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10.2.12

Aniversario del Nacimiento del Gran Profeta del Islam, Muhammad al-Mustafa (Bpd)

Felicitamos a todos los musulmanes y musulmanas de la Ummah en todo el mundo con ocasión de un nuevo aniversario del nacimiento del Noble Profeta del Islam, Hazrat Muhammad al-Mustafa (Bpd), quien nació en la ciudad santa de Medina al-Munawara el día viernes 17 del mes de Rabi’al-Auwal del año 53 antes de la Hégira (4 de mayo de 570 d.C.)

Aniversario del Nacimiento del Gran Profeta del Islam, Muhammad al-Mustafa (Bpd)
El Nacimiento y la Infancia del Profeta Muhammad (Bpd)
El nacimiento de la luz
La Ciudad de La Meca se había sumergido en la oscuridad y la envolvía un gran silencio. No se veían señales de vida ni actividad, únicamente la luna, como era costumbre, ascendía despacio por detrás de las negras montañas que rodeaban la ciudad, y extendía sus suaves y delicados rayos sobre los sencillos edificios y sobre el camino pedregoso que conducía a ésta.
Poco a poco llegó la media noche, una brisa suave y agradable cubrió el ardiente territorio el Hiÿâz y por un corto tiempo lo invitó a descansar, tan sólo se dejaba ver el brillo de las estrellas que iluminaban y brindaban placer a los ciudadanos.
Las aves madrugadoras así como las que pasan en vela la noche con voces placenteras alegraban las almas en ese ambiente paradisíaco, tal y como si se secretearan con su enamorado.
La orilla del horizonte de La Meca se encontraba en el umbral de la aurora, sin embargo, aun reinaba un silencio ambiguo sobre la ciudad.
Todos se encontraban dormidos, sólo Âminah Bint Wahab estaba despierta y sentía los dolores, dolores de la espera que poco a poco se volvían más y más intensos.
Repentinamente vio entrar en su habitación a unas damas agradablemente perfumadas, desconocidas y luminosas. Se encontraba atónita. ¿Cómo era posible que aquellas damas entraran en su aposento sin ella darse cuenta?[1]
Rompió el alba. No pasado mucho tiempo Âminah dio a luz a su querido niño, y por fin en la madrugada[2] del diecisiete del mes de Rabi’al-Auwal del año 53 antes de la Hégira (4 de mayo de 570 d.C.), se iluminaron sus ojos al ver a su esperado hijo.
Todos en la casa se felicitaron al enterarse del nacimiento del pequeño. El nacimiento de Muhammad había encendido el dormitorio de Âminah, obscurecido por el reciente fallecimiento de su esposo ‘Abdul.lah Ibn ‘Abdul Muttalib (545-570 d.C.), que al regreso de un viaje a Ash-Shâm (Siria) murió en Medina, en donde fue enterrado, dejando a Âminah sola y desconsolada.[3]

Muhammad (BP), el niño milagroso
Muhammad, llegó al mundo acompañado de extraordinarios acontecimientos tanto en el cielo como en la tierra, especialmente en el Medio Oriente que en ese entonces era el centro de la civilización. Fueron estos acontecimientos los que hicieron que el mundo se enterara rápidamente de la nueva noticia y puesto que este niño terminaría con las viejas costumbres y supersticiones y traería nuevas bases y fundamentos para la evolución y progreso de la humanidad, desde el primer día de su nacimiento hizo sonar la campana del “despertar”.
El palacio de Anûshîrvân (el sasánida Cosroes I el Grande que reinó entre 531-579 d.C.), que suponía su poder y monarquía sería eterno e impresionaba a quien lo miraba, la noche del nacimiento de Muhammad (BP) tembló y catorce[4] almenas de sus murallas se derrumbaron. Así también se apagó en un instante el templo del Fuego de los persas[5], que había ardido permanentemente durante mil años.
Las cenizas de su ídolo adorado fueron el vivo testimonio de la verdad que emergía señalando un nuevo camino. Las señales prodigiosas se multiplicaban. Los lagos de “Sâveh” (al S.E. de Eshtehard y S.O. de Danesfahân, Irán) se secaron repentinamente[6] haciendo que las personas de entendimiento se asombraran ante tantas prodigiosas coincidencias y reflexionaran sobre su significado.

Halîmah, la nodriza del pequeño Muhammad (BP)
Entre los árabes, durante muchos años fue costumbre que al nacer un pequeño, lo entregaran a un ama de leche que fuera de alguna de las tribus que habitaban en los alrededores de la ciudad, para que creciera en el ambiente puro y natural del desierto, aprendiera a hablar árabe con acento original[7] y el estilo puro que se conservaba entre los beduinos.
Por ello, y dado que Âminah no tenía leche suficiente para amamantar a su pequeño, Abdul Muttalib Ibn Hashim, abuelo y tutor de Muhammad (BP), pensó que lo mejor sería contratar a una mujer segura, digna y honorable para que se encargara de su querido nieto, el único recuerdo de su hijo. ‘Abdul Muttalib después de buscar e investigar escogió a Halîmah Bint Abi Dhu’ayb, mujer casta y virtuosa de los “Banî Sa‘d (clan conocido por su valentía y clara lengua) de la tribu de los Banî Haûâzan. Halîmah llevó a Muhammad (BP) a su tribu y cuidaba de él como si fuese su hijo.
Hacía tiempo que el clan de los Banî Sa‘d carecía de víveres. El desierto seco y la falta de lluvias habían acentuado su pobreza y carestía; pero desde aquel día que Muhammad (BP) llegó a casa de Halîmah, trajo consigo para ellos bienestar y abundancia. La vida, llena de carencias que sufrían, se convirtió en una existencia llena de felicidad y prosperidad, y los rostros pálidos de ella y sus hijos se volvieron lozanos y brillantes. Su pecho que estaba secó se lleno de leche, y los pastizales de los borregos y camellos de esa región reverdecieron, manifestando claramente el contraste con su situación anterior y la actual de las tribus vecinas.
Muhammad (BP) crecía más rápido que los demás niños, era el más ágil corriendo y hablaba sin defectos de pronunciación. Por donde iba lo acompañaban la abundancia y la bendición y los que estaban cerca de él fácilmente se daban cuenta de ello, inclusive lo confesaban; de tal forma que Hâriz, el esposo de Halîmah le dijo a ésta:
“¿Te has dado cuenta? Muhammad (BP) es un niño con una bienaventuranza especial. Y nosotros hemos tenido la buena suerte de tomarlo como ahijado”.[8]

Muhammad (BP) en un diluvio de acontecimientos
Apenas habían transcurrido seis primaveras[9] de la vida del generoso Muhammad (BP) cuando su madre Âminah lo llevó de viaje para visitar a sus familiares y la tumba de su esposo ‘Abdul.lah en el año 46 antes de la Hégira (577 d.C.).
Después de permanecer unos días en Medina en casa de su familia, y de visitar largamente la tumba de su amado esposo, en el camino de regreso, antes de llegar a La Meca su amada madre enfermó y falleció en un lugar llamado Abvâ’[10] región que se encuentre entre La Meca y la Ciudad de Medina— donde fue enterrada con ayuda de una de sus sirvientas. Tras lo sucedido, llevaron al pequeño Muhammad (BP) con su abuelo, de vuelta a La Meca.
Fue así como Muhammad (BP), a esa edad en que un niño está más sediento de amor y afecto, perdió a sus padres.

