5.12.11

“Millones de Musumanes Shiítas Marcan el Día de Tas'ua”

TEHERÁN, Irán. (ABNA) - Los musulmanes shiítas de todo el mundo están celebrando rituales de duelo en conmemoración del aniversario del Martirio del Imam Hussein (P), el nieto del Profeta Muhamad (Bpd), su familia y compañeros.

Traducido por Jalil Sahurie



“Millones de Musumanes Shiítas Marcan el Día de Tas

Agencia de Noticias de Ahlul Bait (ABNA) - A lo largo de Irán, millones de ciudadanos vestidos de negro han salido a las calles, mezquitas locales y otros centros religiosos y comunitarios para participar el lunes en diversos desfiles de luto para conmemorar el Día de Tas'ua, el día antes de que el tercer Imam Shiíta (Apóstol) y varios de sus comprometidos seguidores fueran brutalmente masacrados por las fuerzas del desviado y anti-islámico califa omeya Yazid.

En el noveno día del mes lunar de Muharram, conocido como Tasu'a, los asistentes se organizan en grupos regulados y golpean sus pechos en armonía, respondiendo con dolor a los cánticos espirituales y letanías que describen los terribles hechos que tuvieron lugar durante los días previos al martirio del Imam Hussein (Bpd) y sus 72 leales compañeros.

La recitación de poemas, cantos de letanías, y vestimentas para la ocasión rompen los corazones de quienes escuchan los acontcimientos de la trágica masacre y martirio del Imam Hussein (P), y sus seguidores.

Actualmente, con una mezcla de asombro, tristeza y admiración, los asistentes que en muchos lugares (de Irán) son cristianos, zoroastrianos y judíos, escuchan las narraciones sobre la decidia valentía, generosa abnegación y la infinita paciencia del Imam Hussein (La Paz sea con él), su hogar y sus compañeros que se enfrentaron a graves dificultades y a la brutalidad de apegarse a sus compromisos con los genuinos principios islámicos según lo prescrito por el Corán y en concreto determinado por el Profeta Muhammad (Bpd).

Las ceremonias para conmemorar el martirio del Imam Hussein (P) y sus cimpaleros llegan a su punto más importante en el día de Ashura - el décimo día de Muharram (martes 06 de diciembre).

Ashura, que este año se celebra el 06 de diciembre, conmemora el día que en el 680 dC, cuando miles de fuerzas leales al déspota segundo califa omeya Yazid ibn Muawiya martirizaron al Imam Hussein (P) y a sus seguidores en un lugar que todavía se recuerda y se refiere como a Karbalá, en el Irac actual.

4.12.11

La Tragedia de Karbalâ' - Día 9



Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.


Día 9: La Tragedia de Abûl Fadl Al-‘Abbâs,

el Abrevador de los labios sedientos




abûl Fadl al-‘Abbâs, era un joven apuesto y de estatura alta y elegante, por cuya gran belleza era llamado Qamar Banî Hâshim (“Luna de los hashemíes”). Era tan alto que al montar a caballo sus pies rozaban el suelo. A causa de la valentía y gallardía sin igual que poseía, era el portaestandarte del Imam Al-Husain (a.s.). Cuando el Imam (a.s.) preparaba para la guerra a sus escasas fuerzas, le confió el estandarte. La raíz de la valentía y bravura de Al-‘Abbâs, con él sea la paz, estaba en sus padres y abuelos; su padre fue el héroe excepcional del Islam “el León triunfante de Dios”, ‘Alî ibn Abî Tâlib (a.s.), y por parte de madre se vinculaba a los Banî Kilâb, quienes eran los más valientes de los árabes.

