El ayuno no es un acto, sino el abandono de un acto (tark)
fuente:webislam.com
Ibn Arabi
Sabe, que Allâh te proteja, que el ayuno es la abstinencia (imsâk) y la
exaltación (rif´a). En árabe decimos que el día “ayuna” (samâ) cuando
culmina. Imru-l-Qays
i
ha dicho en uno de sus poemas: “Cuando el día se aleja y ayuna” es
decir, “cuando culmina”. Se ha llamado al ayuno así porque su grado es
superior al de cualquier obra de adoración. Él lo ha elevado - Gloria a
Su Transcendencia- negando todo parecido entre el ayuno y esas obras,
aunque nosotros nos obstinemos en mantener lo contrario. Además, lo ha
substraído de Sus servidores, restituyéndoselo a Sí Mismo. Ha colocado
en Su propia Mano la recompensa de aquel que lo realiza, haciéndola
Suya. Ha vinculado el ayuno a Sí Mismo, negándole todo parecido con
cualquier otra cosa.
El ayuno no es un acto, sino el abandono de un acto (tark). La negación
de todo parecido con cualquier otra cosa en sí misma, un atributo
negativo, lo que refuerza la analogía entre el ayuno y Allâh. El
Altísimo ha dicho de Sí Mismo: “Nada se le parece” (Cor. XLII, 11). Ha
negado así la posibilidad de que exista algo que se Le parezca o con lo
que pueda comparárseLe. Nasâ´î
ii
transmite el siguiente relato de Abû Umâma: “Me acerqué al Enviado de
Allâh – que Allâh derrame sobre él su Gracia Unitiva y su Paz-, y le
dije: `Dame una orden que reciba directamente de ti´. Me respondió:
`Ayuna, porque el ayuno no tiene nada que se le parezca´”.De esa forma
negó que el ayuno pudiera ser comparado con cualquier obra de las que
Dios ha prescrito a Sus servidores.
Aquel que sabe que el ayuno es un atributo negativo –puesto que
consiste precisamente en abstenerse de las cosas que podrían romperlo-
sabe con certeza que no existe nada similar o con lo que se le pueda
comparar. En efecto, el ayuno no tiene una esencia propia que sea
susceptible de revestir una cualificación de realidad (wujûd)
inteligible para nosotros. Por esa razón, Allâh el Altísimo ha dicho
también: “El ayuno Me pertenece”. No se trata, en realidad, ni de una
obra de adoración ni de un acto (`amal). El uso de la expresión “acto”
comporta una cierta impropiedad; lo mismo sucede con el término
“existente” (mawjûd) aplicado a Dios, tal y como la inteligencia humana
comprende dicho término
iii. En efecto, su realidad sostiene su Esencia (dhâtuhu) y no puede serLe atribuido de la misma manera que a nosotros.
Aparece en la Compilación de Muslim
iv esta frase del Profeta – sobre él la Gracia Unitiva y la Paz divina-, transmitida por Abû Hurayra
v:
“Allâh –Glorificado y Magnificado sea- ha dicho: `Todos los actos del
hijo de Adán le pertenecen, con excepción del ayuno, porque éste Me
pertenece y soy Yo quien lo recompenso. El ayuno es un escudo. Si alguno
de vosotros está ayunando, que se abstenga ese día de conversaciones
banales y de gritos. Si alguien le insulta o se le enfrenta, que le
diga: `Soy un hombre que ayuna, estoy ayunando´. ¡Por Aquel cuya Mano
sostiene el alma de Muhammad, en verdad el aliento que sale de la boca
de aquel que se encuentra ayunando será más perfumado por Allâh el Día
de la Resurrección que el perfume del almizcle! Al ayunante le
corresponden dos motivos de dicha: cuando rompe su ayuno, la dicha que
provoca la ruptura (bi fitrihi) y cuando se reencuentra con su Señor –
que sea glorificado y magnificado-, la dicha que le provoca su ayuno (bi
sawmihi)”
Haz de saber que el ayunante reencuentra a su Señor en medio de la
cualificación “nada se Le parece”: por una parte, el Enviado ha negado
toda comparación posible con el ayuno – según el hadîth de Nsaâ´i que
hemos citado antes-, y por otra (según eso que el Corán dice) de Dios,
“nada se Le parece”. Por tanto, Le ve por Él mismo; Dios es a la vez
“Aquel que ve” y “Aquel que es visto”. Por esta razón el Enviado ha
dicho: “la dicha que le provoca su ayuno” , y no: “la dicha que le
provoca su reencuentro con su Señor”, ya que la dicha no se regocija de
ella misma, sino que es ella la razón por la que se experimenta ese
gozo. Aquel de quien Dios es la mirada cuando él Le ve y Le contempla,
no se ve a sí mismo (nafsahu) más que por Su mirada: la dicha del
ayunante sostiene su vínculo hasta el grado de la “no-similitud”
vi.