El rostro de Muhammad (BP).
Así como el nacimiento del Mensajero del Islam y los acontecimientos que sucedieron después de éste fueron extraordinarios, su infancia, su forma sorprendente adulta de expresarse y su formal comportamiento, lo hacían un ser excepcional entre los demás niños de su edad. ‘Abdul Muttalib, que conocía todo ello, mostraba a su nieto un sorprendente respeto.[11]
Abû Tâlib, tío de Muhammad (BP) decía: “Nunca he oído de Muhammad (BP) decir una mentira, ni visto acto indebido o tontería en él, nunca se ríe sin razón ni dice palabras sin sentido y la mayoría del tiempo lo pasa tranquilamente, alejado del bullicio y pasatiempos de los otros niños”.[12]
Cuando Muhammad (BP) cumplió los siete años, los judíos dijeron: “Hemos leído en nuestros Libros que el Profeta del Islam no ingiere de las comidas prohibidas y se abstiene de aquellas que duda, no está de más que le hagamos una prueba a este sorprendente niño, para saber a qué atenernos con él”.
Los judíos robaron un pollo y lo regalaron a Abû Tâlib. Todos en la casa comieron de éste ya que ignoraban que había sido robado. No obstante Muhammad (BP) ni siquiera lo tocó. Cuando le preguntaron la causa dijo:
“Dios, me cuida de aquello que es prohibido, y este pollo es alimento prohibido”.
En otra ocasión los judíos compraron un pollo al vecino, prometiendo que más tarde se lo pagarían, pero con la intención de no hacerlo, y lo llevaron de regalo a casa de ‘Abdul Muttalib. Esta vez, al igual que la anterior, Muhammad (BP) tampoco comió y dijo que tenía duda de que fuese lícita. Cuando los judíos se enteraron, quedaron atónitos y dijeron que ese niño poseía dignidad, conocimiento y posición muy alta y privilegiada.[13]
‘Abdul Muttalib, el jefe de Quraîsh, no trataba a Muhammad (BP) como a los demás niños, sino que tenía para él un trato y consideración muy especiales.
Cuando preparaban un lugar especial para ‘Abdul Muttalib —ya que era el guardián de la casa de Dios— cerca de la Ka‘bah, y sus hijos lo rodeaban, su gran personalidad impedía que alguien se acercase, sin embargo Muhammad (BP) no se dejaba dominar por esa suntuosidad, y directamente se dirigía al lugar especial donde se encontraba ‘Abdul Muttalib y se sentaba junto a él, acto que ninguno de sus hijos o de sus otros nietos se atrevía a hacer. Así, cuando los hijos de ‘Abdul Muttalib trataban de impedírselo, éste les decía: “¡Dejen pasar a mi hijo! ¡Juro por Dios, que él es dueño de una posición muy elevada!”
Entonces Muhammad (BP) se sentaba al lado del “Señor del Quraîsh” y se ponía a conversar con él.[14]