Las fuentes históricas acreditadas mencionan que poco antes de alcanzar el martirio, Fâtima az-Zahrâ’ (a.s.) le había encomendado a Amîr al-Mu’minîn (a.s.) que se casara nuevamente después de que ella falleciera.
Luego de que Hadrat Fâtimah (a.s.) alcanzara el martirio y ‘Alî atravesara por los amargos sucesos que tras ello tuvieron lugar, le pidió a su hermano ‘Aquîl, quien conocía las genealogías y las características de los clanes de la Península Árabe, y asimismo conocía muy bien las noticias e historia de los árabes, que eligiera para él una mujer nacida en el seno de una gran y valiente familia, de manera que pudiera darle un hijo bravo y guerrero.
‘Aquîl eligió para él a Fâtima bint Hizâm ibn Jâlid del clan de los Banî Kilâb, y le dijo: “Entre los árabes no existe nadie más valiente y combativo que sus padres”. Amîr al-Mu’minîn pidió a su padre la mano de su hija y se casó con ella. Fâtimah le dio cuatro bravos hijos llamados: Al-‘Abbâs, ‘Abdul·lâh, Ÿa‘far y ‘Uzmân. Es por ello que ella pasó a ser conocida como “Umm Al-Banîn” (“La madre de los hijos”).
Tal vez en ese tiempo nadie sabía el porqué de esa decisión, pero cuando en Karbalâ’, Al-Husain (a.s.) se quedó sin auxiliar ni compañero, y esos valientes hermanos -especialmente el portaestandarte de Karbalâ’, Abûl Fadl Al-‘Abbâs, con él sea la paz- uno por uno sacrificaron con denuedo sus vidas, quedó de manifiesto la prodigiosa previsión de ‘Alî (a.s.).
El día noveno de Muharram, Shimr ibn Dhîl Ÿaushan fue comisionado por ‘Ubaidul·lâh ibn Ziâd para que, en caso de que los comandantes del ejército desobedecieran las órdenes de atacar las tiendas de Al-Husain (a.s.), él mismo asumiera la comandancia y atacara al Imam (a.s.). Éste era del mismo clan que Umm Al-Banîn y lo vinculaba un lejano parentesco a Al-‘Abbâs y sus hermanos, por lo que tomó de ‘Ubaidul·lâh una carta de salvoconducto para, según conjeturaba, poder separarlos de Al-Husain (a.s.) y, en tanto debilitaba su posición, ¡salvar a sus parientes!
En las últimas horas del día noveno de Muharram, Shimr llegó a las cercanías de las tiendas del Imam (a.s.) y gritó: “¿A dónde están mis sobrinos?”. Al-‘Abbâs, ‘Abdul·lâh, Ÿa‘far y ‘Uzmân salieron y le dijeron: “¿Qué es lo que buscas?”. Shimr les dijo: “¡Os he traído un salvoconducto! ¡Estáis a salvo!”. Los cuatro jóvenes le respondieron: “¡La maldición sea sobre ti y sobre tu salvoconducto! ¿Acaso nosotros estaremos a salvo sin que lo esté el hijo del Mensajero de Dios?”. Y Al-‘Abbâs le gritó: “¡Que tu mano sea cortada! ¡Qué pésimo salvoconducto has traído! ¡Oh enemigo de Dios! ¿Acaso pretendes que abandonemos a nuestro hermano y señor, Al-Husain, el hijo de Fátima, y nos pongamos a las órdenes de los malditos e hijos de los malditos?”. Shimr se encolerizó y volvió al ejército de los enemigos.

La tarde de ‘Ashûrâ’…

Todos los compañeros y familia del Imam (a.s.) ya habían sido martirizados y solo quedaban Al-Husain y Al-‘Abbâs -con ambos sea la paz-. Al ver la soledad de su hermano, Al-‘Abbâs se le acercó y le dijo: “¡Hermano! ¿Acaso me das permiso para dirigirme al ÿihâd?”. El Imam lloró fuertemente y dijo: “¡Hermano! Tú eres mi portaestandarte, y si tú ya no estás la caravana se disgregará”. Al-‘Abbâs le respondió: “Siento una presión en mi pecho y ya no me importa la vida. ¡Quiero tomar venganza de estos hipócritas!”. El Imam (a.s.) le dijo: “Entonces ve a traer un poco de agua para los niños”. Al-‘Abbâs fue hacia el ejército enemigo y les aconsejó y advirtió de sus acciones, pero ello no causó efecto en sus corazones de piedra, por lo que regresó a las tiendas y le informó de lo sucedido a su hermano. En ese mismo momento, escuchó el llanto desgarrador de los niños que por la sed gritaban: “Al-‘atash, al-‘atash” (“¡(Tenemos) sed! ¡(Tenemos) sed!”). Al observar tal situación montó su caballo, cogió una lanza y un odre y se dirigió hacia el Éufrates mientras recitaba los siguientes versos:
No temo a la muerte cuando ésta clama
Hasta verme sumido bajo el embate de los audaces.
¡Sacrifico mi alma en salvaguarda
de la pura alma del Profeta elegido!
Por cierto que soy Al-‘Abbâs y me dispongo a abrevar
Y no temo al mal del día del enfrentamiento.