Aquí abajo, por el contrario, el ayunante se regocija de la ruptura
(fitr), como corresponde a su alma animal que, por su misma
constitución, reclama el alimento. Cuando el gnóstico ve esta necesidad
que tiene su alma animal y vegetativa, con qué generosidad se le otorga
comida, y que es un derecho suyo del que Allâh le ha puesto a cargo, él
cumple esta función en virtud de una cualidad divina, dado por la Mano
de Allâh, del mismo modo que ve a Dios por el Ojo de Allâh cuando tiene
lugar el reencuentro con Él. Por esta razón se regocija de su ruptura
vii del mismo modo que se regocijaba de su ayuno cuando tuvo lugar el Reencuentro.
El ayuno se atribuye al servidor que merece de este modo el nombre de
“ayunante”. Seguidamente, a pesar de esta atestación, Dios se le
atribuye a Sí mismo, diciendo “… excepto el ayuno, pues éste Me
pertenece sólo a Mí”; es, pues, como si dijera: “el Atributo as-Samad,
que indica independencia (tanzîh) al respecto del alimento, sólo Me
pertenece a Mí; si Yo te lo atribuyo, esto expresa únicamente un aspecto
condicionado de la trascendencia (tanzîh), no a la Trascendencia
absoluta que no conviene más que a Mi Majestad”. Allâh mismo es la
Recompensa del ayuno cuando el ayunante retorna a su Señor y Le
reencuentra con la cualificación “nada se Le parece”, es decir, con el
ayuno. En efecto, como ha precisado Abû Tâlib al-Makki
viii, uno de los maestros de las “Gentes del Gusto iniciático” (ahl adh-Dhawq
ix),
sólo “aquel a quien nada se le parece” puede ver a “Aquel a quien nada
se le parece”. “La Recompensa de aquel a quien se le encuentre en su
saco la copa, será Él mismo”
x. ¡Qué adecuado resulta este versículo para esta ocasión!
La frase del Profeta continúa con estas palabras: “y el ayuno es un
escudo (junna)”, es decir, una protección (wiqâya), como en Su frase:
“Tened el temor piadoso de Allâh”, es decir, “tomadLe como salvaguardia y
sed igualmente una salvaguardia para Él”
xi.
Él ha otorgado al ayuno la misma función protectora de “nada se Le
parece”, ya que el ayuno no tiene ninguna obra de adoración “que se le
parezca”. Sin embargo, no se dice “ninguna cosa se la parece”
xii
por que la “cosa” es una realidad arquetípica (thubûtî) o actual
(wujûdî), mientras que el ayuno es un abandono, es decir, un concepto
desprovisto de realidad (´adamî) y un atributo puramente negativo. Se
dice entonces que “nada se Le parece”, no que “no hay cosa alguna que se
le parezca”. Ese es el matiz que alude a la “no-similitud” según se
trate de un carácter divino o un atributo del ayuno.