23.11.11

MUHAMMAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO





1. OBSERVACIONES PRELIMINARES
Através de este capítulo y los que le seguirán me propongo demostrar que la doctrina del Islam respecto a la Divinidad y al último gran Mensajero de Dios es perfectamente cierta y conforme a las enseñanzas de la Biblia.
Dedicaré el presente capítulo a discutir el primer punto y en los siguientes intentaré mostrar que Muhammad (1) es la verdadera consumación del pacto, y que en él y solamente en él están real y literalmente cumplimentadas todas las profecías del Antiguo Testamento.
Quiero dejar en claro que los puntos de vista expuestos en este capítulo y los que seguirán son absolutamente personales, y que yo soy el único responsable de las investigaciones en las Sagradas Escrituras Hebreas, para lo cual no tomé conceptos o criterios de nadie. Sin embargo no asumo una posición autorizada en la exposición de las enseñanzas islámicas.
No tengo la más mínima intención ni deseo de lastimar los sentimientos religiosos de los amigos cristianos. Siento un profundo respeto y quiero a Jesús, Moisés y Abraham de la misma manera que a Muhammad y a todos los otros santos profetas de Dios. (2)
Mis escritos no tienen la intención de provocar una disputa amarga, y por lo tanto sin sentido, con las distintas iglesias cristianas, sino que las invito a una amena y amigable investigación de todas estas importantes cuestiones con un espíritu amplio, de amor e imparcialidad. Si los cristianos desisten de su vano intento de definir la esencia del Ser Supremo y confiesan su Absoluta Unicidad, entonces la unidad entre ellos y los musulmanes no solamente es probable sino extremadamente posible. Porque una vez que la Unidad de Dios es aceptada y reconocida, los otros puntos de diferencias entre ambas doctrinas pueden ser zanjados más fácilmente.
2. AL.LAH (DIOS) Y SUS ATRIBUTOS
Hay dos puntos fundamentales entre el Islam y los cristianos que, por consideración a la verdad y la paz del mundo merecen una investigación muy seria y profunda. Como ambas religiones afirman su origen de una, y la misma fuente, se deduce que no debería existir ningún punto importante de controversia entre ellas. Ambas grandes religiones creen en la existencia de la Divinidad y en el Pacto entre Dios y el Profeta Abraham. Sobre estos dos puntos principales debería arribarse a un acuerdo totalmente conciente y final entre los adherentes inteligentes de ambas creencias. ¿Somos pobres e ignorantesmortales que creemos y adoramos un Dios, o vamos a creer en una pluralidad de dioses y a temerles? ¿Quién de los dos, Jesús o Muhammad, es la consumación del pacto divino? Estas dos cuestiones deben ser respondidas de una vez por todas.
Sería una pérdida de tiempo refutar aquí a quienes, ignorante o maliciosamente, suponen que Al.lah en el Islam es distinto del Dios verdadero y solamente una deidad ficticia, creada por Muhammad. Si los sacerdotes y teólogos cristianos conociesen sus escrituras en el idioma hebreo original, en vez de por traducciones, de la misma manera como los musulmanes leen su Coran en árabe, verían claramente que Al.lah(3) es el mismo nombre semítico antiguo del Ser Supremo que transmitió la revelación y habló a Adán y a todos los profetas.
Dios, Al.lah, es el Único, Autoexistente, Omnisapiente y Todopoderoso. Abarca, llena, toda cosa, espacio y existencia. Es la fuente de la vida, el conocimiento y la fuerza. Al.lah es el Único Creador, Regulador y Gobernante del universo. Es absolutamente Uno. La esencia, la persona y la naturaleza de Dios está absolutamente más allá de la comprensión humana, y por lo tanto todo interno por definir Su Esencia es no solamente fútil, sino peligroso para nuestro bienestar espiritual y nuestra fe, porque ello conducirá ciertamente al error.
La rama trinitaria de la iglesia cristiana, durante unos 17 siglos, ha exprimido todos los cerebros de sus santos y filósofos para definir la Esencia y la Persona de la Divinidad. ¿Y qué han inventado? Todo lo que los Atanasios, Agustines y Aquinos han impuesto sobre los cristianos «bajo pena de la condenación eterna», creer en un Dios que es «el tercero de tres» Dios, en su Sagrado Corán, condena esta creencia con estas solemnes palabras; «No creen, en realidad, los que dicen: "Dios es el tercero de tres' (es decir: uno entre tres). No hay más dios que Dios, Uno y Único, y si no paran de decir eso un castigo doloroso alcanzará a quienes de ellos no crean.»(5:73)(4)
La razón por la cual los sabios musulmanes se han abstenido siempre de definir la Esencia de Dios es porque Su Esencia trasciende todos los atributos en los que ella podría ser definida. Dios, Al.lah, tiene muchos Nombres que, en realidad, son solamente adjetivos derivados de Su Esencia a través de sus distintas manifestaciones en el universo que solamente Él ha formado. Nosotros llamamos a Dios por medio de calificativos tales como Todopoderoso, Eterno, Omnipresente» y le adjudicamos facultades como la Omnisciencia, el Conocimiento universal, la Misericordia, etc.» como emanando de Su Esencia y perteneciendo a Él única y absolutamente. Él únicamente es el infinitamente Conocedor, Poderoso, Viviente, Santo, Magnífico, Bueno, Cariñoso, Glorioso, Terrible, Vengador porque solamente de Él emanan y fluyen las cualidades de conocimiento, poder, vida, santidad, belleza, etc. Dios no tiene ningún atributo en el sentido en que nosotros lo entendemos. Para nosotros un atributo o una propiedad es común a muchos individuos de una especie, pero lo que es de Dios es Suyo solamente, y no hay ningún otro que lo comparta con Él. Cuando decimos «Salomón fue sabio, poderoso, justo y bello», no adscribimos exclusivamente a él toda sabiduría, justicia, poder y belleza. Solamente queremos decir que fue relativamente sabio comparado con otros de su especie, y que la sabiduría también es relativamente su atributo en común con los individuos que pertenecen a su clase.
Debe admitirse también que los Atributos divinos, en tanto que efusiones, están afectados por el tiempo y poseen un comienzo u origen (temporal) (5). En consecuencia, cuando Dios dijo «Kun faiakún» (e.d.: «¡Sea!, y fue»), articuló, pronunció Su Palabra creando el tiempo y dando comienzo a la creación. Esto es lo que los sufíes (6) denominan 'aql kull, o intelecto universal, como la emanación del 'aql auual, es decir el intelecto primero. Luego el nafs kullt o alma universal, que fue la primera en escuchar y obedecer esta orden divina» emanó de la «primera alma» y transformó el universo. Por supuesto estos puntos de vista místicos de los sufíes no tienen que ser considerados como dogmas del Islam. Y si penetramos profundamente en estas doctrinas esotéricas, podemos ser conducidos involuntariamente al panteísmo, que es destructivo de la religión práctica.
Este razonamiento debería conducirnos a concluir que cada acto de Dios expone una emanación divina como Su manifestación y atributo particular, pero no es Su Esencia o Sí Mismo. Dios es Creador ponqué Él creó al comienzo de los tiempos, y siempre crea. Dios habló al comienzo de los tiempos así como habla siempre de una manera propia. Pero así como Su creación no es eterna o una persona divina, así Su Palabra no puede ser considerada eterna y una persona divina. Los cristianos fueron más lejos é hicieron del Creador un padre divino y de Su Palabra un hijo divino. Y también, porque infundió vida a Sus criaturas, fue llamado Espíritu divino, olvidando que lógicamente Él no podía ser «padre» antes de la creación, ni «hijo» después que habló o se expresó, y tampoco«Espíritu Santo» antes de que diera vida. Puedo concebir los Atributos de Dios por medio de Sus obras en manifestaciones a posteriori, pero de sus Atributos eternos y a priori no poseo ningún tipo de idea o concepción, ni me imagino ninguna inteligencia humana que sea capaz de comprender la naturaleza de un atributo eterno y su relación con la Esencia de Dios. En realidad, Dios no nos ha revelado la naturaleza de Su Esencia, ni en las Sagradas Escrituras ni en el intelecto humano.
Los Atributos de Dios no tienen que ser considerados como entidades o personalidades divinas distintas o separadas, porque entonces deberíamos tener no solamente una trinidad de personas en la Divinidad, sino vanas decenas de trinidades. Un atributo no tiene existencia hasta que emana realmente de quién lo posee. No podemos calificar al poseedor o sujeto por un atributo particular antes de que el atributo haya realmente provenido de él y sea percibido. Por consiguiente, decimos «Dios es Bueno» cuando gozamos de Su Bondad y acción cariñosa, pero no lo podemos describir –propiamente hablando– como «Dios de Bondad», porque la bondad no es Dios sino una acción y obra Suya. Es por esta razón que el Corán siempre atribuye a Al.lah denominaciones adjetivadas, como ser el Sabio, el Inteligente, el Misericordioso, etc., pero nunca lo describe como «Dios es amor, conocimiento, palabra», etc., porque «amor» es la acción del amante y no el amante mismo, así como conocimiento o palabra son las acciones de la persona que conoce o habla, pero no la persona misma.