Cuatro mil hombres le rodearon y le lanzaron flechas para impedirle llegar hasta el agua, pero el bravo de los hashemíes logró llegar hasta el río. Después de varias horas de estar sediento y soportar el combate, la sed se había apoderado de todo su ser. El agua corría bajo las patas del caballo invitando a Al-‘Abbâs a beber. Llenó las palmas de sus manos con agua y las acercó a su boca para beber, pero recordó la sed de Al-Husain (a.s.) y de su familia, por lo que vertió el agua de sus manos y llenó el odre; se lo colocó en su hombro derecho y fustigó su cabalgadura en dirección a las tiendas.
Para que ni siquiera esos cuantos sorbos de agua llegaran al paladar de los niños del Mensajero de Dios (s.a.w.), el ejército enemigo le cerró el camino atacándole desde todas direcciones. Al-‘Abbâs les combatió hasta que uno de los soldados le cortó la mano derecha con la espada.
Al-‘Abbâs resistió y colgó el odre en su hombro izquierdo y a su vez tomó la espada con la mano izquierda y siguió su camino en medio del enemigo, hasta que de repente, un filo golpeó su mano izquierda y también la cortó.

Al-‘Abbâs no se desesperanzó y tomó el odre con sus dientes para hacerlo llegar a las tiendas, pero otra flecha rajó el odre y el agua se derramó en la ardiente tierra de Karbalâ’. Aquí fue cuando Al-‘Abbâs perdió toda esperanza.

Inmediatamente, una flecha le penetró el pecho y le arrojó del caballo, terminando la tarea y dejando a Al-Husain (a.s.) sin su portaestandarte.
Finalmente, uno de los soldados del ejército enemigo atacó el cuerpo malherido de Al-‘Abbâs con una barra de hierro, partiéndole el cráneo. La cabeza de Al-‘Abbâs –así como sucedió con la de su padre ‘Alî, con él sea la paz- se partió. Al-‘Abbâs cayó al suelo mientras clamaba: “¡Oh Abâ ‘Abdil·lâh (Al-Husain)! ¡Oh hermano! ¡Que la paz sea contigo!”.
El Imam (a.s.) llegó hasta donde se encontraba el cuerpo sin manos de su hermano, y al verle martirizado exclamó: “¡Ahora se ha quebrado mi espalda y se me han terminado los recursos!”…
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?»…
«Y pronto sabrán aquéllos que tiranizaron a qué destino se dirigen».

La Tragedia de Karbalâ' - Día 8



Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.


Día 8: La Tragedia de ‘Alî Akbar


en verdad que la tierra y el tiempo no han visto Compañeros más leales que los de Al-Husain (a.s.), personas que mientras estuvieron con vida, no permitieron que la Gente de la Casa del Profeta (s.a.w.) pusiera los pies en el campo de batalla… Pero instantes después de que el último de ellos cayera, llegó el momento de que los jóvenes hashemíes también se dirigieran al degolladero de la pasión.

‘Alî ibn Al-Husain, el hijo del Imam Al-Husain (a.s.), conocido como ‘Alî Akbar, fue el primero de la familia del Imam que requirió permiso para dirigirse al campo de batalla.
Tanto por parte de padre como por parte de madre ‘Alî Akbar (a.s.) se vinculaba a las más nobles personas. Sus padres y abuelos paternos no necesitan ser presentados. Su abuelo materno, ‘Urwah ibn Mas‘ûd az-Zaqafî, fue alguien que alcanzó el martirio en el camino de la difusión de la religión. El Profeta (s.a.w.) le había descrito diciendo: “He visto a ‘Îsa ibn Mariam (Jesús, con él sea la paz), y ‘Urwah ibn Mas‘ûd es quien más se le asemeja”. Asimismo, se contaba entre los cuatro grandes señores de los árabes.
‘Alî Akbar tenía en extremo un buen comportamiento y un bello rostro, y a causa de su gran parecido con el Profeta (s.a.w.), los Compañeros le miraban a él cada vez que extrañaban al Profeta (s.a.w.).
Cierto día, cerca del mediodía, en que la Caravana de Pasión se trasladaba desde La Meca hacia Karbalâ’, hicieron un alto en una morada. Allí, el Imam (a.s.) se sumió en un ligero sueño y luego de unos momentos expresó: “He visto a alguien que clamaba: “¡Estáis marchando y la muerte se mueve tras de vosotros!”. Alî Akbar le dijo al Imam (a.s.): “¡Padre! ¿Acaso no estamos con la verdad?”. El Imam (a.s.) le respondió: “Así es, hijo mío. ¡Juro por Dios que nosotros estamos con la verdad!”. He ahí que ‘Alî Akbar dijo con bravura: “¡Entonces no tenemos miedo de la muerte!”. Al Imam Al-Husain (a.s.) le embargó un sentimiento de beneplácito y expresó: “¡Hijo mío! ¡Que Dios te brinde la mejor recompensa que un padre puede dar a su hijo!”.