Seguidamente, el Legislador enuncia en contra del ayunante una
prohibición que marca un abandono y una cualificación negativa,
diciendo: “que se abstenga de conversaciones banales y de gritos”. No ha
ordenado un acto, sino que ha prohibido que se realicen ciertos actos.
Como el ayuno es una abstención, hay una relación significativa entre él
y lo que le está prohibido al ayunante.
Después, ha ordenado a este último decir a quien le insulta o se
enfrenta a él: “Estoy ayunando”, es decir: “en un estado en el que
renuncio a ese acto que tú, que te enfrentas a mi y me injurias, has
realizado”. Bajo la Orden de su Señor, se eleva (nazzaha) por encima de
la réplica y anuncia que renuncia a ella, es decir, que renuncia a
insultar y a la voluntad de combatir.
Ha dicho después: “Por Aquel cuya Mano sostiene el alma de Muhammad…”,
fórmula que Él utiliza como juramento, “…en verdad el aliento que sale
de la boca de aquel que se encuentra ayunando…”, es decir, la alteración
del olor de su boca, algo que aparece únicamente por la expiración
(tannaffus)
xiii,
en este caso la que el ayunante acabada de emitir mediante la expresión
“soy ayunante”, y que se le ha ordenado proferir. Esta expresión, y del
mismo modo todo soplo que emane del ayunante, “será más perfumado el
Día de la Resurrección…”, es decir “el día en el que los hombres estarán
de pie ante el señor de los Mundos” (Cor. LXXXIII, 6) “… para Allâh…”:
ha empleado el Nombre sintético cualificado por todos los Nombres
divinos. Se trata del Nombre que no tiene similar
xiv,
ya que nadie a excepción de Allâh puede llevarlo. Corresponde por tanto
al ayuno, que tampoco “tiene nada que se le parezca”. Con la expresión
“…que el perfume del amizcle…”, se está refiriendo a una cosa real que
percibe quien la huele y que disfruta todo aquel que tenga una
naturaleza sana y equilibrada. Sin embargo, el aliento del ayunante es
aún mucho más perfumado para Allâh. Él percibe los olores de forma
distinta a quie los percibe por medio de los sentidos. Lo que es para
nosotros un mal aliento, es para Él un olor aún más perfumado que el del
almizcle, ya que emana de un ser que no tiene “nada que se le parezca”.
No es lo mismo un perfume que el otro. El que procede del ayunante lo
exhala su respiración (tanaffus), mientras que el procede del almizcle
no lo exhala la respiración del almizcle.
Experimenté un acontecimiento de orden espiritual (wâqi´a) a este respecto. Me encontraba en el Harâm
xv
de La Meca, en el alminar situado en la puerta al-Hazwara, junto a Musa
b. Muhammad al-Qabbâb, que hacía la llamada a la plegaria ritual. Él
había traído consigo unos alimentos que despedían un olor pestilente que
incomodaba a todos los que olían. Yo conocía la enseñanza profética
según la que “los ángeles se sienten incómodos con lo mismo que incomoda
a los hijos de Adán”, y como el Legislador prohibió que se entrara a
las mezquitas con olor a ajo, cebolla o puerro. Me acosté. Decidido a
pedirle a ese hombre que retirara esos alimentos de la mezquita, a
causada de la presencia de los ángeles. Durante la noche, vi a Dios
Altísimo en un sueño. En él me decía: “No le comentes a ese hombre nada
acerca de esos alimentos, pues su olor no es para Mi lo mismo que es
para vosotros”. A la mañana siguiente, el hombre acudió a mi como era su
costumbre y yo le conté todo lo ocurrido. Entonces rompió a llorar y se
prosternó ante Allâh para manifestar su agradecimiento, diciéndome
después: “Señor mío, a pesar de todo, es preferible respetar las
conveniencias de la Ley sagrada”. Y sacó esa comida de la mezquita: que
Allâh tenga misericordia de él. Todas las naturalezas sanas, ya se trate
de hombres o de ángeles, se sienten incómodas por una sensación que no
les conviene y rechazan los olores desagradables. Sólo Allâh puede
percibir el Rostro divino (wajh al-Haqq) que estos encierran. También
pueden hacerlo algunos animales, que se acostumbran a ellos, así como
los hombres cuya naturaleza tenga alguna afinidad con la de los
animales, pero en ningún caso los ángeles. Por esa razón el Enviado ha
dicho “para Allàh”, ya que al hombre cuya naturaleza es sana también le
repugna el aliento del ayunante, tanto si es él mismo como si procede de
los otros
xvi.