Insisto en particular sobre este punto debido al error en que han caído quienes sostienen la eternidad y distinta personalidad de ciertos Atributos de Dios. El Verbo o la Palabra de Dios se ha considerado como una persona distinta de la Divinidad, mientras que la palabra de Dios no puede tener ningún otro sentido o significado que no sea el de una expresión de Su Conocimiento y Voluntad. También el Corán es llamado «La Palabra de Dios», y algunos de los primeros musulmanes, estudiosos de la ley, afirmaron que era eterno e increado. La misma denominación se le da también a Jesús en el Corán, «kalímatun minhu», es decir, «una palabra de Él (Dios)» (3:45). Pero sería irreligioso afirmar que la Palabra o Logos de Dios es una persona distinta y que asumió la carne y encarnó en forma de un hombre de Nazaret, o en la forma de un libro, llamando al primero «el Cristo» y al segundo «El Corán».
Resumiendo este tema, declaro con insistencia que la Palabra o cualquier Atributo imaginable de Dios, no solamente no es una entidad divina, distinta sino que tampoco podría tener ninguna existencia real –in actu– anterior al comienzo del momento de la creación.
El primer versículo con que comienza el Evangelio de San Juan fue refutado a menudo por los primeros escritores unitaristas del cristianismo primitivo, quienes expresaron o tradujeron su verdadera lectura de la siguiente manera: «Al comienzo fue la Palabra; y la Palabra era con Dios; y la Palabra era de Dios».
Debe advertirse que la forma griega del caso genitivo «Theo», es decir, «de Dios» (7), fue corrompida en «Theos», es decir «Dios», ¡en la forma nominativa del nombre! También debe observarse que la oración «En el comienzo fue la Palabra» indica expresamente el origen de la palabra, la cual no fue antes del comienzo. Porque la «Palabra de Dios» no significa una sustancia distinta y separada, contemporánea y coexistente con el Todopoderoso, sino una expresión y proclamación de Su Conocimiento y Voluntad cuando Él expresó la palabra «Kun», es decir, «Sea». Cuando Dios dijo «Kun» (¡Sea!) por primera vez, los mundos pasaron a ser. Cuando Él dijo «Kun» el Corán fue creado y escrito sobre la «Lauh» o «Tabla»(8). Y cuando Él pronunció la palabra «Sea», Jesús fue creado en el vientre de la bendita Virgen María, y así siguiendo. Toda vez que Él desea crear algo, su orden «¡Sea!» es suficiente.(9)
La fórmula cristiana «En el nombre del Padre» del Hijo y del Espíritu Santo», ¡ni siquiera menciona el nombre de Dios! ¡Y éste es el Dios cristiano! La fórmula nestoriana y jacobita, que consiste en diez sílabas exactamente como la fórmula musulmana «Bismi-l-láhi-r-rahmáni-r-rahím», se traduce así: «Bshim Abha, wo-bhra ou-Ruha d-Qudsha», la cual tiene el mismo significado que el de todas las fórmulas cristianas. La fórmula coránica» por otra parte, que expresa el fundamento de la verdad islámica, contrasta grandemente con la fórmula trinitaria: «Bismi-l-láhi-r-rahmáni-r-rahím», es decir: «En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Misericordiosísimo»,
La trinidad cristiana –en tanto admite una pluralidad de personas en la Divinidad, atribuyendo propiedades particulares a cada persona y haciendo uso de nombres familiares similares a los de la mitología pagana–, no puede ser aceptada como una concepción auténtica de Dios. Al.lah no es ni el hijo de un padre ni el padre de un hijo. No tiene madre ni se hizo a Sí Mismo. La creencia en «Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo» es una flagrante negación de la Unidad divina, y una atrevida profesión de fe en tres seres imperfectos que, unidos o separadamente, no pueden ser el Dios verdadero.
Las matemáticas, como ciencia positiva, nos enseñan que una unidad no es ni más ni menos que 1. Y nunca es igual a 1 más 1 más 1. En otras palabras, uno no puede ser igual a tres porque uno es un tercio de tres. De la misma manera, uno no es igual a tres. Y viceversa, tres no es igual a uno ni puede un tercio ser igual a la unidad. La unidad es la base de todos los números y una norma para la medida y peso de todas las dimensiones, distancias, cantidades y tiempo. En realidad todos los números son sumas de la unidad 1. Diez es una suma de igual número de unidades del mismo tipo.
Quienes sostienen la unidad de Dios en la trinidad de personas nos dicen que «cada persona es Dios Omnipotente, Omnipresente y Perfecto, empero no ser tres dioses omnipotentes, omnipresentes y perfectos, sino solamente... un Dios!!» Si no hay sofisma alguno en el razonamiento anterior, presentemos nuevamente este «misterio» del dogma de las iglesias por medio de una ecuación: 1 Dios = 1 Dios + 1 Dios + 1 Dios. Entonces 1 Dios = 3 Dioses.
En primer lugar un dios no puede ser igual a tres dioses, sino solamente a uno de ellos. En segundo lugar, desde el momento que admiten que cada persona es Dios al igual que sus dos asociados, su conclusión de que 1 más 1 más 1 es igual a 1 no es matemática, sino un absurdo.
Cuando se intenta probar que tres unidades iguales equivalen a uno o se es demasiado arrogante, o sino se es demasiado cobarde para admitir que tres unidades sólo equivalen a tres unidades. En el primer caso, no se puede justificar una solución errónea de un problema por medio de un procedimiento falso. Y en el segundo caso no se tiene el coraje suficiente para confesar la creencia en tres dioses.
Además, todos nosotros –cristianos y musulmanes– creemos que Dios es Omnipresente, que el llena, abarca todo espacio y partícula. ¿Es concebible que las tres personas de la Divinidad, al mismo tiempo y separadamente abarquen, ocupen todo el universo. o sólo lo hacen de una por vez? Responder a este justo interrogante diciendo «la Divinidad lo hace», no es en absoluto una respuesta, porque la Divinidad no es Dios, sino la manifestación de la existencia de Dios, y por lo tanto una cualidad.
La Divinidad es la cualidad del Dios Uno;no es susceptible de pluralidades ni disminución. No hay varias cabezas divinas, sino una sola Divinidad, que es el Atributo de Dios Uno.
Luego se nos dice que cada persona de la trinidad tiene algunos atributos particulares que no son propios de las otras dos. Y estos atributos indican –de acuerdo con el razonamiento y lenguaje humanos– prioridad y posteridad entre ellos. El Padre siempre ocupa el primer rango y es anterior al Hijo. El Espíritu Santo no solamente es posterior en tanto tercero en el orden, sino que incluso es inferior a los dos de quienes proviene. ¿No se consideraría un pecado de herejía que fuesen recitados inversamente los nombres de las tres personas? La señal de la cruz efectuada sobre el cuerpo o los elementos de la eucaristía, ¿no sería considerada impía y blasfema por las iglesias si la fórmula fuese invertida así: «En el nombre del Espíritu Santo, del Hijo y del Padre»? Pero, si fueran realmente iguales, y absolutamente coeternos, este orden no necesitaría ser observado tan escrupulosamente.
El hecho es que los papas y los concilios generales han condenado siempre la doctrina sabeliana que sostenía que Dios es uno pero que Él se automanifestó como el Padre o como el Hijo o como el Espíritu Santo, siendo siempre una y la misma persona. Por supuesto, la religión del Islam no respalda o sanciona los puntos de vista sabelianos. Dios manifestó Su «Yamal» o Perfección en Jesús, Su «Yalál» o Gloria y Majestad en Muhammad y Su Sabiduría en Salomón, y así siguiendo en muchos otros objetos de la Naturaleza, pero ninguno de esos profetas es más Dios que el vasto océano o los cielos majestuosos.
La verdad es que no hay ninguna precisión matemática, ninguna igualdad absoluta entre las tres personas de la trinidad. Si el Padre fuese en cualquier sentido igual al Hijo, o al Espíritu Santo, como la unidad 1 es positivamente igual a otra cifra 1, entonces sería solamente una la persona de Dios y no tres, porque una unidad no es ni un fragmento, ni fracción ni múltiplo de sí mismo. La misma diferencia y relación que se admite que existe entre las personas de la trinidad no deja lugar a dudas de que no son iguales, ni que puedan ser identificadas entre sí como iguales. El Padre engendra y no es engendrado, el Hijo es engendrado y no es Padre, el Espíritu Santo es la sucesión de las otras dos personas. La primer persona es descripta como creadora y destructora, la segunda como salvadora y redentora, y la tercera como dadora de vida. En consecuencia, ninguna de las tres es solamente el Creador, el Redentor y el Dador de vida. Después se nos dice que la segunda persona es la Palabra de la primera persona, que se vuelve hombre y es sacrificado en la cruz para satisfacer la justicia de su padre, y que su encarnación y resurrección son operadas y consumadas por la tercera persona.
Como conclusión debo advertir a los cristianos que, a menos que crean en la absoluta Unidad de Dios y renuncien a la creencia en las tres personas, no hay duda que no son creyentes en el Dios verdadero. Estrictamente hablando, los cristianos son politeístas, con la sola excepción de que los dioses de los paganos son falsos e imaginarios, mientras que los tres dioses del dogma tienen un carácter distinto, de los cuales el Padre –como otro epíteto para el Creador– es el Dios Uno verdadero el hijo es solamente un Profeta y siervo de Dios, y la tercera persona uno de los innumerables espíritus santos (10) al servicio de Dios Todopoderoso.