En cuanto a la mañana de ‘Ashûrâ’…

El proceder del Imam (a.s.) consistía en que, por compasión y sensibilidad, a quien le requería permiso para dirigirse al campo de batalla, al principio no se lo concedía. Pero esta vez fue diferente. Ni bien ‘Alî Akbar solicitó el permiso, el Imam se lo concedió… Esa fue la tradición del Mensajero de Dios (s.a.w.), quien -a diferencia de otros líderes que mantenían a sus allegados alejados de las batallas- durante las expediciones militares enviaba a la guerra a sus allegados antes que a los demás.
Al-Husain (a.s.) echó una desesperanzada mirada al porte de su bravo hijo y seguidamente bajó su mirada, y lloró…
Luego de que enviara a ‘Alî Akbar al campo de batalla, el Imam (a.s.) elevó su mirada al cielo, y tomándose de la barba, dirigió a Dios la siguiente letanía: “¡Dios mío! Sé testigo que se ha dirigido a combatir a esa gente un joven que es el más parecido entre la gente, tanto en constitución como en carácter y habla, a Tu Mensajero, de modo que cada vez que extrañábamos al Mensajero mirábamos su rostro”.
Entonces recitó esta aleya: «Ciertamente que Dios eligió a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la familia de ‘Imrân por sobre los seres del universo; descendencias unas de otras. En verdad que Dios es el que escucha, el Sabio».
‘Alî Akbar galopó hacia el ejército enemigo recitando versos de batalla y derribó numerosos soldados de Iazîd.


Poco a poco, la sed y las diversas heridas hicieron que el ardor y fuerzas de ‘Alî Akbar flaquearan, y uno de los enemigos logró descargarle un golpe sobre la cabeza. La sangre cubrió su rostro y le derribó. ‘Alî Akbar rodeó con sus manos el cuello de su caballo aferrándose para no caer al suelo, pero por la aglomeración del enemigo, en vez de llevarle de regreso a las tiendas, el caballo le condujo al corazón del ejército enemigo. Los sanguinarios soldados de Iazîd rodearon el caballo y asestaron golpes de espada a su cuerpo desde todas direcciones, de modo que, según se ha trasmitido, le destrozaron en pedazos.
Fue en esa situación que ‘Alî Akbar se dirigió a su padre clamando: “¡Oh padre! ¡Contigo sea la paz! ¡He aquí a mi abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.) que ha venido a mi lado y me hace beber de una copa llena de agua…!”.

El Imam (a.s.) rápidamente llegó hasta donde se encontraba su cuerpo. Puso su cara junto a la suya y dijo: “¡Que el mundo se desvanezca después de ti!”.
Según la Ziârah o salutación de visita transmitida del Imam as-Sâdiq (a.s.), en ese momento el Imam Al-Husain lanzó al cielo un puñado de su sangre y lo sorprendente es que ni una gota retornó al suelo…
Al observar esta escena, Zainab salió presurosa de la tienda mientras clamaba: “¡Oh hermano! ¡Oh hijo de mi hermano!”, y se lanzó sobre el cuerpo de ‘Alî Akbar. El Imam (a.s.) la tomó haciéndola volver a las tiendas y dijo a los jóvenes: “¡Coged a vuestro hermano y llevadle a las tiendas!”…
Así es. El Imam llevó él mismo los cuerpos de todos los mártires a las tiendas, a excepción de dos, por cuyo martirio sintió que se quebraba: su hijo ‘Alî Akbar y su hermano Abûl Fadl Al-‘Abbâs, con ambos sea la paz…
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?»…
«Y pronto sabrán aquellos que tiranizaron a qué destino se dirigen».

3.12.11

Sobre el Imam Husein




Por el Sheij Abdul Karim Paz

En el Nombre del Altísimo
Sobre el Imam Husein, el nieto del Profeta Muhammad, la bendición de Dios sea con él y su Familia Purificada


Estamos en estos días en el mes de muharram, el primer mes del calendario lunar islámico del año 1433 de la emigración del Profeta Muhammad, de la Meca natal a la ciudad de Medina, donde fundaría el primer estado en base a la revelación del Todopoderoso, el Reino de Dios en la tierra (y no solo en la tierra), pre aunciado por Jesús, la paz sea con él, en su buena nueva evangélica[1].

El profeta Muhammad, para quienes no lo saben, es descendiente del gran profeta Abraham, por línea de su primogénito, Isamel, la paz sea con todos ellos, y en él se cumplió la promesa que aún se puede leer en la versión actual del Génesis, cuando afirma Dios que bendecirá a la descendencia de Abraham e Ismael y sobrevendrá de ella una gran Nación: La Nación del Islam. ¿Cuál si no esa puede ser la gran promesa de una nación monoteísta que Dios hiciera a Moisés en el Génesis? Pues, negar que en la Nación del Islam se ha manifestado la continuidad del mensaje abrahamico y suponer que habrá de surgir otra nación en el futuro es forzar las cosas para no aceptar la evidencia de que el Islam encarna esa nación heredera espiritual del monoteísmo del gran patriarca bíblico.