De manera figurada, la Ley sagrada ha atribuido al ayuno la perfección
suprema, transmitiéndonos que Dios le ha reservado en el Paraíso una
puerta especial a la que ha dado un nombre que alude a la perfección.
Los ayunantes entran, en efecto, por una puerta llamada ar-Rayyân,
siendo que ar-rayy
xvii. Muslim nos ha hecho llegar el siguiente hadith, transmitido por Sahl b. Sa´d
xviii:
“El Enviado de Allâh ha dicho: `En el Paraíso hay una puerta llamada
ar-Rayyân, por la que entrarán los ayunantes el día de la Resurrección.
Nadie más entrará por ella. Ese día se dirá: `¿Dónde están los
ayunantes, para que entren por esta puerta?´ Una vez que el último de
ellos haya entrado, será cerrada y nadie más podrá entrar jamás por
ella”.No se ha dicho esto para ninguna otra obra que haya sido ordenada o
prohibida, salvo para el ayuno. La mención de ar-Rayyân muestra
claramente que los ayunantes alcanzan la perfección en el dominio de las
obras de adoración: han sido cualificados, como ya hemos dicho, por eso
que no tiene comparación, y lo que no tiene comparación es perfecto.
Aquellos gnósticos que se cuenten entre los “ayunantes” entran por esa
puerta ya desde este momento, en esta existencia (de forma secreta),
pero en la vida futura lo harán de forma que lo sabrán todas las
criaturas.
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i Célebre poeta de la Arabia pre-islámica.
ii Se trata de Abû `Abd al Rahmân Ahmad ibn
`Alî ibn Shu`ayb al-Nasâ´î, nacido en el 830 A.D. Fue un gran sabio de
su época, especializado en fiqh (Jurisprudencia islámica) y hadîth,
escribió varias obras sobre las virtudes de los Compañeros del Profeta,
especialmente de Àlî, el cuarto de los Califas Perfectos y primer
eslabón tras el Profeta en la práctica total de las cadenas iniciáticas
de las tarîqas. Era conocido en su época por su gran amor al ayuno y a
las mujeres (se le conocen cuatro esposas y un gran número de
concubinas). Murio asesinado en Damasco en el año 915 A.D., se dice que
por su excesivo celo en la defensa de la causa de `Alî.
iii Normalmente decimos “Dios Existe” cuando queremos afirmar que ÉL ES.
iv Se refiere a la obra de Abû-l-Husayn
Muslim ibn al.Hajjâj al-Qushayrî an-Nîsâbûrî, nacido en Nishapur en el
año 820, conocido como el Sahîh (“correcto”), en la que este gran sabio
recogió más de 3000 hadîthes de probada autenticidad.
v Uno de los Compañeros del profeta
Muhammad, célebre por el gran número de hadîthes que transmitió. Se dice
que son 5374 los hadîthes que se le atribuyen. Su nombre significa “el
Padre de la Gatita”, que fue un apodo que el Profeta le puso cuando supo
que le gustaban los gatos. Su verdadero nombre fue `Abd ar-Rahmân ibn
Sajr ad-Dawsi. Estaba dotado de una memoria prodigiosa y se dedicó a
recoger todo lo que oyera decir al Profeta. Para ello lo abandonó todo y
se dedicó a vivir a sus puertas sobre un estrado cubierto al que se
llamaba Suffa, una de las etimologías que se ha dado a la palabra sufí.