En el Antiguo Testamento Dios es llamado Padre debido a Su Condición de Creador y Protector bondadoso, pero como las iglesias abusaron de este nombre, el Corán se ha refrenado con justicia de usarlo.
El Antiguo Testamento y el Corán condenan la doctrina de las tres personas en Dios. El Nuevo Testamento no lo sostiene o defiende expresamente, pero incluso sí contiene alusiones e indicios respecto a la Trinidad, no es una autoridad para nada, porque no fue dicho ni escrito por el propio Jesús, ni está expresado en el lenguaje que él habló, ni existió en su presente forma y contenido, por lo menos durante los dos primeros siglos después suyo.
Se podría agregar a favor de lo dicho que en oriente los cristianos unitaristas combatieron y protestaron siempre contra los trinitarios, ycuando vieron la total destrucción de la «Cuarta bestia» por el gran Mensajero de Al.lah (Muhammad), lo aceptaron y siguieron. El mal, que habló a través de la serpiente a Eva, pronunció blasfemias contra el Más Alto por medio de la boca del «pequeño cuerno» que surgió entre los «diez cuernos» en la cabeza de la «cuarta bestia» (Daniel, VIII), no era otro más que Constantino el Grande quien, oficial y violentamente, proclamó el credo de Nicea. Pero Muhammad ha destruido a «Iblis» o demonio de la tierra prometida para siempre, estableciendo el Islam allí como la religión del Único Dios verdadero.
[1] «Muhammad» (pronunciado con la h aspirada como en inglés) es mal pronunciado en español como «Mahoma». El lector puede encontrar una historia completa de su vida en la obra Luz de la Eternidad, de Ya'far Subhani, Ediciones Mezquita At-Tauhid. (Nota del Editor en español)
[2] «Di: 'Creemos en Al.lah (Dios) y en lo que se nos ha revelado, en lo que se ha revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus, en lo que Moisés, Jesús y los profetas han recibido de su Señor. No hacemos distingos entre ninguno de ellos y nos sometemos a El«» (Corán, 3:84)
[3] El autor utiliza casi invariablemente la palabra «Al.lah» para designar a Dios en el texto, lo cual hemos respetado. Señalemos que el nombre «Al.lah» designa a la Divinidad en lengua árabe no habiendo otra palabra para hacerlo. Así, tanto los musulmanes como los cristianos y judíos árabes, en el pasado como en el presente, utilizan el nombre «Al.lah» para designar al Dios Único. Aclararnos esto porque no faltan aún hoy día quienes piensan que «Al.lah» es un Dios propio del Islam, lo cual sería lo mismo que decir que porque los ingleses dicen «God» se refieran a otro Dios. Sin embargo la preferencia de utilizar en cualquier lengua el nombre árabe original está fundamentada en firmes argumentos. «Al.lah» es la forma con artículo de «lláh», «divino», asi «Al.lah» sería «Lo Divino» o «El Dios», Único. E «lláh» es la misma raíz en árabe que la raíz «Eloh» del Antiguo Testamento hebreo, que en su forma plural mayestática «Elohim» se encuentra tantas veces en la Biblia para designa; a Dios. La palabra «El» en hebreo-ara meo (Dios), análogamente ligada a la misma raíz, es usada en muchos nombres compuestos (ej.: Gabriel, Miguel, Daniel, etc.). En arameo, lengua semítica emparentada con el árabe, Dios también se dice «Al.laha». En suma «Allah». es la palabra que se utilizó siempre en las lenguas sagradas en que se manifestó la Revelación para designar al Ser Supremo, y muy probablemente, por ejemplo, es la palabra que utilizó Jesús (P), que hablaba en su época el arameo de Palestina, y esto se confirma con algunos pasajes que han sobrevivido en arameo dentro de las traducciones griegas, como aquel en que el crucificado dice: «Eli, Eli, lima shabaktani»; «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste?» –Al.lah– es entonces el Nombre que Dios prefirió para designarse a Sí Mismo, y es también el nombre perdido por los israelitas que es recuperado con la Revelación del Sagrado Corán y el Islam. (Nota del Editor en español)
[4] Para las citas coránicas se indicará siempre un primer número indicando la surah o capítulo, seguido de dos puntos y el número del/los versículos. Por ejemplo 5:73, es sura 5 versículo 73. En el caso de las citas de la Biblia se indicará de la misma forma pero expresando el Libro al cual se refiere empleando las abreviaturas en uso para las referencias bíblicas. (Nota del Editor en español)
[5] Es difícil resumir aquí todo lo que los sabios del Islam han deducido del Sagrado Corán y la Tradición profética sobra la Ciencia del Tauhid, es decir la Ciencia de la Unidad Divina, de la cual el tema de los Atributos y Nombres Divinos es un capítulo fundamental. La referencia a «emanaciones» y «efusiones» que utiliza el autor, quizá como una concesión al conocimiento de las doctrinas neoplatónicas insertadas en el cristianismo, no responde precisamente a lo que los sabios del Islam han formulado sobre el tema. Algunos sabios en la metafísica islámica han hablado del «Faid» el «desborde», como algo (muy poco) que se vuelca de un recipiente lleno, y eso sería toda la creación, una nada respecto de la Realidad e Infinitud divina. El Imam Alí (P) dijo: «Los atributos son distintos del atribuido», es decir: los calificativos son agregados al calificado con ellos y son distintos de él, y agregó otro de los Imames: «Todo lo que puedas imaginar de Él (Dios), no es Él», y dice el Sagrado Corán: « (Dios es) el que no hay nada como Él». En suma, los Atributos divinos son una manifestación de Dios a nivel humano y de la creación, porque el hombre los reconoce en sí mismo, pero su completitud y totalidad en Al.lah escapan a la posibilidad de comprensión humana, pues lo finito no puede contener lo Infinito, ni ningún ejemplo de lo creado. Este es el sentido de «temporalidad» de los Atributos a que se refiere el autor, (Nota delEditor en español)
[6] Los sufíes son los místicos del Islam que se han caracterizado por su dedicación a la metafísica y !a realización del Conocimiento de la Divinidad, el principal conocimiento, así como a la purificación del alma de las bajezas del ego. (Nota del Editor en español)
[7] Respecto al Logos (Verbo), después del siglo II surgió una terrible controversia entre los «Padres» de la Iglesia, especialmente en oriente, la que continuó hasta que los unitaristas cristianos fueron totalmente aniquilados y su literatura destruida. Desgraciadamente hoy día es difícil encontrar algún fragmento de los Evangelios y «Comentarios» como así también de los escritos de controversia usados o redactados por los unitaristas, excepto lo que fue citado de ellos en las obras de sus oponentes, como las del erudito patriarca griego Fotrus y otros anteriores a él.
Entre los «padres» de los cristianos orientales, uno de los más distinguidos es San Efraín el Sirio. Este es el autor de muchos trabajos, principalmente de un comentario sobre la Biblia que se publicó tanto en siríaco como en latín, y cuya última edición he leído atentamente en Roma. También tiene homilías, disertaciones llamadas «madrashi» y «contra herética» etc. También tenemos a un conocido escritor sirio llamado Bar Disan –escrito generalmente Bardisanes– que estuvo muy de moda a finales de! siglo II y principios del III. De lo escrito por Bar Disan en siríaco no queda nada, excepto lo que Efraín, Jacob de Nesibin y otros nestorianos y jacobitas han citado con el objeto de refutarlo, y lo que la mayoría de los padres griegos emplearon en su idioma. Bar Disan sostenía que Jesús era la sede del templo de la Palabra de Dios, pero que tanto Jesús como la Palabra eran creados. San Efraín, combatiendo la «herejía» de Bar Disan dice: (siríaco)
«Wai lakh O, dovya at Bar Disan
Dagreit l'Milta eithrov d'Allaha
Baram kthabha la kthabh d'akh hakhan
Illa d'Miltha eithov Allaha».
(árabe)
Wailu 'l-laka ya anta-s-Safil Bar Disan
Li-anna fara'aita kana l-kalamu li-lláh
Lakinna 'l-kiábu ma kataba kadha
Illa 'l-kalámu kan-Al.lah
(español)
«¡Guay de tí, o miserable Bar Disan!
porque tú leíste «la Palabra era de Dios»,
Pero el Libro (Evangelio) no decía eso,
sino que «La Palabra era Dios»,
Casi en todas las controversias sobre el Logos, los unitaristas son estigmatizados con la herejía de negar su personalidad sempiterna y divina mediante la corrupción del Evangelio de San Juan, etc. Estas imputaciones fueron a su vez retribuidas a los trinitaristas por los verdaderos cristianos unitaristas. Así, de la literatura patrística, uno puede deducir que los trinitarios siempre fueron reprochados por haber alterado las Escrituras.
[8] Se refiera al Sagrado Corán: «Sí, pero es un Corán glorioso, en una Tabla (lauh) resguardada» (85:21-22). (Nota del Editor en español)
[9] Por eso Al.lah compara en el Sagrado Corán el caso de Jesús con el de Adán: «Por cierto que el ejemplo de Jesús para Dios es como el ejemplo de Adán, a quien creó de tierra y luego le dijo «¡Sé!» y fue» (3:59). (Nota del Editor en español)
[10] El Espíritu Santo es en el Islam el Ángel Gabriel, el que transmite la Revelación divina, y la Orden divina creadora en el cosmos. Cfr. Sagrado Corán: 2:87 y 253 (Espíritu Santo); 4:171 (Un espíritu de nosotros…); 26:193 (El Espíritu Fiel que desciende con la Revelación al corazón del Profeta). (Nota de! Editor en español)