En el curso de los veintitrés años de su misión profética, Muhammad, restituyó el monoteísmo abrahámico en toda la península arábiga.

A la muerte del profeta, el estado se hallaba en expansión hacia los imperios vecinos a cuyos líderes el profeta en vida les había escrito, invitándolos a adorar al Dios Único y a abandonar las practicas opresivas, y esclavizantes de sus súbidtos. Como era de esperar los poderes arrogantes de la época no hicieron caso al profeta aunque miraban con recelo al rápido crecimiento de una nación hasta ayer inexistente y marginada, la de los árabes del interior de la península.

Roma de Oriente o Bizancio, Egipto, Etiopía, Irán, no tardarían en sucumbir ante el impresionante avance de esta nueva civilización del Islam.

Pero habiendo fallecido el Profeta, las luchas por la sucesión y el ascenso del poder Omeya, el clan archienemigo del Profeta, desnaturalizaron en parte, el espíritu del Islam naciente. Entre quienes se alzaron para mantener viva la llama profética y para no permitir que la tiranía Omeya termine por destruir completamente al espíritu profético del Sagrado Corán, se encuentra el gran líder e Imam, nieto del profeta, llamado Husein, hijo de Ali y de Fátima, el yerno e hija respectivamente del Profeta Muhammad, la paz sea con todos ellos.

El califato de Ali (la paz sea con él), recién fue reconocido luego de una centuria, en el período abasida, ya que durante los primeros cien años de reinado omeya, Ali, no solo fue martirizado, sino que el régimen monárquico omeya decretó oficialmente, la obligación de maldecirlo públicamente en los púlpitos de las mezquitas y perseguir ferozmente a sus seguidores, para vengar las derrotas sufridas en tiempos del profeta, cuando la justicia del Estado Islámico acabó con todos sus ilícitos privilegios aristocráticos.

Los Omeyas que habían encabezado las fuerzas idólatras enemigas del Islam y liderado todas las guerras contra el profeta y los musulmanes y que fueran perdonados por el profeta, una vez que éste los venciera definitivamente en el año décimo de la emigración (632 dC), en una muestra de su misericordia para con sus enemigos, lejos de estar a la altura de la benevolencia profética, urdieron todo tipo de complots, para luego de unos años volver a hacerse del poder, logrando metamorfosear a su antojo, el gran legado del Islam profético.

No solo el Cristianismo sería afectado por la hegemonía romana, archienemiga de Jesús y los primeros cristianos, intentando desnaturalizar su contenido profético para convertirlo en un instrumento para su cohesión y expansión política, sino que en el seno del mensaje profético islámico, también, los poderes establecidos de la época, en el caso del Islam, los Omeyas, intentarían vestir sus pretensiones hegemónicas del nuevo ropaje religioso.

Así como lo hicieran su padre y hermano, el Imam Ali y el Imam Hasan, la paz de Dios sea con ambos, todos ellos conocidos como Ahlul Bait, o gente de la Casa, o Familia del Profeta, el Imam Husein, con su martirio y el de su familia, volvieron imposible el siniestro plan de transformar al Islam en una nueva herramienta de opresión en lugar de su naturaleza salvadora y redentora de los oprimidos.

Los Imames y la hija del profeta, Fátima Zahrá, la paz sea con ellos, conforman la Familia del Profeta, a quien Dios en el Sagrado Corán exhorta a amar y obedecer para ser guiados por Dios:

"Di, oh Profeta, no os pido recompensa a cambio (de mi misión), sino el amor a mi Familia" (S.C. 42:23 )

En la concepción coránica e Islámica, la revelación hecha al profeta, es la última revelación a la humanidad, y por lo tanto, Dios afirma en el Sagrado Corán que no permitirá que se desvirtúe Su mensaje. Dice textualmente: "Ciertamente nosotros hemos hecho descender la revelación y ciertamente nosotros la custodiamos." (S.C. 15:9)

El Imam Husein, la paz sea con él, con su martirio, el de su familia y sus fieles compañeros ante las numerosas fuerzas mercenarias del tirano Iazid, evitaron que el Islam se deformara bajo la conducción de un corrupto que tenía la desfachatez de no ocultar sus pecado y sus lujurias, como el tener relaciones sexuales con quienes habían sido esposas de su padre, Muawia, con sus hermanas, el emborracharse, el jugar con monos y perros, el reunirse con ladrones y matones y el abjurar de la fe islámica en público componiendo poesías en las que negaba abiertamente que hubiese habido una revelación o que Muhammad fuera Mensajero de Dios.