Según la tradición, llegó a tener más de ochenta discípulos.
vi Se trata, en este caso, de una beatitud
divina realizada por el ayuno y, como en el caso de la “Mirada”, de un
símbolo que de la Identidad Suprema.
vii Recordamos que se está hablando aquí del gnóstico, y no del simple ayunante.
viii Se trata de Abû Muhammad ibn`Alî,
conocido como Abû Tâlib al-Makkî. Fue un famosísimo sufí nacido en
`Irâq, shaykh de la tarîqa Salîmiyya (fundada por Ibn Sâlim, discípulo
de Sahl al-alTustarî, otro célebre sufí del s. IX) y autor de la obra
titulada Qût al-qulûb (“El alimento de los corazones”). Murió en Bagdad
en el año 998-9
ix Según al-Jurjânî, “según la terminología
del Conocimiento de Dios (ma`rifa), esta expresión designa una luz
cognoscible que proyecta la Verdad, mediante Su teofanía (tajallî), en
el corazón de los santos, y gracias a la que distinguen lo verdadero de
los falso, sin que esta iluminación proceda de un conocimiento exterior,
teórico o libresco”. V. al-Jurjânî, Kitâb al-Ta`rîfât, trad., intr. y
notas de Gloto, Tehran, 1994, p. 202.
x Alusión a Cor. XII, 75. Sobre el sentido iniciático de este pasaje, cf. infra, texto 3.
xi La noción de taqwa o “temor piadoso” de
Allâh, es interpretada aquí en un sentido iniciático, en alusión al
significado de su raíz. La primera modalidad contemplada se refiere a la
realización metafísica y la “exaltación” operada por el ayuno, que es
una salvaguardia contra toda forma de “asociación” a la Realidad divina,
la segunda se refiere a la Función divina que el ayunante
“salvaguarda”, principalmente en el ayuno público y comunitario del mes
de Ramadân.
xii Literalmente, en árabe: “no hay, como su parecido, cosa alguna”.
xiii Este término significa literalmente
“respiración”, pero en este contexto no puede tratarse más que una
expiración. El vínculo establecido por Ibn`Arabî entre esta indicación y
la siguiente sugiere la idea de un “alivio” para aquel que escapa al
dominio de las “reacciones cósmicas”. Además, el término tanaffus puede
tomar aquí también el sentido de “suspiro de alivio”.
xiv Esta explicación está relacionada con
la que se dio antes a propósito del ayuno considerado como “escudo”. En
efecto, el “temor piadoso”, de Allâh es aquel por el cual el Nombre
sintético permite resolver las “oposiciones” manifestadas por los Nombre
divinos, algunos de los cuales tienen significados opuestos, como “El
que eleva” y “El que rebaja”, y de “protegerse” de ellos. Cf. Futûhât,
cap. 84.
xv Se trata de la mezquita de La Meca en la que se encuentra la Ka´ba.
xvi A esta frase sucede, en el texto
original, una digresión en la que el shaikh, por escrúpulo, dice ignorar
si el Altísimo ha conferido a otros seres esa facultad que Le es
propia.
xvii Los términos rayy y rayyân expresan
la idea de una “saturación” o “saciedad” en la absorción de líquidos, ya
se trate de una bebida o de la irrigación de las tierras. El término
rayy pertenece a la terminología técnica del sufismo (cf. Futûhât, cap.
250 y 251). En la respuesta a la pregunta n| 116 del Cuestionario de
Tirmidhî, el shaykh al-Akbar indica un aspecto limitativo de ar-rayy:
“La epifanía de la saciedad concierne a aquellos que se encuentran en el
estado de estrechez. La saciedad es el límite de su absorción de la
bebida (iniciática). Las Gentes de la Amplitud divina (sa`a) no se
“sacian” jamás, como Abû Yazîd ha dicho: El hombre (rajul) es aquel que
se ha bebido los océanos y aún tiene sed”.
xviii Uno de los Compañeros del Profeta Muhammad.