12.11.11

Gadir Jumm



RESPUESTA A DOS PREGUNTAS

Desde un principio el movimiento mundial del Islam tuvo que enfrentar oposiciones y altercados, no sólo de parte de Quraîsh, sino también del resto de los idólatras de la Península Arábiga Ellos, por diversos caminos, actuaron para apagar esta antorcha celestial. Sin embargo, por más que trataron, no lo lograban. Su última esperanza era que los fundamentos de este gran movimiento se derrumbasen con el fallecimiento de su líder y fundador, y la convocatoria quedase en el olvido, tal como había pasado con algunos personajes anteriores al noble Mensajero del Islam (BP) que también invitaban a la religión monoteísta.[1]
El Generoso Corán, que en muchas de sus aleyas refleja los altercados y espectáculos que ellos brindaban, expone el tema de la muerte del Mensajero (BP), supuestamente la última esperanza que mantenían de los idólatras, diciendo:
﴿ أَمْ يَقُولُونَ شاعِرٌ نَتَرَبَّصُ بِهِ رَيْبَ الْمَنُونِ، قُلْ تَرَبَّصُوا فَإِنِّي مَعَكُمْ مِنَ الْمُتَرَبِّصِينَ، أَمْ تَأْمُرُهُمْ أَحْلامُهُمْ بِهذا أَمْ هُمْ قَوْمٌ طاغُونَ ﴾
"O dirán: ¡Es un poeta! ¡Aguardaremos a que le llegue el acontecimiento de la muerte! ¿Son, acaso, sus facultades que les inducen a esto o son un pueblo de transgresores?"[2]
No está de más enumerar algunos de los obstáculos puestos por el grupo de los idólatras y sus cobardes luchas contra la transmisión del mensaje divino. Veremos como Dios Todopoderoso hizo que su último golpe fuese infructuoso, al establecer el asunto del sucesor, nombrando a un hombre digno y meritorio tal y como lo era 'Alî (P) que creció bajo la amable protección del Mensajero (BP). Así fue como derrumbó todos sus planes.

1. El arma de las calumnias

Los incrédulos del Quraîsh con sus calumnias acusaciones tales como: "poeta", "adivino", "loco" y "hechicero", querían hacer que las palabras del Mensajero (BP) influyesen menos en la gente. Sin embargo, el rápido avance del Islam entre los diferentes niveles de la sociedad, demostró que él se encontraba por encima de que tales acusaciones pudieran adherírsele.

2. Las molestias a sus seguidores

Las molestias, extorsiones, torturas y el asesinato de los seguidores del Mensajero (BP), fue otro de los planes siniestros de sus enemigos, quienes por este medio querían evitar la expansión de la influencia de sus palabras. Empero, la resistencia de sus seguidores ante cualquier tormento o amenaza, hizo que los jefes del Quraîsh no pudieran llevar a cabo sus siniestros planes. Es más: todos se asombraban al observar la devoción y pureza de los seguidores del Mensajero (BP), mordiéndose sus dedos de admiración, al grado que Abû Sufîân dijo: "Yo vi al César y a Josrow, pero no encontré a ninguno con la grandeza de Muhammad (BP), cuyos seguidores se sacrifican ofreciendo sus vidas en el camino para llegar a su propósito".".[3]

3. Invitación a uno de los grandes escritores y narradores árabes

Ellos estaban atónitos por el atractivo espiritual del Corán. Imaginaban que la causa de que la gente estuviese tan interesada en escuchar sus aleyas, eran las historias y los sucesos ocurridos a las tribus antepasadas registrados en este Gran Libro. Por ello invitaron a Nadr Ibn Hâriz que era uno de los famosos escritores árabes para que en ocasiones especiales en los bazares y calles de La Meca relatara las historias de los reyes de "Persia" e "Irak", y por este medio terminar con la atracción que sentía la gente hacia las palabras de Muhammad (BP). Este proyecto fue tan ineficaz que incluso los mismos quraîshitas se cansaban de escuchar sus historias y se apartaban de él.

4. La prohibición de escuchar el Corán

La restricción de escuchar el Corán fue otro de los programas siniestros de Quraîsh, el cual fracasó por la perseverancia de los interesados. La fuerte y dulce atracción del Corán, los había cautivado a tal grado que a mediados de la noche se escondían en los alrededores de la casa del Mensajero (BP) para escuchar su voz cuando él se levantaba para realizar la oración de la noche y para recitar el Corán
Los incrédulos de Quraîsh no sólo evitaban que la gente escuchase el Corán, sino que habían prohibido estrictamente todo contacto con el Mensajero (BP). Así, cuando algunos grandes personajes árabes, tales como A'shâ y Tufaîl Ibn 'Umâr, entraban a La Meca para entrevistarse con el Mensajero (BP), inmediatamente por diferentes medios los hacían cambiar de parecer.[4]

5. El bloqueo económico

A través de una circular, Quraîsh informó que nadie tenía derecho a realizar transacciones de compra y venta con los Bani Hâshim ni con los seguidores del gran Muhammad (BP). Así, el Mensajero del Islam (BP) se vio obligado a vivir en una situación muy lamentable durante tres años, acompañado de sus seguidores en el Shi'b Abî Tâlib (el valle de Abî Tâlib). Este boicot terminó gracias a la intervención de algunos de los jefes del Quraîsh, y el acontecimiento de algunos milagros.

6. El plan para matar al Mensajero (BP)

Los jefes del Quraîsh decidieron que cuarenta de sus jóvenes, pertenecientes a diferentes tribus, atacaran por la noche la casa del Mensajero (BP) mientras él se encontrase en su lecho, lo asesinaran y partieran en pedazos su cuerpo. Sin embargo, Dios Todopoderoso, que siempre cuidaba y protegía a Su Enviado, le informó del plan de sus enemigos, y él, obedeciendo lo ordenado por Dios, dejó a 'Alî (P) en su lugar, saliendo de La Meca rumbo a Medina. Tal emigración y la tendencia de las tribus de Aûs y Jazraÿ hacia el Islam, permitieron que los musulmanes encontrasen un refugio seguro y que las fuerzas dispersas del Islam se reuniesen en un mismo lugar para defender la religión.

7. Las sangrientas batallas

Los idólatras de la Península Arábiga se encontraban temerosos por la concentración de los musulmanes y la creación de un gobierno islámico en Medina. Esta vez trataron de apagar la "brillante antorcha de la guía" por medio de la guerra y la agresión directa. Los sangrientos enfrentamientos de los incrédulos con los musulmanes en las batallas de Badr, Uhud, Jandaq y Hunaîn, con todos sus altibajos, finalmente dieron lugar a la supremacía de las fuerzas islámicas, e hicieron despreciables y viles a los idólatras en la atmósfera de la península