La corrupción de este hombre llegó a tal punto que la gente de Medina le retiró su apoyo por corrupto y por temor a ser castigados por Dios si continuaban apoyando a semejante personaje. Esa rebeldía les costaría la masacre histórica conocida como la matanza de Harrah, en una de las entradas a Medina, donde el ejército de Iazid, asesinó, según el historiador Ibn Qutaiba, a unas diez mil personas, entre los cuales se hallaban más de mil setecientos compañeros del Profeta y ochenta memorizadores del Sagrado Corán. Luego de la matanza, autorizó a sus soldados a saquear y violar a las mujeres por el espacio de tres días cuanto quisieran.

No satisfecho con todas estas matanzas, se dispuso a atacar a la Meca y la sitió, arrojando con catapultas, bolas de fuego hacia la Kaaba, el templo de Dios. Gracias a Dios no llegó a completar esta siniestra obra porque murió durante ese sitio y la noticia de su muerte llegada desde Damasco paralizó la ofensiva. Sin embargo en Arabia Saudita se publique un libro defendiendo a Iazid y bajo el título de "Iazid, el Príncipe de los creyentes" (!)

Iazid pretendió obligar bajo amenaza de muerte al Imam Husein. Este, a diferencia de Iazid, era el auténtico califa por orden de Dios y del profeta, luego de su hermano, el Imam Hasan, la paz sea con él, también martirizado por Muawia a través del veneno de su esposa, sobornada por Muawia mediante una suma de dinero y promesa de esposarla con su hijo Iazid, promesa que luego no cumplió. Pero el Imam Husein, la paz sea con él, dijo: "el Islam ha de desaparecer si avalo el gobierno de alguien como Iazid."

La metamorfosis que supo imponer el imperio romano al Cristianismo, no fue posible con el Islam, debido a la sangre del Imam Husein, que quedó como un ejemplo de libertad para la posteridad. El Imam luchó con setenta hombres y su familia ante un ejército de miles de hombres que le cortaron el agua por tres días en el desierto para debilitarlo antes de comenzar a atacarlos y asesinarlos. El supuesto ejército musulmán del supuesto califa Iazid no reparó en asesinar al hijo del Imam Husein, Ali Asgar de seis meses de edad -luego de no permitirle beber agua por tres días-, de un flechazo de tres puntas en la garganta cuando su padre lo alzaba en sus brazos mostrándolo a los soldados, pidiendo misericordia para él y diciendo que si tenían algo contra él, que dejen al bebé vivir y beber agua al igual que a las mujeres.

Así cambiaban la naturaleza de una religión profética esa horda de asesinos, que se decían musulmanes y que obedecían a un borracho como califa y sucesor del profeta de Dios.. También pasó lo mismo cuando en el nombre de Cristo se saquearon continentes y se sigue saqueando hoy en día el petróleo de otros países, por parte de una minoría opulenta, sumiendo a sus habitantes en la miseria para enajenarse en un lujo infernal. O en nombre del judaísmo se roba el territorio del pueblo palestino, se expulsa a su pueblo, se lo ultraja cuando en el Génesis, en el que pretenden basar su robo, prohíbe expresamente en sus mandamientos fundamentales el matar y robar. Gracias a Dios, siempre hubo y habrá judíos, cristianos y musulmanes que sinceramente siguen las enseñanzas de Moisés, Jesús y Muhammad, la bendición de Dios sea con todos ellos, y con ellos y otros hombres de buena voluntad, radica la esperanza de justicia en este mundo. Ellos constituyen la prueba para desenmascarar a los pseudo religiosos.

El aniversario del martirio del Imam Husein (P), moviliza a millones en el mundo islámico como fuente inagotable y milagrosa que inspira a todos los combatientes y perseverantes contra las agresiones sufridas a diario por el Imperio y su falsa versión de la religión.


Nota:

[1] Los musulmanes no creemos que Jesús, la paz sea con él, se limitase a anunciar la buena nueva de un mundo celestial, pleno de amor y de justicia, sin imperialismo opresor meramente en la otra vida, pues entonces, la vida en este mundo carecería de sentido y nada de lo que Dios crea carece de sentido.

fuente:islammdo.blogspot.com

La Tragedia de Karbalâ' - Día 7



Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.


Día 7: La Tragedia de ‘Alî Asgar


se acercaban los momentos más amargos de la historia. La totalidad de los auxiliares y compañeros del Imam Al-Husain (a.s.) ya se habían dirigido al campo de batalla y habían sido martirizados. En el campamento de la verdad sólo quedaban dos hombres: Aba ‘Abdil·lâh Al-Husain, y ‘Alî Zain Al-‘Abidîn, quien por voluntad divina permanecería con vida tras el suceso de Karbalâ’ y asumiría el liderazgo de la comunidad luego del Imam Al-Husain (a.s.), porque el día de Ashûrâ’ se hallaba sumamente enfermo, al punto de no poder ponerse de pie y presentarse en el campo de batalla.

