el Sheij Bahyat volvió a la conversación anterior y dijo: “Yo vi en el Bihar al-Anwar esta tradición, el Altísimo Señor ha escrito esto en su libro perfecto”.

       A diferencia de la mayoría de los hombres que no poseen ninguna idea de la existencia de los acontecimientos del mundo interior por estar encadenados a sus apetencias pasionales y aferrados a una moral desequilibrada; sus pensamientos y sus percepciones tienen como consecuencia  la de ser imperfectos distándose de ser verdaderos. El Sheij Bahyat había alcanzado un grado espiritual que por la gracia Divina le permitía con frecuencia ser testigo de acontecimientos pertenecientes al mundo oculto de los sentidos. Una de sus prácticas continuas era uno de los dikhr de los 99 nombres divinos de Al-lâh denominado Sattar al-uyub (El que oculta los defectos) que constantemente lo repetía cuando caminaba por las calles o cuando permanecía sentado. Este es el punto de vista en donde se considera que en cada Profeta, en cada Imam y en cada Wali predomina un atributo divino y en donde cada uno de ellos es la epifanía y el símbolo de un atributo divino en particular.

       Un día uno de sus estudiantes del Sheij Bahyat había cometido una falta consigo mismo que recitaba continuamente este dikhr, lo cual lo había guardado en secreto por un tiempo. Cuando estuvo frente a la mirada del Sheij Bahyat, el Sheij le dijo sin ningún miramiento: “Sattar al-uyub”. El estudiante se sonrojó y quedo totalmente desconcertado ante las palabras de su maestro que descubrió su estado interior. Al respecto el filósofo Mesbah Yazdi nos comenta que el Sheij Bahyat a menudo entraba en el plano donde es testigo de muchas cosas ocultas a los sentidos corporales y siempre veía la naturaleza real del alma de quienes se sentaban a su alrededor y por esa razón él invocaba al Altísimo este dikhr, para que los secretos de las personas no le sean revelados. Esto suele suceder siempre a los siervos cercanos de Al-lâh, quienes perciben directamente los misterios de la verdad absoluta, y como dice el Sagrado Corán: “Solo los puros pueden percibir la verdad” (Sura 56, aleya 79).

       La humildad absoluta de los walis es tal que no quisieran ver nada ni hacer nada que pueda llevarles a sentir un mínimo de su ego. A cambio de esta humildad, el Todopoderoso les concede el mayor conocimiento y el alcance de los grados extáticos. Sin duda alguna, para el creyente que se esfuerza sinceramente en lograr la proximidad a lo divino, el Altísimo mismo se convierte en su guía, y así lo vemos mencionado en el Sagrado Corán: “Y a quienes se esfuerzan por nosotros, ciertamente les guiaremos a nuestros caminos. En verdad, Al-lâh está con quienes hacen el bien” (Sura 29, aleya 69).

       Por otro lado, el Sheij Bahyat nos aconsejó que cuando uno llega a conocer completamente la Shari’at (ley literal) le permitirá conocer los resultados finales en el camino de la gnosis, como el abandono de los pecados, la observación de lo que es obligatorio, la práctica de lo que es recomendable, así como también, la recitación coránica en la soledad, el ayuno permanente y la asidua praxis de la adoración. A este respecto, el Profeta Muhammad (saws) dijo: “La ley literal son mis palabras, la senda son mis actos y la realidad es mi estado interior”.

       Así el creyente que busca el camino debe salvaguardar las manifestaciones de la ley sagrada exterior conjuntamente con las condiciones espirituales adquiridas y no debe manifestar estas cosas a excepción de aquellos que son dignos de ello. Por eso, en el Shiísmo se conserva este precepto: “No golpear en el rostro”, es decir, conservar el rostro exterior de la ley literal, no solamente por ser el soporte irremisible de los símbolos, sino porque es también la salvaguarda contra el libertinaje y la tiranía de los ignorantes.

       El Sheij Bahyat también fue un gran muytahid (sabio que posee la capacidad de discernir sus obligaciones legales con argumentos jurisprudenciales) de nuestro tiempo, pues vivió en la sociedad a la que sirvió y dirigió y fue el vehículo por el cual los discípulos y creyentes recibieron la guía correcta necesaria para sus vidas. De ahí, uno de los conocidos aforismos de los walis nos dice que: “Una de las primeras cualidades del hombre perfecto, debe ser la armonía y la paz con todo lo que le rodea”.

       La mejor Risala (tesís de leyes prácticas) de nuestro tiempo, sin ninguna duda fue la del Sheij Bahyat en donde nos dice: “La religión islámica ha sido construida sobre principios correctos y auténticos y contiene un código de comportamiento, así como normas para los más variados aspectos vitales. En las convicciones teológicas la imitación del muytahid no está permitida; no es necesaria para los actos y normas que no conciernen al ámbito de la convicción; no obstante, fuera de estas necesidades inapelables, si alguien es un muytahid deberá actuar sobre la base de sus criterios dogmáticos; pero quien no esté en ese caso habrá de actuar de acuerdo con la imitación de un muytahid, u observar una extrema precaución".

 En la referida definición del Sheij Bahyat se delimita dos espacios perfectamente comprensibles por separado: el de la convicción y el de los deberes para con ella, de forma que es éste segundo ámbito el susceptible de matización, y en el que hemos de ser cautelosos para recurrir a una opinión docta, si es que ésta está en condiciones de responder adecuadamente, ya que habrá de ser una temeridad comprometer a un sabio en un asunto que no puede dominar por su distancia con el lugar de implementación.

Si hacen falta opiniones sobre un contexto nuevo, en términos ideales, habrán de ser los naturalistas quienes las elaboren, y si no están cualificados, deberán educarse, para atender a lo que es una necesidad primaria, y mientras tanto, como indica la definición del Sheij Bahyat, actuar con precaución, lo cual no implica ni inmovilismo, ni remitir sistemáticamente el problema a otros, ni una sobrecarga de deber de comportamiento religioso, sino que la actuación, y su previa y consecuente reflexión sea sincera y que tenga por objetivo auténtico buscar la complacencia Divina, que en definitiva es el único sentido de nuestro discurrir terrenal.

Finalmente podríamos decir que el Sheij Bahyat nunca nació, ni nunca murió, ni nunca perteneció a ninguna cofradía, tan solo transitó este mundo como un fiel amante y devoto servidor hacia la realidad de lo Divino, en un silencio permanente y lumínico que lo caracterizó como el último místico y wali de Al-lâh de la cadena gnóstica del Shiísmo imamí.

11.4.12

¿QUÉ ES UNA LÁGRIMA?



¿QUÉ ES UNA LÁGRIMA?

¿No es verdad que los ojos expresan la verdad más que la lengua?

¿No son las lágrimas el más hermoso de los poemas y el amor menos torcido?

¿No reflejan la más apasionada fe, el más cálido de los deseos y el sentimiento más enfebrecido?

¿No son la más pura forma de hablar y la más sutil forma de amar?

Se mezclan todas estas cosas en un corazón de amor.

Se mezclan, se fusionan y forman una cálida gota.

Y a esto le llaman una lágrima.
Murteza Mutahari