8. El fallecimiento del Mensajero (BP)

La última esperanza de los enemigos era la muerte del noble Mensajero (BP). Ellos suponían que con su fallecimiento se derrumbarían las bases de este movimiento y quedaría destruida la grandeza del Islam. Para dar fin a este asunto y desbaratar estos planes existían dos caminos:
1) El juicio y la capacidad intelectual de la Comunidad Islámica debería desarrollarse y llegar al grado en el que pudiese, después del fallecimiento del noble Mensajero (BP), gobernar el movimiento del Islam recientemente fundado tal como fue dirigido en la época de la profecía, protegiéndolo de cualquier desviación, ya fuese hacia la derecha o hacia la izquierda, y dirigiéndolo por el "sendero recto".
No obstante, después del fallecimiento del noble Mensajero (BP) la comunidad se encontraba en una situación en la que desgraciadamente el promedio de la gente carecía de estas características. Por otro lado, no es este el momento para discutir este punto. Pero en forma breve decimos:
Una verdadera revolución que haga progresar a la comunidad en las diferentes facetas no se desarrolla en un lapso de tiempo corto, sea un día o dos, ni siquiera en diez años. Para fortalecer las bases de la reforma y los corazones de la gente, se necesita de uno o varios hombres extremadamente superiores, que después del fundador del movimiento tomen las riendas del gobierno en sus manos, y con mucho cuidado y con continua propaganda protejan a la sociedad de cualquier seducción nociva hasta que cambie la generación por una que desde su nacimiento haya simpatizado y educado con las costumbres y morales islámicas. De lo contrario en el momento que fallezca el fundador del movimiento, muchos grupos retrocederán y regresarán a sus costumbres antiguas.
Además de esto, el Islam poseía características especiales que hacían necesaria y urgente la existencia de personas superiores para la continuidad de su escuela. La religión islámica había brotado en una sociedad que en ese momento era la más atrasada del mundo y desde la perspectiva del sistema social y moral, así como de las demás simpatías de la cultura humana, se encontraban en total pobreza. De las tradiciones religiosas no quedaba más que la ceremonia de la peregrinación, que habían heredado de sus antepasados (una peregrinación acompañada de supersticiones y obscenidades), y nada más. Las enseñanzas de los Profetas Moisés (P) y Jesús (P) no penetraron en sus tierras, y la mayoría de la gente de Al Hiÿâz no se vio beneficiada de éstas. Por otra parte se había afirmado completamente en sus corazones las creencias y costumbres del paganismo, integrándose éstas por completo a sus almas y espíritus.
Posiblemente no sea muy dificultoso reformar religiosamente a comunidades como éstas. No obstante, garantizar la continuidad del cambio evitando cualquier desviación y retroceso es una labor muy difícil y requiere de muchos y continuos cuidados. Sobre todo en una comunidad como la descrita, en la que los factores negativos han anidado en las almas y corazones de sus integrantes.
Las lastimosas escenas de las guerras de Uhud y Hunaîn, en las que los partidarios del movimiento islámico abandonaron al portador del Mensaje en el campo de batalla en el momento más crítico del enfrentamiento, evidencian que los creyentes que estaban dispuestos a ofrecer sus vidas y bienes en este camino eran muy pocos, e incluso podían contarse con los dedos de una mano. Y el promedio de las personas de la sociedad, desde el punto de vista del desarrollo intelectual, no había llegado al nivel necesario para que el Mensajero (BP) pudiese entregarles las riendas del gobierno, frustrando el último plan del enemigo que se encontraban en espera de su fallecimiento, gracias a la sensatez de la comunidad.

Esta es la misma comunidad desarrollada que luego del fallecimiento del Mensajero (BP) se convirtió en el centro de discrepancias, y con el transcurso del tiempo se dividió en setenta y tres grupos.
Lo ya dicho evidencia que cuando falleció el noble Mensajero (BP) la Comunidad Islámica no había llegado al nivel de un desarrollo intelectual y racional que pudiese haber disipado el último plan de los enemigos del Islam, y neutralizado las intrigas de aquellos que esperaban la muerte del noble Mensajero (BP). Por lo tanto, debía haberse pensado en otra alternativa, la cuál mencionamos a continuación:
2) El sendero fácil y exento de problemas para la permanencia del movimiento era que por parte de Dios fuese elegido un hombre digno y meritorio para guiar el movimiento que, desde el enfoque de la fe y creencia de los fundamentos y ramas del movimiento, fuese similar al Mensajero (BP) y bajo la luz de una fuerte creencia, extensa sabiduría e inmunidad de cualquier pecado o falta, tomase la dirección de la revolución y asegurase la permanencia de ésta.
La Escuela Shî'ah pretende y afirma que tal cuestión tuvo lugar en forma clara y definida. Innumerables testigos históricos muestran que el Mensajero del Islam (BP) el día 18 del mes de Dhul Hiÿÿah, cuando regresaba de la Peregrinación de la Despedida, por orden divina resolvió este problema, designando a un sucesor y heredero. De tal manera aseguraba la estabilidad de la revolución después de su fallecimiento.
El Mensajero (BP) el año X d.H., para realizar la ceremonia de la peregrinación se dirigió hacia La Meca. Esta vez el cumplimiento de esta obligación, coincidió con el último año de su preciada vida, y por ello es recordado como Haÿÿatul Widâ' o la Peregrinación de la Despedida. Los historiadores registraron la cifra de ciento veinte mil participantes que gustosos acompañaron y realizaron este rito en compañía y bajo la dirección del Mensajero (BP).
La ceremonia de la peregrinación llegó a su fin y el Mensajero (BP) inició su regreso a Medina. Un numeroso grupo lo acompañaba, exceptuando aquellos que se le habían adherido en La Meca. La caravana llegó a un ardiente desierto vaco de agua conocido como Al-Gadîr Jum que se encuentra a tres millas de Ÿufah. Repentinamente llegó el encargado de la revelación (el Arcángel Gabriel), y ordenó al Mensajero (BP) que se detuviese. El Mensajero (BP) también ordenó que todos se detuviesen para dar tiempo a que llegasen los que se habían retrasado. Los integrantes de la caravana quedaron atónitos al escuchar la orden inesperada de detención por parte del Mensajero (BP) en esa región ardiente y carente de agua, en un día caluroso, cuando los rayos del sol quemaban y la tierra ardía.
Ellos murmuraban bajo sus labios: "¡Ha descendido una orden importante por parte de Dios! Y ha de ser muy importante como para ordenarle al Mensajero (BP) que detenga a toda la gente en esta situación tan desfavorable a fin de darles a conocer lo revelado por el Creador del Universo".
La orden de Dios dada al noble Mensajero (BP) fue revelada por medio de la siguiente aleya:
﴿ يا أَيُّهَا الرَّسُولُ بَلِّغْ ما أُنْزِلَ إِلَيْكَ مِنْ رَبِّكَ وَ إِنْ لَمْ تَفْعَلْ فَما بَلَّغْتَ رِسالَتَهُ وَ اللَّهُ يَعْصِمُكَ مِنَ النَّاسِ ﴾
"¡Oh, Mensajero de Dios (BP)! Transmite aquello que te ha sido revelado de parte de tu Señor. Si no lo hicieras, no habrías cumplido (con la entrega de) Su mensaje. Y Dios te protegerá de los hombres". [5]