Al verse sólo y sin nadie que le auxilie, el Imam (a.s.), para dejar completamente en claro el asunto y no quedaran excusas, gritó: “¿Acaso hay alguien que defienda la santidad del Mensajero de Dios (s.a.w.)? ¿Acaso hay algún monoteísta que tema a Dios y nos defienda? ¿Acaso hay algún auxiliador que procure a Dios auxiliándonos? ¿Acaso hay alguien que nos asista procurando lo que hay ante Dios?”.
La voz del Imam requiriendo ayuda llegó a las tiendas y las mujeres entendieron que Al-Husain ya no tenía quien le asistiera, por lo que sus voces se elevaron en llantos y lamentos. El Imam (a.s.) se dirigió a las tiendas para que tal vez al verlo las mujeres se calmaran un poco, cuando de pronto escuchó a su hijo de seis meses ‘Abdul·lâh ibn Al-Husain -conocido como ‘Alî Asgar- llorando por la intensidad de la sed.
‘Alî Asgar era un pequeño bebé y no había agua en las tiendas para calmar su sed, ni tampoco su madre Rabâb tenía ya leche para amamantarle.
El Imam tomó a ‘Alî Asgar envuelto en su mantilla y se dirigió hacia el enemigo; se detuvo frente al ejército de Iazîd y dijo: “¡Oh gentes! ¡Si no tenéis ninguna compasión por mí, tened misericordia de este niño…!”.

Pero era como si la semilla de la misericordia no hubiera sido diseminada en sus corazones de piedra y toda la ignominia del mundo fluyera en lo más profundo de su ser, ya que en lugar de ofrecer un odre de agua al hijo del Mensajero de Dios (s.a.w.), uno de los arqueros del clan de los Banî Asad -que según se dice se llamaba Harmalah ibn Kâhil- colocó una flecha en el arco y apuntó a la garganta del niño, y de pronto las manos y pecho del Imam se tiñeron de sangre… La pequeña cabeza y frágil garganta del pequeño lactante se separaron de su cuerpo…








El Imam (a.s.) empapó sus manos con la sangre de ‘Alî Asgar y la esparció hacia el cielo diciendo: “Lo que me facilita poder soportar todo esto es que Dios está observando”. En ese momento Hassîn ibn Tamîm lanzó otra flecha que rozó los benditos labios del Imam (a.s.) y fluyó sangre por su boca. El Imam volteó hacia el cielo y expresó la siguiente letanía: “¡Dios mío! Me quejo ante Ti de lo que hacen conmigo y con mis hermanos, hijos y cercanos”
Entonces se alejó del ejército enemigo y con su espada cavó una pequeña tumba. El cuerpo de ‘Alî estaba impregnado de sangre y Al-Husain le rezó y sepultó su pequeño cuerpo…
Según las fuentes históricas, el martirio de ‘Alî Asgar -con él sea la paz- fue una de las tragedias más duras y trágicas por las que tuvo que atravesar el Imam. ‘Aqabah ibn Bashîr Al-Asadî narró que: “El Imam Al-Bâqir (a.s.) me dijo: “¡Vosotros los del clan de Banî Asad tenéis una deuda de sangre con nosotros!”, y luego me relató la historia del degollamiento de ‘Alî Asgar.”
Asimismo se narra que luego del levantamiento de Al-Mujtâr ibn Abî ‘Ubaidah az-Zaqafî, cuando le hicieron llegar al Imam Zain Al-‘Abidîn (a.s.) las noticias sobre que los asesinos de Karbalâ’ fueron objeto de venganza, el Imam preguntó: “¿Qué sucedió con Harmalah?”, lo cual demuestra cómo permaneció ese enardecimiento en los corazones de Ahl-ul Bait (a.s.)…
Ese enardecimiento también se encuentra en nuestros corazones así como en los corazones dotados de humanidad, hasta que llegue la época del Levantamiento del Mahdî de la Familia de Muhammad (s.a.w.) y tome venganza de los tiranos…
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?»…
«Y pronto sabrán aquellos que tiranizaron a qué destino se dirigen».

La Tragedia de Karbalâ' - Día 7



Preparado por: La Asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.)
y el Instituto de Cultura y Ciencias del Islam “Al-Gadîr”.


Día 7: La Tragedia de ‘Alî Asgar


se acercaban los momentos más amargos de la historia. La totalidad de los auxiliares y compañeros del Imam Al-Husain (a.s.) ya se habían dirigido al campo de batalla y habían sido martirizados. En el campamento de la verdad sólo quedaban dos hombres: Aba ‘Abdil·lâh Al-Husain, y ‘Alî Zain Al-‘Abidîn, quien por voluntad divina permanecería con vida tras el suceso de Karbalâ’ y asumiría el liderazgo de la comunidad luego del Imam Al-Husain (a.s.), porque el día de Ashûrâ’ se hallaba sumamente enfermo, al punto de no poder ponerse de pie y presentarse en el campo de batalla.

Al verse sólo y sin nadie que le auxilie, el Imam (a.s.), para dejar completamente en claro el asunto y no quedaran excusas, gritó: “¿Acaso hay alguien que defienda la santidad del Mensajero de Dios (s.a.w.)? ¿Acaso hay algún monoteísta que tema a Dios y nos defienda? ¿Acaso hay algún auxiliador que procure a Dios auxiliándonos? ¿Acaso hay alguien que nos asista procurando lo que hay ante Dios?”.
La voz del Imam requiriendo ayuda llegó a las tiendas y las mujeres entendieron que Al-Husain ya no tenía quien le asistiera, por lo que sus voces se elevaron en llantos y lamentos. El Imam (a.s.) se dirigió a las tiendas para que tal vez al verlo las mujeres se calmaran un poco, cuando de pronto escuchó a su hijo de seis meses ‘Abdul·lâh ibn Al-Husain -conocido como ‘Alî Asgar- llorando por la intensidad de la sed.
‘Alî Asgar era un pequeño bebé y no había agua en las tiendas para calmar su sed, ni tampoco su madre Rabâb tenía ya leche para amamantarle.
El Imam tomó a ‘Alî Asgar envuelto en su mantilla y se dirigió hacia el enemigo; se detuvo frente al ejército de Iazîd y dijo: “¡Oh gentes! ¡Si no tenéis ninguna compasión por mí, tened misericordia de este niño…!”.

Pero era como si la semilla de la misericordia no hubiera sido diseminada en sus corazones de piedra y toda la ignominia del mundo fluyera en lo más profundo de su ser, ya que en lugar de ofrecer un odre de agua al hijo del Mensajero de Dios (s.a.w.), uno de los arqueros del clan de los Banî Asad -que según se dice se llamaba Harmalah ibn Kâhil- colocó una flecha en el arco y apuntó a la garganta del niño, y de pronto las manos y pecho del Imam se tiñeron de sangre… La pequeña cabeza y frágil garganta del pequeño lactante se separaron de su cuerpo…








El Imam (a.s.) empapó sus manos con la sangre de ‘Alî Asgar y la esparció hacia el cielo diciendo: “Lo que me facilita poder soportar todo esto es que Dios está observando”. En ese momento Hassîn ibn Tamîm lanzó otra flecha que rozó los benditos labios del Imam (a.s.) y fluyó sangre por su boca. El Imam volteó hacia el cielo y expresó la siguiente letanía: “¡Dios mío! Me quejo ante Ti de lo que hacen conmigo y con mis hermanos, hijos y cercanos”
Entonces se alejó del ejército enemigo y con su espada cavó una pequeña tumba. El cuerpo de ‘Alî estaba impregnado de sangre y Al-Husain le rezó y sepultó su pequeño cuerpo…
Según las fuentes históricas, el martirio de ‘Alî Asgar -con él sea la paz- fue una de las tragedias más duras y trágicas por las que tuvo que atravesar el Imam. ‘Aqabah ibn Bashîr Al-Asadî narró que: “El Imam Al-Bâqir (a.s.) me dijo: “¡Vosotros los del clan de Banî Asad tenéis una deuda de sangre con nosotros!”, y luego me relató la historia del degollamiento de ‘Alî Asgar.”
Asimismo se narra que luego del levantamiento de Al-Mujtâr ibn Abî ‘Ubaidah az-Zaqafî, cuando le hicieron llegar al Imam Zain Al-‘Abidîn (a.s.) las noticias sobre que los asesinos de Karbalâ’ fueron objeto de venganza, el Imam preguntó: “¿Qué sucedió con Harmalah?”, lo cual demuestra cómo permaneció ese enardecimiento en los corazones de Ahl-ul Bait (a.s.)…
Ese enardecimiento también se encuentra en nuestros corazones así como en los corazones dotados de humanidad, hasta que llegue la época del Levantamiento del Mahdî de la Familia de Muhammad (s.a.w.) y tome venganza de los tiranos…
«¿Acaso no es así que la maldición de Dios recae sobre la gente opresora?»…
«Y pronto sabrán aquellos que tiranizaron a qué destino se dirigen».