Al poner atención en el contenido en esta aleya nos conduce a los siguientes puntos:
Primero: La orden encomendada al Mensajero (BP) era tan importante y valiosa que si hubiese temido entregarla y no la hubiese anunciado (lo cual es absolutamente imposible), no habría cumplido con su mensaje. En consecuencia (como veremos más adelante), al realizar este cometido su misión quedaba completa.
En otras palabras, el significado de "aquello que te ha sido revelado" no puede referirse al conjunto de las aleyas del Corán y a los preceptos islámicos, ya que es evidente que en caso de que el Mensajero (BP) no hubiese comunicado todos los preceptos divinos, no había cumplido con su misión. Un asunto manifiesto como éste no necesitaba ser mencionado ni tampoco requería de una aleya revelada. Por lo tanto, debía referirse al anuncio de un asunto "especial" cuya realización equivalía a la perfección del mensaje, y su omisión implicaría que la misión no fuese completada.
En consecuencia, este asunto debía ser uno de los fundamentos principales del Islam, conectado con los otros principios y ramas de esta religión, y tan importante y trascendental como el monoteísmo y el mensaje del mismo Mensajero (BP).
Segundo: El Mensajero (BP), de acuerdo a su conocimiento de aquella sociedad, consideraba la posibilidad de resultar dañado por parte de la gente por esta nominación. Para animarlo afianzando su determinación, Dios le dice: "Dios te protegerá de los hombres".
Ahora debemos ver cuál de las posibilidades[6]que los exegetas islámicos consideraron respecto a este asunto es la más cercana al contenido de la aleya.
Todos los exegetas Shî'ah y treinta[7] de los exegetas de Ahli Tasannun dicen que esta aleya fue revelada el día de Al-Gadîr Jum, el día que Dios comisionó al generoso Mensajero (BP) que presentara a 'Alî (P) como "el Amîr de los Creyentes".
La designación de un "imâm" para la gente que fuese el sucesor del noble Mensajero (BP), era tan importante y trascendental que daba lugar a que su anuncio fuese considerado como la parte faltante para la perfección de la misión, mientras que su omisión causaría la imperfección de la misión y la destrucción de los esfuerzos del noble Mensajero (BP).
Así también admitía el que el Mensajero (BP) sintiese temor a raíz de la situación en la que se encontraba la sociedad, ya que entregar la sucesión y herencia a una personalidad como 'Alî (P) que no contaba con más de treinta y tres años, era un asunto muy delicado y difícil, principalmente para un grupo que era mucho mayor que él.[8] Además de esto, la sangre de muchas personas cuyos descendientes se encontraban ahora en el frente de los musulmanes, había sido vertida por 'Alî (P) en los campos de batalla. Naturalmente el gobierno de una persona así se vería enfrentado con la fuerte oposición de estos sujetos acomplejados y rencorosos.
Por otro lado, 'Alî (P) era el primo y yerno del Mensajero (BP), y su elección para el califato causaba que las personas de corta visión, cuyo número no es poco en las sociedades humanas, lo considerasen como un favoritismo familiar y lo interpretasen erróneamente.

Sin embargo, a pesar de todos estos puntos desfavorables, el Deseo Sapiente de Dios había decidido asegurar la permanencia del movimiento con la colocación de un sucesor, y completar la misión mundial de Su Enviado con la elección de un líder y guía.
Ahora veamos el resumen de este suceso histórico:

El suceso histórico de Al-Gadîr es un suceso eterno e inmortal

El sol ardiente y quemante, al mediodía del 18 del mes de Dhul Hiÿÿah desplegaba fuertemente sus rayos sobre la tierra de Al-Gadîr Jum, haciendo hervir la misma tierra del desierto. Un numeroso grupo, entre setenta y ciento veinte mil personas según los distintos registros históricos, desmontaron en ese punto por orden del Mensajero de Dios (BP) y se encontraban en espera del suceso histórico de ese día. Por el inmenso calor, la gente colocaba la mitad de sus capas sobre sus cabezas y la otra mitad bajo sus pies.
En esos momentos delicados la voz de la llamada a la oración del medio día invadió toda la atmósfera del desierto, y la gente se preparó para realizar el rezo. El Mensajero (BP) dirigió la oración colectiva del medio día acompañado por esa multitud que la región de Al-Gadîr no recuerda haber visto nunca. Entonces se dirigió hacia la gente subiéndose a un punto alto que había sido formado con las monturas de los camellos, y con voz alta pronunció el siguiente sermón:
"Agradecemos a Dios y Lo alabamos. Solicitamos Su ayuda, tenemos fe en Él, y ponemos nuestras esperanzas en Él. Nos refugiamos en Dios de la malicia de nuestra alma concupiscente y nuestros malos actos, los que únicamente guían a los perversos. Atestiguamos que aquel que sea dirigido por Dios nadie podrá desviarlo de su camino. Atestiguamos, por Dios que no hay divino más que él y Muhammad es Su siervo y enviado.
"¡Oh, gente! Dios Puro y Omnisciente me ha informado que el período de misión de cada Profeta equivale a la mitad de su vida antes de haber sino nombrado Profeta, y yo estoy cerca de aceptar la invitación de Dios e irme de entre vosotros. Yo tengo mis obligaciones y vosotros tenéis las vuestras; ¿que opináis respecto de mí?"
Los seguidores del Mensajero: "Atestiguamos que tú difundiste la religión de Dios, y quisiste para nosotros el bien, nos aconsejaste y te esforzaste en este camino; que Dios te recompense de manera acabada".
El Mensajero (BP) (cuando la gente guardó silencio y se tranquilizó) prosiguió: "¿Acaso vosotros no atestiguáis que no hay dios más que Dios, y que Muhammad es Su siervo y Mensajero (BP), el Paraíso, el Infierno y la muerte existen y son verdad (son un deseo de Dios) y sin duda llegará el Día de la Resurrección, y Dios resucitará a aquellos que fueron enterrados en la tierra?"
Los seguidores del Mensajero: "¡Sí, sí! ¡Atestiguamos!"
El Mensajero: "Yo dejo como recuerdo entre vosotros dos tesoros. ¿Cómo actuaréis con ellos en mi ausencia?"


Un hombre desconocido: "¿Qué significan dos tesoros?"
El Mensajero: "Ziql Akbar (el tesoro mayor) es el Libro de Dios que uno de sus extremos está en manos de Dios, y el otro en vuestras manos. Aferraos a Su Libro para que no seáis de los perdidos. Y Ziql Asgar (tesoro menor) que son mi descendencia y Ahlul Baît. Mi Dios me ha anunciado que estos dos recuerdos no se separarán el uno del otro hasta el Día de la Resurrección.
"¡Oh, gente! No os adelantéis al Libro de Dios ni a mi familia, ni tampoco os quedéis atrás que os extraviaréis".
En ese momento el Mensajero (BP) tomó la mano de 'Alî (P) levantándola de tal forma que todos los presentes pudieron ver la concavidad de su axila, y advirtieron a 'Alî (P) junto al noble Mensajero (BP) reconociéndolo perfectamente. Fue entonces cuando comprendieron que el propósito de esa reunión era un asunto que tenía que ver con 'Alî (P). Luego todos con un gusto especial se prepararon para escuchar las palabras del Mensajero (BP):
– "¡Oh, gente! ¿Quién entre los creyentes es más digno y meritorio?"
– "¡Dios y Su Enviado saben más!"
– "Dios es mi Señor, y yo soy el señor de los creyentes, y soy para ellos entre ellos el principal y más apropiado. ¡Oh, gente! Aquél de quien yo sea su señor –y sea más estimado para él que él mismo– 'Alî también es su señor".
Y esta frase la repitió tres veces[9], entonces agregó:
– "¡Dios mío! Ama a aquél que ama a 'Alî (P), y considera enemigo a aquél que enemista con 'Alî. ¡Dios mío! Ayuda a los seguidores de 'Alî, y desprecia y humilla a sus enemigos. ¡Dios mío! Coloca a 'Alî como el eje de la verdad". Y siguió diciendo:
– "Es necesario que los presentes informen de lo sucedido a los que se encuentran ausentes".
Aún la multitud en Al-Gadîr se encontraba reunida cuando el Ángel de la Revelación descendió y trajo la buena nueva de Dios al Mensajero (BP):
﴿ الْيَوْمَ أَكْمَلْتُ لَكُمْ دِينَكُمْ وَ أَتْمَمْتُ عَلَيْكُمْ نِعْمَتِي وَ رَضِيتُ لَكُمُ الإِْسْلامَ دِيناً ﴾
"Este día he perfeccionado para vosotros vuestra religión y completado Mi favor hacia vosotros y elegido para vosotros el Islam como religión".[10]
Fuente: www.al-shia.com